Translate

domingo, 2 de septiembre de 2012

Repercusiones psicológicas del Incesto



Algunos autores, como Sigmund Freud, dedicaron parte de su investigación al tabú del incesto. No obstante se encuentran algunas excepciones históricas a la prohibición universal del incesto: Tenemos los casos de las monarquías del Antiguo Egipto (véase, por ejemplo, la biografía de Cleopatra).
Sin embargo existen ciertas culturas y sociedades en las que las relaciones incestuosas son una práctica social común y aceptada. Este es el caso del Tíbet, donde varios hermanos pueden compartir la misma esposa. Sin embargo la mayoría de las legislaciones del mundo consideran (por alguna razón o tabú) el incesto como delito, aunque sea practicado con "consentimiento mutuo" entre mayores de edad. Las sanciones prescritas en este caso oscilan desde el castigo severo hasta el repudio social sin mayores consecuencias para el individuo.
Se puede inferir que uno de los motivos de la prohibición del incesto en las culturas es que los seres humanos que nacen como fruto de una relación incestuosa corren un mayor riesgo de desarrollar problemas físicos relacionados con la tenencia de cargas genéticas paralelas. Así también, otro de los aspectos destacados acerca del origen del tabú del incesto es el relacionado con la alteración de las relaciones sociales o de la armonía social intrafamiliar. Respecto a este punto se entiende que el incesto supone la confusión de los roles sociales e incluso la alteración de las relaciones jerárquicas dentro del grupo (por ejemplo, la ocupación del rol de padre y marido al mismo tiempo).
Adentrándonos en nuestro campo de la psicología, Freud en Tótem Tabú, hace un análisis muy interesante sobre los aborígenes australianos, quienes son considerados como una raza aparte sin relación alguna ni rasgo común con ninguna otra tribu de otras islas o continentes más cercanos. En este artículo de Freud nos describe que sus costumbres no incluyen la construcción de viviendas sólidas, no cultivan la tierra e ignoran el arte de la alfarería. Se alimentan de carne de animales salvajes y de raíces que encuentran a su paso. Viven en grupos pero no tienen ningún jefe y los problemas son resueltos en Asambleas de hombres adultos.
Es difícil atribuirles algún culto que responda a la adoración de algún ser trascendente.
Teniendo en cuenta estas características de su cultura se puede esperar que con respecto a la sexualidad no observen ningún tipo de restricción ni tabú.
Sin embargo, es curioso que en estas tribus imponen una rigurosa prohibición a las relaciones sexuales incestuosas.
Las tribus australianas se dividen en grupos y cada uno de ellos lleva el nombre de un “tótem” que puede ser un animal, una planta o un fenómeno atmosférico, como la lluvia, el cual se relaciona con el grupo.
Este “totem” no es un ícono sino que se encuentra en la realidad y represente el antepasado de ese grupo, encargado de protegerlos de cualquier daño; y todos los individuos que tienen el mismo “tótem” tienen la obligación de respetar su vida, abstenerse de comer su carne o aprovecharse de él en alguna forma. De esta forma la subordinación al “tótem” es sagrada y castigada si no se cumple.
En casi todos los grupos que comparten el mismo “tótem”, sus miembros no deben tener relaciones sexuales ni casarse entre sí. Siendo la violación a esta ley de exogamia vengada por la tribu como si se tratara de un peligro que amenazara a esa comunidad y penalizada con la muerte de ambos amantes.
No obstante, si ambos logran evadir por un tiempo prudencial la persecución, la sanción puede ser dejada de lado. Esta prohibición se extiende a los amores ocasionales que también son considerados merecedores de la pena de muerte.
Si un hombre se casa con una mujer cuyo clan tiene otro tótem, los hijos heredarán el tótem de la mujer, por lo tanto un hijo varón no podrá tener relaciones con su madre ni con su hermana, prohibiendo también al hombre cualquier unión con miembros del mismo grupo, que pueden llegar a tener varias mujeres de otros clanes.
Las hermanas no pueden acercarse ni hablar con sus hermanos y las madres de hijos varones después de la edad de la pubertad tampoco, incluso si deben servirle una comida la ponen a sus pies sin dirigirle la mirada.
La prohibición más extendida y rigurosa es la relación sexual entre yerno y suegra que puede provocar la destrucción de dos familias.
La prohibición del incesto, todavía vigente, induce al individuo a sustraerse de la atracción que le produce su madre (proceso natural del complejo edípico) y obliga al hijo a liberarse de una condición infantil y de un complejo neurótico.
Las tribus primitivas debían preservar su integridad y asegurarse la cooperación de todos sus miembros y el tabú del incesto elimina las relaciones que pueden ocasionar actos violentos y rivalidades que en definitiva pueden desintegrar el grupo.
Actualmente, el tabú del incesto existe en todas las sociedades y existen leyes que lo respaldan, aunque su cumplimiento sea menos riguroso que en las sociedades tribales, ya que en los casos que se registran violaciones el mayor porcentaje se produce dentro de una misma familia.

Un dato curioso es que en la ley mexicana en el Artículo 272 dice lo siguiente: Se impondrá la pena de uno a seis años de prisión a los ascendientes que tengan relaciones sexuales con sus descendientes. La pena aplicable a estos últimos será de seis meses a tres años de prisión. Se aplicará esta misma sanción en caso de incesto entre hermanos.

Esto es el resultado de una sociedad que tiene una doble moral, de una sociedad asustadiza de lo que pasa en todo el mundo, pero cuando se trata de la propia familia mexicana todo debe mantenerse en secreto, se deben cuidar la apariencias ante los demás, es por eso que el objetivo del siguiente trabajo es explicar en primer lugar la dinámica que se da dentro de una familia en la que se vive el incesto, para poder así comprender el papel que desempeña cada uno de los integrantes, ya que aunque se pensara que por lo regular los protagonistas son solo dos personas dentro de la familia, los demás aunque antagónicos tienen un papel participante.
El segundo punto en el que tratare de enfatizar  es en el análisis de los efectos que tienen en una persona el haber vivido como amante de  un miembro de la familia, ya sea el padre, la madre, el tío, el hermano etc. Por lo tanto antes de continuar quisiera mencionar la definición del diccionario de psicoanálisis de E. Roudinesco y P. Michel quienes lo describen de la siguiente manera:

“Se llama incesto a una relación sexual sin coacción ni violación entre consanguíneos o padres adultos (que hayan alcanzado la mayoría d edad legal), en el grado puntualizado por la ley propia de cada sociedad: en general, entre madre e hijo, padre e hija, entre hermano y hermana. Por extensión, la prohibición puede extenderse a las relaciones sexuales entre tío y sobrina, tía y sobrino, padrastro e hija, madrastra e hijo, madre y yerno, padre y nuera”.
Desde este concepto se puede reconocer que para que el Incesto como tal se lleve a cabo, ambas partes tienen que estar de acuerdo, no existe una obligación o amenaza en ninguno de los que lo practica. Esta es la diferencia que podemos encontrar en cuanto al abuso sexual infantil, ya que de forma genérica, se considera “abuso sexual infantil” (o pederastia[]) a toda conducta en la que un menor es utilizado sin su consentimiento como objeto sexual por parte de otra persona con la que mantiene una relación de desigualdad, ya sea en cuanto a la edad, la madurez o el poder.[ ]Se trata de un problema universal que está presente, de una u otra forma, en todas las culturas y sociedades y que constituye un complejo fenómeno resultante de una combinación de factores individuales, familiares y sociales. (...) Supone una interferencia en el desarrollo evolutivo del niño y puede dejar unas secuelas que no siempre remiten con el paso del tiempo.

Entendido de de esta forma, el abuso sexual se puede dar dentro de las familias, pero también fuera de ellas, sin necesidad que exista algún lazo de consanguinidad. Ya que el abusador, puede ser desde un vecino, un amigo de la familia, un maestro, etc.

Lo anterior citado deja ver con mayor claridad la diferencia entre ambos casos, sin embargo en muchos de los casos para que el incesto se lleve a cabo, existe en primera instancia una seducción por parte de uno de los miembros de la familia hacia un menor                que tiene a cuidado, trata de llevarlo por un laberinto oscuro prometiéndole una salida llena de sorpresas, y cuando ya está dentro de ese laberinto se da cuenta de que se encuentra demasiado perdido para encontrar la salida, por lo que prefiere quedarse ahí, porque tal vez es la única forma de amor conocida.

Dentro de las familias incestuosas se desarrolla un cierto patrón de conducta común, que a lo largo de mi corta experiencia con pacientes, tiene un común denominador que es el “silencio”, en estas familias siempre hay algo que ocultar un “secreto” que no se debe revelar, aparentemente son familias en las que no existe nada fuera de lo común, ante todos son funcionales y a veces hasta familias “ejemplares”, porque lo que sucede ni siquiera entre los mismos miembros se habla, y si se llega a hablar del tema resulta aberrante, tanto que prefiere ocultarse hasta de ellos mismos. Viven en la negación total, y hasta podría decir que viven una vida escindida. En donde de día se actúan los roles como corresponden y por la noche en la oscuridad, los papeles de hijo (a), cambian al de esposo o esposa.

 Hablemos de una familia en donde los protagonistas son el padre y la hija, en nuestra  cultura podemos identificar rápidamente cuando la mujer se queda callada, aparentando que no sabe nada de lo que pasa, por miedo a que el esposo deje de mantenerlos, se siente tan indefensa, tan poca cosa, que  se cree incapaz de poder trabajar, y ser ella misma proveedor de las necesidades de la familia. Esta es la  más sencilla explicación que le podemos dar, sin embargo yo me pregunto, qué es lo que pasa con las familias en que ambos padres trabajan y en donde la mujer es autosuficiente y a pesar de ello acepta inconscientemente esta situación? Es una pregunta difícil de contestar, porque no solamente aquí se presenta el factor económico, sino también otros factores como el factor social, el cultural y por supuesto el papel que juega la psicopatología de estas familias.  En donde desde mi punto de vista podemos identificar dos factores determinantes: 1) es la carencia de límites y 2) la represión ocasionada por la rigidez en las normas familiares que llevan la mayoría de las veces a la ambivalencia y a la incongruencia. Ya que comienzan a confundirse las funciones en la mente del niño o adolescente, no comprende el rol que desempeña, y acepta sexualmente al padre o a la madre, como un cumplimiento del deseo edípico. De lo contrario explicando el segundo punto podemos llegar a la conclusión que ante la rigidez y control que se vive en algunas familias, se fomenta el deseo entre los miembros, como los hermanos de la familia de la película del castillo de la pureza de Arturo Ripstein, en donde la locura del padre provoca que los dos adolescentes con el deseo a flor de piel llegaran a cometer incesto. Pero como no hacerlo, si no tenían ningún otro objeto sobre el cual volcar su libido.

Análogamente a lo que pasa en la tragedia Griega de Edipo, en realidad él ignoraba que Yocasta era su madre, y al enterarse de la realidad le causa terror de sí mismo. Es exactamente lo mismo que sucede dentro de ese tipo de familias, o por lo menos con el afectado, viven el incesto como si fuera algo común, lo entienden como algo permitido que además es placentero, ya que en ocasiones lo entienden como la única oportunidad que tienen de ser amados, más aún cuando viven violencia intrafamiliar por cualquiera de los padres.  En el caso de los hijos o hermanos que viven en incesto, al darse cuenta de que la realidad en la que se encuentran no es aceptada, sino lo contrario, es repudiada y castigada por las leyes, se enfrentan al  mismo terror que Edipo, y muchas veces para no sufrir las consecuencias inevitables que llevan al derramamiento de sangre se quedan callados.
El incesto es algo real, que existe en un número impresionante de familias, y ya no es de admirar en la consulta cuando se atiende a una persona que nos confiesa con tan delicada precaución su máximo secreto, en donde podemos sentir su dolor lleno de culpa, por haber aceptado a cualquier miembro de la familia como amante. Sin embargo en el análisis de estos casos podemos ver cómo toda la familia se encuentra involucrada, unos más que otros. Puede que el padre haga algo tan evidente como convertir a todas sus hijas en su harem particular, y la madre se convierte en el espectador de ese drama y en el papel de abnegación acepta sin miramientos la autoridad del “macho” que es quien pone las reglas y es dueño de todas esas vidas mostrando una supremacía que afecta a todos.

Cuando una niña llega a la adolescencia aceptando el papel que se le ha sido asignado, las repercusiones son graves, el “self se ve fisurado”, se ve dañado al grado de necesitar constantemente del reconocimiento y la aceptación de los demás, se muestra dispuesto a todo con tal de obtener de lo que se encuentra hambriento. En ocasiones hasta la imagen corporal se ve afectada. Además de desarrollar un yo debilitado, con pobres recursos para la defensa ante el peligro.

Para quiero citar un caso de una joven de 23 años, su madre acude con ella y refiere que busca una cita, se le asigna y el día de la primera sesión asiste la madre de la chica, mencionando que en realidad la consulta que desea es para saber que puede hacer con su hija, ya que tiene mucho miedo a que sea lesbiana, al comenzar con la entrevista la señora termina diciendo que su hija ha tenido relaciones sexuales con su padre desde los diez años, y que cuando ella se enteró se enojó mucho, pero no podía hacer nada porque “quien los iba a mantener”, pero en realidad esta mujer de lo que  tenía miedo era que la preferencia sexual de su hija cambiara ya que al hacerlo dejaría de ser la amante del padre y en su fantasía dejaría de proveerles económicamente lo necesario para poder vivir. Al ver a la chica, físicamente parecía una adolescente de quince años, como si su cuerpo hubiese protestado de esa forma, quedándose estancado en el cuerpo de una niña, con la finalidad de no provocar más el deseo del padre.

Este es un ejemplo como muchos que se pueden citar, pero no pretendo que esto se convierta solo en un análisis de casos, lo utilicé para ejemplificar cómo las repercusiones del incesto, no son solamente psicológicas, también son físicas y sociales.  
En tótem y Tabú Freud describe lo anterior con claridad de la siguiente forma:
El psicoanálisis nos ha demostrado que el primer objeto sobre el que recae la elección sexual del joven es de naturaleza incestuosa condenable, puesto que tal objeto está representado por la madre o por la hermana, y nos ha revelado también el camino que sigue el sujeto, a medida que avanza en la vida, para sustraerse a la atracción del incesto.

Ahora bien: en el neurótico hallamos regularmente restos considerables de infantilismo psíquico, sea por no haber logrado libertarse de las condiciones infantiles de la psicosexualidad, sea por haber vuelto a ellas (detención del desarrollo o regresión). Tal es la razón de que las fijaciones incestuosas de la libido desempeñen de nuevo o continúen desempeñando el papel principal de su vida psíquica inconsciente. De este modo, llegamos a ver en la actitud incestuosa con respecto a los padres el complejo central de la neurosis…

Cuando la actitud incestuosa se vive y no sólo se fantasea podría rebasar los límites de la neurosis y entrar en el campo de la psicosis, porque como mencionaba anteriormente, la situación del incesto dentro de la familia se vive como una realidad diferente a los demás, como una realidad que necesita ocultarse mediante la negación de su existencia.  Por lo que la persona implicada en ello sufre un desequilibrio mental que la puede llevar a la desestructuración de la personalidad. Provocando trastornos de la personalidad como el limítrofe o el narcisista. O bien como lo menciona Joyce Mcdougall en su libro “Teatros de la Mente” el sujeto llega a ser el inventor de una sexualidad diferente, dirigiendo a su libido hacia cualquier objeto o sujeto que le hagan desviar la atención del deseo incestuoso. “El hijo incestuoso, intenta ocupar el lugar del padre árabe. Se disputan el espacio materno, en su infancia real, el padre amenaza al hijo con su gran falo, que al mismo tiempo representa el objeto con el que ha de castrarle… el hijo a través la invención de una sexualidad diferente (perversa), logra vencer  a su perseguidor interno, se libera de él y de su propio analista, al mismo tiempo se libera de la madre que castra y abandona…”

Desde esta misma línea, el paciente que ha vivido el incesto, tiene dificultades para poder relacionarse con las figuras del sexo opuesto, llegando a castigarlas del placer por medio de disfunciones sexuales, como la eyaculación precoz, la impotencia, la frigidez, el vaginismo, entre otros.
Esto en castigo hacia el objeto primario por el que fue usado sexualmente en la infancia. Sin embargo no solo es castigo hacia el objeto, sino hacía sí mismos, ya que al sentirse participantes de ese acto, se desarrolla en estas personas un sentimiento de culpa que los lleva a la autoflagelación que los lleva a cometer actos masoquistas.

Todo lo anterior es poco de lo mucho que se puede hablar sobre este tema, que genera tanta controversia y que pareciera tan oculto pero a la vez tan presente en la sociedad, porque no solo se desencadena por factores psicológicos, sino también por factores sociales que tienen que ver con la pobreza y la carencia de educación. Generado muchas veces por el hacinamiento de morada, en familias de bajos recursos que no tienen más que un cuarto para poder vivir y que además por la pobre educación sexual las parejas tienen un gran número de hijos a los que es casi imposible manejar.

Por lo que puedo concluir que las repercusiones psicológicas del incesto afectan no solo a los involucrados, sino al grupo con el que se relacionan, en especial a las parejas hasta llegar a los hijos, cuando se llega a formar una familia.

Jenny Hernandez

domingo, 15 de enero de 2012

Analisis de Sibil un caso paradigmático


Este trabajo que me daré a la tarea de desarrollar, abordaré aspectos específicos del tratamiento analítico que lleva a cabo la Dra. Wilbur. Me enfocaré a la dinámica de la transferencia, contratransferencia, y el manejo que hace de cada uno de estos aspectos en el proceso; sin dejar de lado antes, la descripción de Sibyl, que con claridad la autora deja ver desde el inicio, que su padecimiento es un trastorno de identidad disociativo, antes llamado trastorno de personalidad múltiple.

Sibyl, una chica “solitaria”, taciturna, confundida por perder la noción del tiempo y espacio, víctima de sí misma, atrapada en sus múltiples personalidades, encierra partes de ella misma en cofres cerrados para su consciencia, es presa de un desconocimiento profundo de su propio ser, atrapada en lo sabido no pensado.

Decidió olvidar el sufrimiento; bloqueando los recuerdos de aquella infancia con una madre enferma y sádica.

La historia con su madre es cruel, lastimera, que la desgarra de tal forma, que convierte su yo en fracciones de sí misma, en pequeñas versiones de su propio ser genuino (C. Bollas, 1989). Lo único que identifica son lagunas mentales.

En esas condiciones es como llega al consultorio de la Dra. Wilbur, una psiquiatra que comienza a desmenuzar y descubrir poco a poco el mundo simbólico de Sibyl. Los personajes, las habilidades, funciones de cada uno de ellos y lo simbólico de sus acciones.

“Quiero darle algo a alguien” es la demanda de Sibyl, ante la Dra. Wilbur, al expresar su deseo de enseñanza. ¿Será que en realidad quiere darse a sí misma los trocitos de su ser que le hacen falta? Eso es algo que se va desarrollando a lo largo del proceso.

En el momento de la evaluación neurológica, a Wilbur no le queda completamente claro su padecimiento. En la escena del hotel cuando Sibyl rompe el vidrio, la doctora se muestra desconcertada. Aun no descubre que Sibyl lo hacía como si fuera la única manera de contacto con una “base segura” (J. Bolwy, 1998).

Entre tantos misterios y recovecos, lo único que podía entender la doctora, es que Sibyl era una chica que sufría, con un gran dolor de no saber quién es, el dolor que le causaba no saberse hábil y capaz de tocar el piano, de pintar, de la imposibilidad de mantener contacto con otras personas, por el dolor que le provocaba ser tocada, un dolor que representa el miedo fóbico de ser tocada afectivamente.

Caso difícil el que se le ha presentado a la Dra. Wilbur; porque Sibyl es del tipo de paciente que no se presenta todos los días en un consultorio, pero tampoco es que esté tan alejado de lo que se conoce en las neurosis, ya que, cada paciente llega al consultorio con su propia realidad, y nos va mostrando partes de él mismo, poco a poco, hasta que por fin la neurosis de transferencia se establece. Sin embargo no podemos negar que, Sibyl era un caso que confrontó a la analista a entrar en el campo de lo desconocido y decidió acompañar a Sibyl en el camino de la integración. La Dra. Wilbur tenía la opción de no tomar el caso pero decidió seguir.

Pero pensando ahora en qué fue lo que la estimuló a seguir, considero que en ese aspecto el papel de la contratransferencia es determinante; esto lo analizaré más adelante.

Para adentrarme ahora en lo que es la transferencia de Sibyl, podemos ver que al inicio, aunque Sibyl no asistió al hospital por su padecimiento psicológico, y sólo asistió para que le atendieran la mano cortada. Al encontrarse con la Dra. Wilbur, encuentra en ella la posibilidad de entender qué es lo que pasa en su mundo interno cuando se desconecta de la realidad, qué pasa con esas lagunas que para ella son como quedarse dormida y cuando despierta lo que predomina, es una imagen de sí misma pobre e insegura. Su falta de estructura hace que la transferencia que establece desde el principio del tratamiento, es una transferencia invasiva, deposita su seguridad en la analista, desde el momento en que Vicky llama a la Dra. Wilbur para que salve a Sibyl de aventarse de la habitación de hotel. En ese momento simbólicamente es la prueba que hace Sibyl a la analista para comprobar si es capaz de rescatarla. Al percibir la respuesta de la analista durante todo el proceso Sibyl descubre poco a poco que tiene un espacio en donde puede expresar cada una de sus personalidades sin temor a ser rechazada.

Sin embargo, también existen momentos de resistencia, en donde uno de los más importantes, es cuando Sibyl le dice a la Dra. Wilbur que todo lo que ha expresado en el tratamiento es una farsa, resistencia que se presenta por el viaje de su analista; se hace presente entonces el sentimiento de ser abandonada por el único objeto (madre- analista) que hasta el momento, le había proporcionado la oportunidad de reconocer un espacio potencial que le permitiera la integración y llegar al espacio transicional, que le permitieran integrar a los objetos parciales. Ese es uno de los momentos cruciales del tratamiento, porque es ahí en donde la analista se mantiene firme, a pesar de la agresión, ella sigue presente y amorosa. Esa postura es la que derrumba las resistencias de Sibyl a avanzar y darse la oportunidad de la integración de todas sus partes, reconciliándose con ella misma y con las potencialidades que no reconocía.

Retomando ahora el papel de la analista a nivel de la contratransferencia, desde el momento de la evaluación, puedo decir que se percibe en la analista, cierta curiosidad en el caso, su deseo de saber qué hay detrás de esa imagen de una chica introvertida y seria. Parece que para la Dra. Wilbur, Sibyl significaba un caso a explorar. Sin saber que después le generaría fuertes deseos de protegerla, de cuidarla y de estar en todo momento que la necesitara.

Wilbur busca el consejo de una amiga, quien le dice que no puede fascinarse con el caso, y que tiene que comprender que ella no es la madre de Sibyl, ni de ninguno de sus personajes. Ella escucha con atención a su amiga, sin embargo decide explorar el caso bajo sus propios criterios.

Es en este caso, cuando comprendo la frase del Dr. Fromm cuando decía: “hay que aprender bien la técnica para luego olvidarla”, ya que la Dra. Wilbur a pesar de tener en claro el objetivo del tratamiento nunca sigue una técnica ortodoxa. Cosa que no critico del todo, porque a pesar de que su método no es convencional, obtiene resultados benéficos para la paciente.

Pero sin perder mirada de la contratransferencia; al final la Dra. Wilbur termina involucrándose afectivamente con Sibyl… pero, es que ¿esto se puede cuestionar? en realidad ¿no nos involucramos afectivamente con todos nuestros pacientes? Este es un tema de suma importancia, porque entramos en el terreno de la ética, de lo permitido y lo no permitido en el análisis. En este sentido, creo que, lo que pudiera parecer inadecuado, como por ejemplo, el modificar el encuadre, ver a la paciente durante horas, tener una actitud permisiva, de acercamiento físico, de darle de comer, etc. Son todas actitudes de una madre presente, afectiva, constante, nutricia, que brinda afecto, cuidados y que demuestra que a pesar de que se dejen de ver por algunos días, llegará a la sesión y la paciente sabrá que ahí está presente esa figura, de la que recibe gratificación. Como ese pecho ideal e inalcanzable. Es precisamente con todo esto, con lo que la analista logra que la paciente establezca un vínculo con una persona que no lastima, que sabe escuchar, que trata de comprender y que está presente.

Ante este resultado, como es que podemos criticar un trabajo que si bien es poco ortodoxo, tuvo en su momento con esa paciente muy buenos resultados. Señalo aquí, con esa paciente, porque tampoco podemos generalizar y pensar que esto funcione de la misma forma con todos los pacientes que tienen este tipo de trastorno.

En ocasiones nosotros los analistas, desde el mismo Freud, tratamos de encajar o encuadrar a los pacientes en las diferentes teorías. Pero me pregunto qué tanto funciona esto. Me parece que todas las teorías psicoanalíticas, son parte importante sí, son bases de nuestro trabajo, pero el conocimiento o manejo que se tenga de cada una de las teorías y la técnica, no es lo que en realidad nos hace psicoanalistas. Considero que eso se pone a prueba todos los días, con todos los pacientes y por supuesto no podemos generalizar las teorías y pensar que ahí está la respuesta al malestar de los pacientes. Nos da indicadores, nos podrá la teoría guiar en el camino, pero el instrumento más importante en nuestra práctica, somos nosotros mismos. Somos un instrumento que tenemos que pulir, que tenemos que cuidar y al que tenemos que confrontar con nuestros propios demonios internos. Es decir conocernos y nunca dejar a un lado lo que cada paciente nos hace sentir y cuestionarnos ese sentimiento en todo momento, para encausarlo a favor del análisis del paciente.

Es así como desde esta perspectiva, se deja ver, que la Dra. Wilbur siempre está pendiente de lo que pasa con ella, escucha atentamente y volviendo al punto anterior, se involucra, es cierto. Pero no deja de estar presente, de ver en pro del bienestar de Sibyl. Es ahí donde yo veo la diferencia, entre la disposición de estar y acompañar al paciente, y el involucramiento afectivo que en lugar de ayudar al paciente, se le encause por caminos y senderos del mundo objetal interno del propio analista, cometiendo iatrogenias que al final terminen afectando a la persona más de lo que era su motivo de consulta.

Es por eso que; considero que la Dra. Wilbur, hace un manejo de su contratransferencia digno de reconocer. Con su actitud ante el tratamiento, en particular me deja un mensaje muy importante; lo que nos hace diferentes en el trabajo analítico, de cualquier charla con un buen amigo; es que el analista conoce o se encuentra en el proceso de conocer su mundo interno, que no le es nada de lo humano desconocido, que el analista reconoce haber estado cerca de la propia locura, de la neurosis propia, muy cerca de actos perversos, pero también muy cerca de lo que Fromm llama biofilia, el amor a la vida y el interés genuino por los otros. Es decir el ser analista es más que una profesión, se convierte en un estilo de vida.

Poco se sabe de la vida personal de la analista en esta historia, lo que sí se deja ver es que es una mujer con amplios intereses, mismos que le permiten ser empática con su paciente. El conocimiento que tiene de música, pintura, la sensibilidad para poder ver a la paciente como una persona.

Es por eso que no me atrevo a criticar a la analista, porque ella hace que la teoría tenga sentido por la práctica y no por la teoría misma. Hace innovaciones al tratamiento con esa paciente, no sabemos de su trabajo con otros pacientes, pero seguramente su forma de trabajar es individual en cada caso.

Esa manera sensible y creativa es la que, nos cuestiona a cerca de la técnica. Forzosamente ¿nos tenemos que apegar a una teoría, que nos lleve paso a paso a resolver un caso? No lo creo así. Creo que nos debemos valer de todas las aportaciones analíticas de teóricos del psicoanálisis, que nos ayuden a ver y escuchar con claridad, pero la solución de un caso, cualquiera que se nos presente en el ámbito analítico, depende de la relación y el vínculo que se establezca con cada una de esas personas. El avance terapéutico pues, no es el resultado de una buena teoría; sino de, el establecimiento de la alianza terapéutica y el tipo vínculo que se establezca. De estar siempre presentes y conscientes de los fenómenos transferenciales y por supuesto desde mi punto de vista, los más importantes: los contratransferenciales.

Hasta aquí termino con este trabajo que más que una crítica al trabajo de la Dra. Wilbur, es una reflexión a cerca de nuestro papel como analistas, de cuestionar, que tan abiertos estamos ante nuevas posturas, y qué tan dispuestos estamos a innovar en el psicoanálisis. Sin clavarnos en la idea de que ya todo está escrito; no niego con esto que las bases están escritas, pero los fenómenos actuales y las nuevas formas de enfermedad que están surgiendo por los cambios sociales, necesitan de analistas preparados, creativos y sobre todo con un interés genuino por el otro y por la investigación.

Una mirada a la teoría de M. Klein


Es habitual en el ámbito clínico, recibir a individuos cuyo motivo de consulta se encuentra relacionado con problemas para establecer o mantener una relación amorosa. Esto me lleva a plantear algunas interrogantes: ¿qué pasa en la psique de estas personas, en relación a sus objetos internos? ¿Cómo se relacionaron con ellos? ¿Qué pasó con su primera relación de amor? Pero principalmente ¿qué se puede hacer para que logren cambiar a sus objetos internos y poder relacionarse con mayor efectividad con los objetos externos?

Cada vez que exploro este campo, en donde pareciera que los recuerdos se han difuminado en las personas, lo que queda es sólo la historia de sus relaciones, pero lo más importante, los sentimientos que nos proyectan a través de la transferencia y que nos hablan de lo que ellos conscientemente no recuerdan. Así en la historia y relación con los pacientes me he encontrado con sentimientos de dependencia, demanda, necesidad de poseer al otro, de dominarlo, angustia de separación, celos, miedo, etc. Es por eso que en este trabajo me daré a la tarea de responder a algunos cuestionamientos, a través de un caso clínico paradigmático. Bajo la teoría de Melanie Klein; quien después de Sigmund Freud y Ronald Fairbairn, entre otros, se convirtió en una de las precursoras de la teoría de las relaciones objetales.

Ante la pregunta de ¿qué pasa en relación a los objetos internos de las personas que establecen relaciones de pareja insatisfechas? Es muy difícil que un paciente hable en primera instancia con profundidad a cerca de cómo recuerda la relación con sus figuras paternas. Los únicos datos que dan son cómo se están relacionando actualmente y datos de la adolescencia o recuerdos de la infancia, en muchas ocasiones ni siquiera recuerdan esa etapa, a veces nos hablan sólo de lo que les han contado. Sin embargo, conforme se avanza con el paciente se puede llegar a tocar la relación con esos objetos internos de una manera profunda. Para ejemplificar estas palabras, a continuación, voy a relatar lo que un paciente me decía: “sabes, hay algo que creo que es importante y que había pensado estos días; primero recordarás que a mis padres les costó mucho trabajo tenerme, porque mi madre no quedaba embarazada, hasta después de cinco años que se casaron, mi madre logró embarazarse, así que siempre me ha dicho que fui un niño muy deseado. Pero hay un dato que había olvidado y que también me lo relató ella, y es que en el momento en que iba a nacer, cuando mi madre llegó al hospital, ya se le había roto la fuente, pero estando en la sala de espera, la enfermera le dijo a mi mamá que no podía dar a luz ahí y que esperara a llegar a la sala ginecológica, en ese momento en el que yo estaba a punto de nacer ya casi coronando, mi mamá dice que me regresé y que después ya no tenía contracciones y al final le tuvieron que hacer cesárea… esto lo asocio con un sueño que no te había contado pero que era muy repetitivo cuando era niño, soñaba que caía en un vacío muy grande en donde todo era oscuro y sentía que algo me jalaba, no sé por qué, pero siento que esos dos eventos están ligados” sic.

Cuando el paciente me hace este relato me hace pensar en primer lugar si el deseo de tenerlo era tan genuino de parte de la madre, ya que sabemos que en el fondo las mujeres que no pueden embarazarse a pesar de que físicamente están en condiciones favorables para hacerlo, existe el rechazo a quedar embarazadas, y en especial con este caso me hace mucho sentido, debido a que después en el momento del parto, cuando el bebé está a punto de nacer, lo que hace es regresar al bebé como si no quisiera que naciera. Obviamente estas son hipótesis que hago, sustentada en la historia del paciente con esta madre. Al inicio el paciente decía que cuando era adolescente pensaba que su madre era su mejor amiga… pero conforme se fue avanzando en el tratamiento, se encontraron cosas que daban indicios que la relación con la madre no era tan afectuosa como él creía. Al punto de reconocer que cada que tenía que pasar unos días en casa de ella, le aparecía un tipo de dermatitis.

Además un aspecto muy importante, es que en su desarrollo psicológico, él decide por el sendero esquizoide, su fijación es en la etapa oral de desarrollo y no logra llegar a la etapa depresiva. Utiliza entonces la escisión para crearse un mundo alternativo, con objetos de la realidad externa, construye un mundo en donde él sí es aceptado y querido, pero ese mundo no es humano. Su mundo se crea de personajes en donde él es el más poderoso. En el mundo de objetos reales, su comportamiento es bastante funcional a nivel de su desarrollo intelectual, pero emocionalmente no reconocía la capacidad de tener un sentimiento de amor por el otro, de hecho era algo que él tenía prohibido en su mundo alternativo. Elige también en su desarrollo sexual ser homosexual, aquí vemos también que el tema del narcisismo es muy importante, no es capaz de amar más que a las personas iguales a él.

Como podemos ver que este es un caso que muestra cómo la teoría de Klein recobra sentido y ayuda a ver con más claridad el mundo interno del paciente.

Con toda la información que se tiene, entonces podemos ver que definitivamente la madre de este paciente fue no fue generadora de afecto, al parecer, en la relación con la madre predominó la relación con el pecho frustrante, frío y perseguidor.

Tornando así la mirada hacia la primera relación con el objeto (parcial) pecho materno, de la que M. Klein en su artículo de “algunas conclusiones teóricas de la vida emocional del bebé” (1952) nos explica la manera en la que el bebé se relaciona con el pecho: la relación con el pecho bueno (gratificador) y con el pecho malo (frustrante y perseguidor). Nos explica Klein: “la relación es primeramente con un objeto parcial, porque las pulsiones oral libidinales y oral destructivas están dirigidas desde el principio de la vida hacia el pecho de la madre en particular… puede concebirse que en periodos de hambre y tensión, existe un equilibrio óptimo entre las pulsiones libidinales y agresivas. Este equilibrio se altera cada vez que debido a privaciones de origen interno o externo, las pulsiones agresivas son reforzadas. Esta alteración del equilibrio, es causada por una emoción: la voracidad. La cual es primeramente y sobre todo de naturaleza oral. Cualquier aumento de la voracidad fortalece las pulsiones agresivas”.

Ante estas afirmaciones de la autora podemos pensar en que la forma de relación que ha encontrado este paciente es a través de la voracidad, antes a que se iniciara el tratamiento analítico, él sólo había tenido una relación significativa. En esa relación el paciente se dio cuenta que estaba sintiendo amor por el otro, lo cual lo aterró, al grado tal que presento una crisis de ansiedad, que además lo estaba llevando al sendero depresivo, de reconocer de que en el fondo él no era lo que había pensado en su mundo alternativo, sino que en realidad era un ser humano.

Ante esta conclusión el paciente se comenzó a mostrar “demasiado demandante” (sic) con su pareja, lo celaba, constantemente le reclamaba porque sentía que no pasaban el tiempo suficiente juntos, etc. hasta que llegó el momento en que su pareja lo terminó porque la presión que ejercía sobre él era incontrolable. En ese momento el paciente cae en depresión, podríamos decir que era la primera relación de objeto real que estaba viviendo, con una persona que le estaba brindando atención, cuidados y cariño. Al final lo que hace el paciente es agredirlo con su voracidad, sin embargo ese objeto no logra permanecer a pesar de la voracidad y decide abandonarlo. Aquí el paciente vive nuevamente la sensación de abandono, lo que le genera un sentimiento de culpa por haber sido el causante de que la relación hubiera terminado. Esto me lleva a lo que M. Klein plantea sobre la culpa y los deseos de reparación.

En el paciente solo predomina la culpa y la depresión y la autodestrucción, ya que comienza a tener relaciones fortuitas, carentes de afecto y en una de ellas se infecta de VIH. Al final regresa al sendero de lo esquizoide, del deseo de querer destruir al objeto, que como ya está internalizado, se ataca a sí mismo para hacerle daño. Así es como llega a consulta, aparentemente con un motivo muy nimio y racionalizado que de fondo explicaba el miedo profundo de acercarse cada vez más al camino que se había trazado desde su infancia, que era hacia lo muerto.

Con esto recuerdo el concepto de Freud de la compulsión a la repetición que en “pulsiones y destinos de pulsión”, nos dice que estas personas buscan constantemente el objeto con el que se relacionaron desde la lactancia, explica que lo reprimido intenta retornar al presente, en forma de sueños, síntomas, actuar: [...] lo que ha permanecido incomprendido retorna; como alma en pena, no descansa hasta encontrar solución y liberación.

Regresando a Klein podemos ver que el sentimiento de amor está relacionado con el pecho bueno gratificador y que a su vez le ayudan a contrarrestar la ansiedad persecutoria, los sentimientos de pérdida y persecución; podemos entender entonces que el amor es un sentimiento que se genera de la presencia del pecho que nutre, que brinda seguridad, que está presente. Cosa que en el caso del paciente, no existió, parece que lo que vivió el paciente fue la presencia de una “madre muerta” (André Green, 1980).

En este sentido, cómo intervenir con este paciente para que logre encontrar la búsqueda de ese pecho gratificante, cuando el objeto que ha internalizado es frustrante. En el trabajo de Klein de “envidia y gratitud” cita a Freud cuando expresa que: “la labor del analista, es de construcción, si se prefiere, de reconstrucción, se asemeja en gran parte a la del arqueólogo que excava una casa o un edificio destruidos y soterrados. Ambos procesos son en realidad idénticos, salvo que el analista opera en condiciones más favorables y tiene a su disposición más material auxiliar, dado que sus esfuerzos no se concentran en un objeto destruido, sino en algo todavía vivo, y quizá lo favorezca así mismo otra razón que ya consideremos… hemos dicho que el analista trabaja en condiciones más favorables que el arqueólogo, porque dispone también de un material que no tiene símil alguno en las excavaciones, como, por ejemplo, la repetición de reacciones que datan de la infancia y todo lo que en relación con tales repeticiones emerge a través de la transferencia.. Todo lo esencial se ha conservado; aún aquellas cosas que parecen completamente olvidadas, subsisten de alguna manera y en alguna parte, hallándose sólo soterradas e inaccesibles al individuo”.

En este sentido, puedo relatar que la transferencia que el paciente hace desde el inicio es una transferencia invasiva y de rechazo, es decir una transferencia negativa con el pecho frustrante y malo. Debido a que en su expectativa de analista él deseaba estar con un analista varón y de más edad, después reconoce que se siente muy cómodo en la relación y considera que fue una buena decisión el haber permanecido en análisis a pesar del género y edad de su analista. Inicia el proceso de una transferencia idealizada, el paciente se comienza a sentir confiado, en los sueños que manifiesta es evidente el progreso hacia lo transicional. A través de la relación analítica poco a poco encuentra un espacio en el que se puede sentir confiado y libre de expresar lo que siente, sin ser rechazado y/o abandonado.

Es así cómo a través del análisis de la transferencia que podemos encontrar información acerca de la manera en que viven en él sus objetos internos, es a través de el proceso analítico entonces en donde podrán encontrar la posibilidad de reconstruir sus objetos y encontrar dentro de sí mismos ese objeto gratificador, por medio de una identificación proyectiva con el analista, que puede ejercer la función de pecho bueno, gratificador, tolerante a las agresiones y también frustrante, que marca límites y que por medio de ellos da seguridad.

La respuesta parece notarse sencilla, pero en realidad para llegar a este resultado, requiere de una labor de largo tiempo y de adentrarse en lo más profundo del inconsciente del paciente, como ese arqueólogo que busca con curiosidad, con paciencia, con constancia y con mucha atención a lo que se presenta, con la capacidad de limpiar poco a poco lo que encuentra y entender sus orígenes.

Hace poco en un congreso la psicoanalista Deidre Johnson decía: “para poder amar, hay que perdonar al otro por lo que no es, y por lo que uno quisiera que fuera”. Con esto trataba de explicar que siempre ante la búsqueda de ese objeto perdido, en el enamoramiento lo que pasa es que al inicio se depositan en el objeto todas las características del padre o la madre, y que cuando se da cuenta de que no es ni la madre ni el padre, se llega a odiar al objeto y para poder amarlo tiene que existir el perdón. Hablaba de que nuestra labor como analistas es trabajar con los objetos internos del paciente para que en la medida que los modifique internamente, logre hacer cambios significativos en la forma en que establece sus relaciones amorosas.

Esto me lleva a pensar lo que Klein plantea a cerca de los procesos de escisión en relación con el objeto; ya que entramos en el campo de la ambivalencia entre el amor y el odio por el objeto. Debido a que para trabajar con los objetos internos, es necesario trabajar con las defensas del paciente, en las que la escisión, la idealización y la negación juegan un papel importante en las relaciones.

Cuando Klein expresa que: “el yo es incapaz de escindir al objeto –interno y externo- sin que se lleve a cabo una escisión correspondiente dentro del yo mismo. Por lo tanto, las fantasías y sentimientos respecto al estado del objeto interno, influyen vitalmente en la estructura del yo… en estados de gratificación prosigue, los sentimientos de amor se dirigen hacia el pecho gratificador, mientras que en estados de frustración el odio y la ansiedad persecutorias se ligan al pecho frustrador. La idealización es el corolario del temor persecutorio, pero surge también del poder de deseos instintivos que aspiran a una gratificación ilimitada y crean por tanto, el cuadro de un pecho inagotable y siempre generoso, un pecho ideal”.

Es así como a través de la historia y el trabajo analítico que se ha hecho con este paciente es una muestra de la escisión del yo, en donde el paciente a través de la creación de ese mundo alternativo buscaba la gratificación del pecho inagotable y siempre generoso, cuando la realidad se le presentaba todo el tiempo frustrante, sólo encontró ese camino. Ahora en lo que ese está trabajando es en que, a través del análisis se siga construyendo ese espacio que el analista como representante del pecho bueno, que también frustra, pero siempre está presente, logre permanecer en el espacio de lo transicional que le permita encontrar una forma diferente de relación. Que logre encontrar a ese objeto perdido: el pecho bueno generador de amor.

domingo, 26 de julio de 2009

MECANISMOS DE EVASION

MECANISMOS DE EVASIÓN
FROMM E. "EL MIEDO A LA LIBERTAD"
En este apartado Fromm se refiere a la psicología individual y a observacio­nes obtenidas por medio del procedimiento psicoanalítico en sus minuciosos estudios de casos individua­les y menciona que al estudiar la psicología individual como base de la comprensión de la psicología social, hacemos algo comparable a la observación microscópica de un ob­jeto. Eso es lo que nos permite descubrir los deta­lles mismos de los mecanismos psicológicos, cuyo funcionamiento en vasta escala podemos observar en el proceso social.

Es así como los fenómenos que observamos en los neuróticos no difieren en principio de los que se dan en las perso­nas normales. Son tan sólo más acentuados, más definidos y con frecuencia más manifiestos a la auto-conciencia del neurótico que a la del individuo nor­mal, quien no advierte ningún problema que requie­ra estudio.

Para una mejor comprensión de estos conceptos Fromm los describe de la siguiente manera:
El término normal (o sano), puede definirse de dos maneras. En primer lugar, desde la perspectiva de una sociedad en funcionamiento, una persona será llamada normal o sana si es capaz de cumplir con el papel social que le toca desempeñar dentro de la sociedad dada. En segundo lu­gar, desde la perspectiva del individuo, consideramos sana o normal a la persona que alcanza el grado óp­timo de expansión y felicidad individuales.

Por otro lado también distingue entre salud y enfermedad, uno es regido por las necesidades sociales, el otro por las normas y va­lores referentes a la existencia individual. Si diferenciamos los dos conceptos de normal y neuró­tico de la manera indicada, llegamos a esta conclu­sión: la persona considerada normal en razón de su buena adaptación, de su eficiencia social, es a me­nudo menos sana que la neurótica.

En este último sentido el término neurótico no puede ser aplicado a toda una sociedad, puesto que ella no podría existir si sus miembros no cumplieran sus funciones sociales. Sin embargo, en el otro sentido, en el de los valo­res humanos, una sociedad puede ser llamada neuró­tica cuando sus miembros ven mutilada la expan­sión de su personalidad.

De esta forma Fromm describe los mecanismos de evasión que resultan de la inseguridad del individuo aislado. Una vez que hayan sido cortados los vínculos pri­marios que proporcionaban seguridad al individuo se le abren dos distintos caminos para superar el insoportable estado de soledad e impotencia del que forzosamen­te debe salir. Siguiendo uno de ellos, estará en con­diciones de progresar hacia la libertad positiva; pue­de establecer espontáneamente su conexión con el mundo en el amor y el trabajo, en la expresión genuina de sus facultades emocionales, sensitivas e in­telectuales; de este modo volverá a unirse con la humanidad, con la naturaleza y consigo mismo, sin despojarse de la integridad e independencia de su yo individual.
El otro camino que se le ofrece es el de retroceder, abandonar su libertad y tratar de superar la soledad eliminando la brecha que se ha abierto entre su personalidad individual y el mundo. Este no es un camino que conduzca a la feli­cidad y a la libertad positiva; por el contrario, re­presenta, en principio, una pauta que puede observarse en todos los fenómenos neuróticos.

1. El autoritarismo

Consiste en la tendencia a aban­donar la independencia del yo individual propio, para fundirse con algo, o alguien, exterior a uno mismo, a fin de adquirir la fuerza de que el yo individual carece; es decir, la tendencia a buscar nuevos vínculos secundarios como sustitutos de los primarios que se han perdido. Las formas más nítidas de este mecanismo pueden observarse en la tendencia compulsiva hacia la su­misión y la dominación (tendencias sádicas y masoquistas).

Las formas más frecuentes en las que se presen­tan las tendencias masoquistas están constituidas por los sentimientos de inferioridad, impotencia e insig­nificancia individual, estas personas conscientemente se quejan de sufrirlos y afirman que quieren librarse de ellos, existe sin em­bargo algún poder inconsciente que se halla en sus mismas psiquis que las impulsa a sentirse inferiores o insignificantes. Casi siempre exhiben una dependencia muy marcada con respecto a poderes que les son exteriores, hacia otras personas, instituciones o hacia la na­turaleza misma.

Con frecuencia las personas masoquistas son completamente incapa­ces de experimentar el sentimiento "Yo soy" o "Yo quiero". Muchas veces las tendencias masoquistas son ex­perimentadas como manifestaciones irracionales o pa­tológicas; pero, con mayor frecuencia aún, reciben una forma racionalizada. La dependencia de tipo masoquista es concebida como amor o lealtad, los sentimientos de inferioridad como la expresión ade­cuada de defectos realmente existentes, y los propios sufrimientos como si fueran debidos a circunstancias inmodificables.

En el mismo tipo de carácter (autoritario) hasta ahora descrito pueden hallarse otras tendencias com­pletamente opuestas, de carácter sádico, de las cuales se pueden observar tres especies de tales tendencias: la primera se dirige al sometimiento de los otros, al ejercicio de una forma tan ilimitada y absoluta de poder que re­duzca a los sometidos al papel de meros instrumentos. Otra está constituida por el impulso tendiente no sólo a mandar de manera tan autoritaria sobre los demás, sino también a explotarlos. El tercer tipo de tendencia sádica lo constituye el deseo de hacer sufrir a los demás o el de verlos sufrir. Tal sufrimiento puede ser físico, pero más frecuentemente se trata del dolor psíquico.

Las tendencias sádicas son en general menos conscientes y más racionalizadas que los impulsos masoquistas, que no son tan peligrosos como aquéllas desde el punto de vista social. Con frecuencia ellas se ocultan por completo detrás de formaciones de carácter reactivo que se expresan bajo forma de exagerada bondad o exagerada preocupa­ción para con los demás.

Hay un factor, en la relación entre sádico y el objeto de su sadismo es en: la dependencia de la persona sádica con respecto a su objeto. Mientras la dependencia del masoquista es evi­dente, en lo que se refiere al sádico lo lógico sería esperar precisamente lo contrario: parece tan fuerte y dominador, y el objeto de su sadismo tan débil y sumiso, que resulta difícil concebirlo como un ser dependiente de aquel a quien manda. La persona sádica "ama" de una manera com­pletamente manifiesta a aquellos sobre los cuales ex­perimenta su poder. Puede creer que desea dominar sus vidas por­que los quiere tanto. Y de hecho los quiere porque los domina.
Ahora bien, existe un fenómeno, que prueba que el sufrimiento y la debilidad pueden constituir el fin del esfuerzo humano: la perversión masoquista, con plena autoconciencia, desean sufrir de una manera u otra y gozan con su sufrimiento. Con frecuencia no se busca el sufrimiento real, sino la excitación y la satisfacción que surgen del sentirse físicamente some­tido, débil y desamparado.
En la perversión sádica hallamos, en cambio, la satisfacción derivante del acto de infligir tales sufrimientos: cas­tigar físicamente a otras personas, atarlas con cuer­das o cadenas, humillarlas por la acción o la palabra.
El primer intento para establecer una ex­plicación teórica más completa, se debe a Freud. Originariamente este autor pensaba que el sadomasoquismo es fundamentalmente un fenómeno sexual. Después de haber observado la presencia de impul­sos sadomasoquistas en niños muy pequeños, supuso que el sadomasoquismo es un impulso parcial que aparece regularmente en el desarrollo del instinto se­xual. Creía que las tendencias sadomasoquistas de los adultos son debidas a la fijación del desarrollo psicosexual del individuo en una fase infantil o bien a la regresión hacia ella. Posteriormente Freud prestó una creciente atención a la importancia de aquellos fenómenos que él mismo denominara masoquismo moral, es decir, la tendencia hacia el sufrimiento psí­quico (y no físico). Freud sugirió que el masoquismo es esencial­mente el producto del llamado instinto de muerte. Además, agregó que tal instinto, imposible de observarse directamente, se mezcla con el instinto sexual, y en esta fusión aparece como masoquismo —cuando se dirige en contra de la propia persona— o como sadismo, si se dirige en contra de los de­más. Si el hombre dejara —según Freud— de mezclar la destructividad con el instinto sexual, sólo le quedaría esta alternativa: destruirse a sí mis­mo o destruir a los otros

Según Fromm Tanto los impulsos masoquistas como los sádicos tien­den a ayudar al individuo a evadirse de su insopor­table sensación de soledad e impotencia. A menudo este sentimiento no es consciente; otras veces se oculta detrás de formaciones compensatorias que exaltan su propia perfección y excelencia.

Las distintas formas asumidas por los impulsos masoquistas tienen un solo objetivo: li­brarse del yo individual, perderse; dicho con otras palabras: librarse de la pesada carga de la libertad.
Sentirse infinitamente pequeño y desamparado es uno de los medios para alcanzar tal fin; dejarse abrumar por el dolor y la agonía, es otro; y un tercer camino es el de abandonarse a los efectos de la embriaguez. La fantasía del suicidio constituye la única esperanza cuando todos los demás no hayan logrado aliviar la carga de la soledad. Los impulsos masoquistas tienen por causa el deseo de librarse del yo individual, con todos sus defectos, conflictos, dudas, riesgos e insoportable soledad, pero logran eliminar únicamente la forma más evidente del sufrimiento y hasta pueden conducir a dolores más intensos.

En los impulsos neuróticos, en cambio, la acción se debe a una com­pulsión que posee esencialmente un carácter negativo: escapar de una situación insoportable. El impulso tiende hacia objetivos que constituyen una solución puramente ficticia. De hecho, el resultado de la ac­ción es lo contrario de lo que el individuo se pro­pone: la necesidad de liberarse de un sentimiento in­soportable es tan fuerte, que le es imposible elegir una línea de conducta que constituya una solución real. La anulación del yo individual y el intento de sobreponerse, por ese medio, a la intolerable sensa­ción de impotencia, constituyen tan sólo un aspecto de los impulsos masoquistas. El otro aspecto lo hallamos en el intento de convertirse en parte integrante de alguna más grande y más poderosa entidad supe­rior a la persona, sumergiéndose en ella.

El individuo y la entidad a la que se adhiere, nunca se unifican, siempre subsiste un antagonismo básico y, con éste, el impulso —que puede ser total­mente inconsciente— de librarse de la dependencia masoquista y volver a ser libre.

¿Cuál es la esencia de los impulsos sádicos? Tam­poco aquí consiste ella en el deseo de infligir dolor a los demás. Todas las distintas formas de sadismo que nos es dado observar pueden ser reducidas a un impulso fundamental único, a saber, el de lograr el dominio completo sobre otra persona, el de hacer de ésta un objeto pasivo de la voluntad propia, de cons­tituirse en su dueño absoluto, su Dios; de hacer de ella todo lo que se quiera.

Fromm propone denominar simbiosis al fin que constituye la base común del sadismo y el masoquismo. La simbiosis, en este sentido psicológico, se refiere a la unión de un yo individual con otro (o cualquier otro poder exterior al propio yo), unión capaz de hacer per­der a cada uno la integridad de su personalidad, ha­ciéndolos recíprocamente dependientes. La gente no es sádica o masoquista, sino que hay una constante oscilación entre el papel activo y el pasivo del complejo simbiótico, de ma­nera que resulta a menudo difícil determinar qué aspecto del mismo se halla en función en un momen­to dado. En ambos casos se pierde la individualidad y la libertad.

La destructividad es el resultado del fracaso de la ex­pansión emocional, intelectual y sensitiva del indivi­duo; por lo tanto, los impulsos destructivos son una consecuencia de las mismas condiciones que condu­cen a la necesidad de simbiosis. La persona destructiva quiere destruir el objeto, es decir, suprimirlo, librarse de él. El sádico, por el contrario, quiere dominarlo, y, por lo tanto, sufre una pérdida si su objeto desapa­rece. El sadismo, en el sentido que le hemos asignado, puede también resultar relativamente exento de ca­rácter destructivo y mezclarse con una actitud amis­tosa hacia su objeto.

Los fe­nómenos masoquistas, en particular, son considerados como expresiones de amor. Parecería que no existe mejor prueba de "amor" que el sacrificio y la disposición a perderse por el bien de la otra per­sona. De hecho, en tales casos, el amor es esencial­mente un anhelo masoquista y se funda en la nece­sidad de simbiosis de la persona en cuestión. El masoquismo y el amor son dos cosas opuestas. El amor se funda en la igualdad y la libertad. Si se basara en la subordi­nación y la pérdida de la integridad de una de las partes, no sería más que dependencia masoquista, cualquiera fuera la forma de racionalización adop­tada.

Mandar sobre otra per­sona, cuando se pueda afirmar el derecho de hacerlo por su bien, aparece muchas veces bajo el aspecto de amor, pero el factor esencial es el goce nacido del ejercicio del dominio. No es el sadismo, algo similar al apetito de poder? La contestación es que, aunque las formas más destructivas del sadismo (cuando su fin es el de castigar y torturar a otra persona), no son idénti­cas a la voluntad de poder, ésta es sin duda la expresión más significativa del sadismo. En sentido psicológico, el deseo de poder no se arraiga en la fuerza, sino en la debilidad. Es la ex­presión de la incapacidad del yo individual de man­tenerse solo y subsistir. El término poder puede sig­nificar cada una de estas dos cosas: dominación o potencia. La impotencia, usando el término no tan sólo con respecto a la esfera se­xual, sino también a todos los sectores de las facul­tades humanas, tiene como consecuencia el impulso sádico hacia la dominación. El poder, en el sentido de dominación, es la perversión de la potencia, del mismo modo que el sadismo sexual es la perversión del amor sexual.

Dado que el tér­mino "sadomasoquista" se halla asociado con la no­ción de perversión y de neurosis, Fromm empleó la expre­sión carácter autoritario. Esta terminología se justifica, por cuanto la persona sado­masoquista se caracteriza siempre por su peculiar ac­titud hacia la autoridad. La admira y tiende a so­meterse a ella, pero al mismo tiempo desea ser ella misma una autoridad y poder someter a los demás.

La autoridad se refiere a una relación interpersonal en la que una persona se con­sidera superior a otra. Pero existe una diferencia fun­damental entre el tipo de relación de superioridad-inferioridad, que puede denominarse autoridad racional, y la que puede describirse como autoridad inhibitoria (amo y esclavo/ maestro y alumno). En el pri­mero representa la condición necesaria para ayudar a la persona sometida a la autoridad; en el segundo no es más que la condición de su explotación.

La Naturaleza Humana y el carácter.

La Naturaleza Humana y el carácter.
E. Fromm, Ética y psicoanálisis

Para Fromm la entidad fundamental del carácter no es un simple rasgo, sino la organización total del carácter, de la cual deriva una cantidad de rasgos de carácter singulares. La principal diferencia entre la teoría de Fromm y la de Freud es que no se considera como base fundamental del carácter a los varios tipos de organización de la libido, si no a los modos específicos de la relación de la persona con el mundo.
Así también menciona que en el proceso de la vida del hombre se relaciona con el mundo de dos maneras: 1) adquiriendo y asimilando objetos (proceso de asimilación) y 2) relacionándose con otras personas y consigo mismo (proceso de socialización). Estas orientaciones constituyen la médula del carácter. El carácter tiene, además, una función selectiva con respecto a las ideas y los valores de la persona, y es también la base para el ajuste de la sociedad. Por lo que distingue el carácter social y el carácter individual.
TIPOS DE CARÁCTER:
Las orientaciones improductivas
a) Orientación Receptiva: la persona siente que la fuente de todo bien se haya en el exterior y la única forma de lograr lo que desea es recibiéndolo de esa fuente externa.
· Se prendan de cualquiera que les ofrezca amor.
· Si están dotados de inteligencia son los mejores escuchas
· Los religiosos tienen un concepto de Dios de acuerdo con el cual esperan todo de él y nada de su propia actividad.
· Están siempre en busca de un auxiliar mágico.
· Se caracteriza por su gran afición a la comida y a la bebida.
· En sus sueños el ingerir alimentos es un símbolo frecuente de ser amado.

b) Orientación Explotadora: al igual que la receptiva su premisa es que la fuente de todo bien la encuentran en el exterior, sin embargo lo que hace la diferencia es que en el carácter explotador no recibe las cosas en calidad e dádivas, sino quitándoselas por medio de la violencia o la astucia.
Tendencia a robar y arrebatar en el terreno del amor.
No produce ideas las plagia o las parafrasea.
Carencia de originalidad
El cleptómano es su máxima expresión.
Se simboliza por la boca en la actitud de morder
Resalta en ellos la suspicacia, el cinismo, la envidia y los celos.
c) orientación acumulativa: esta orientación hace que la persona tenga poca fe en cualquier cosa nueva que pueda obtener del mundo exterior; su seguridad se basa en la acumulación y el ahorro, en tanto que cualquier gasto se interpreta como una amenaza.
Su avaricia se refiere tanto a dinero como a objetos
El amor para ellos es una posesión
Muestra lealtad a la gente y a los recuerdos
Pueden saberlo todo pero son incapaces de pensar productivamente
Es metódico en sus cosas, pensamientos y sentimientos (su método es rígido y estéril)
El exterior les representa una amenaza, por peligro a la intromisión
Su limpieza es compulsiva (necesidad de anular el contacto con el mundo exterior)
Amantes del orden y la puntualidad
Muerte y destrucción es mayor que vida y crecimiento
Sus valores más altos el orden y la seguridad.

D) orientación mercantil: orientación del carácter que está arraigada en el experimentarse a uno mismo como mercancía, y al propio valor como un valor de cambio. El principio de evaluación es el mismo en el mercado de las mercancías que en el mercado de la personalidad: en uno se ofrecen personalidades a la venta y mercancías en el otro.
El éxito depende en alto grado de cómo vende uno su propia personalidad, se experimentan a sí mismos como una mercancía, o más bien como el vendedor y la mercancía en venta.
Se siguen modelos de la vida cinematográfica.
La autoestimación del hombre depende de su éxito, si es exitoso es valioso, sino carece de valor.
Se percibe a sí mismo como una entidad independiente de la identidad de uno consigo mismo.
Sus frases: “soy lo que hago” “soy como tú me deseas”.
Busca su condición de identidad no en relación a sí mismo y sus capacidades, sino en la opinión que otros tengan acerca de él
No es capaz de preocuparse por aquello que es único y peculiar a cada uno.
Buscan profundidad en el amor individual
El pensamiento al igual que el sentimiento es determinado por la orientación mercantil. El pensar tiene la función de apoderarse de los objetos para manejarlos.
El saber mismo se transforma en mercancía, el hombre es enajenado de su propio poder, el pensamiento y el conocimiento se experimentan como instrumentos para el logro de resultados positivos.