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domingo, 15 de enero de 2012

Analisis de Sibil un caso paradigmático


Este trabajo que me daré a la tarea de desarrollar, abordaré aspectos específicos del tratamiento analítico que lleva a cabo la Dra. Wilbur. Me enfocaré a la dinámica de la transferencia, contratransferencia, y el manejo que hace de cada uno de estos aspectos en el proceso; sin dejar de lado antes, la descripción de Sibyl, que con claridad la autora deja ver desde el inicio, que su padecimiento es un trastorno de identidad disociativo, antes llamado trastorno de personalidad múltiple.

Sibyl, una chica “solitaria”, taciturna, confundida por perder la noción del tiempo y espacio, víctima de sí misma, atrapada en sus múltiples personalidades, encierra partes de ella misma en cofres cerrados para su consciencia, es presa de un desconocimiento profundo de su propio ser, atrapada en lo sabido no pensado.

Decidió olvidar el sufrimiento; bloqueando los recuerdos de aquella infancia con una madre enferma y sádica.

La historia con su madre es cruel, lastimera, que la desgarra de tal forma, que convierte su yo en fracciones de sí misma, en pequeñas versiones de su propio ser genuino (C. Bollas, 1989). Lo único que identifica son lagunas mentales.

En esas condiciones es como llega al consultorio de la Dra. Wilbur, una psiquiatra que comienza a desmenuzar y descubrir poco a poco el mundo simbólico de Sibyl. Los personajes, las habilidades, funciones de cada uno de ellos y lo simbólico de sus acciones.

“Quiero darle algo a alguien” es la demanda de Sibyl, ante la Dra. Wilbur, al expresar su deseo de enseñanza. ¿Será que en realidad quiere darse a sí misma los trocitos de su ser que le hacen falta? Eso es algo que se va desarrollando a lo largo del proceso.

En el momento de la evaluación neurológica, a Wilbur no le queda completamente claro su padecimiento. En la escena del hotel cuando Sibyl rompe el vidrio, la doctora se muestra desconcertada. Aun no descubre que Sibyl lo hacía como si fuera la única manera de contacto con una “base segura” (J. Bolwy, 1998).

Entre tantos misterios y recovecos, lo único que podía entender la doctora, es que Sibyl era una chica que sufría, con un gran dolor de no saber quién es, el dolor que le causaba no saberse hábil y capaz de tocar el piano, de pintar, de la imposibilidad de mantener contacto con otras personas, por el dolor que le provocaba ser tocada, un dolor que representa el miedo fóbico de ser tocada afectivamente.

Caso difícil el que se le ha presentado a la Dra. Wilbur; porque Sibyl es del tipo de paciente que no se presenta todos los días en un consultorio, pero tampoco es que esté tan alejado de lo que se conoce en las neurosis, ya que, cada paciente llega al consultorio con su propia realidad, y nos va mostrando partes de él mismo, poco a poco, hasta que por fin la neurosis de transferencia se establece. Sin embargo no podemos negar que, Sibyl era un caso que confrontó a la analista a entrar en el campo de lo desconocido y decidió acompañar a Sibyl en el camino de la integración. La Dra. Wilbur tenía la opción de no tomar el caso pero decidió seguir.

Pero pensando ahora en qué fue lo que la estimuló a seguir, considero que en ese aspecto el papel de la contratransferencia es determinante; esto lo analizaré más adelante.

Para adentrarme ahora en lo que es la transferencia de Sibyl, podemos ver que al inicio, aunque Sibyl no asistió al hospital por su padecimiento psicológico, y sólo asistió para que le atendieran la mano cortada. Al encontrarse con la Dra. Wilbur, encuentra en ella la posibilidad de entender qué es lo que pasa en su mundo interno cuando se desconecta de la realidad, qué pasa con esas lagunas que para ella son como quedarse dormida y cuando despierta lo que predomina, es una imagen de sí misma pobre e insegura. Su falta de estructura hace que la transferencia que establece desde el principio del tratamiento, es una transferencia invasiva, deposita su seguridad en la analista, desde el momento en que Vicky llama a la Dra. Wilbur para que salve a Sibyl de aventarse de la habitación de hotel. En ese momento simbólicamente es la prueba que hace Sibyl a la analista para comprobar si es capaz de rescatarla. Al percibir la respuesta de la analista durante todo el proceso Sibyl descubre poco a poco que tiene un espacio en donde puede expresar cada una de sus personalidades sin temor a ser rechazada.

Sin embargo, también existen momentos de resistencia, en donde uno de los más importantes, es cuando Sibyl le dice a la Dra. Wilbur que todo lo que ha expresado en el tratamiento es una farsa, resistencia que se presenta por el viaje de su analista; se hace presente entonces el sentimiento de ser abandonada por el único objeto (madre- analista) que hasta el momento, le había proporcionado la oportunidad de reconocer un espacio potencial que le permitiera la integración y llegar al espacio transicional, que le permitieran integrar a los objetos parciales. Ese es uno de los momentos cruciales del tratamiento, porque es ahí en donde la analista se mantiene firme, a pesar de la agresión, ella sigue presente y amorosa. Esa postura es la que derrumba las resistencias de Sibyl a avanzar y darse la oportunidad de la integración de todas sus partes, reconciliándose con ella misma y con las potencialidades que no reconocía.

Retomando ahora el papel de la analista a nivel de la contratransferencia, desde el momento de la evaluación, puedo decir que se percibe en la analista, cierta curiosidad en el caso, su deseo de saber qué hay detrás de esa imagen de una chica introvertida y seria. Parece que para la Dra. Wilbur, Sibyl significaba un caso a explorar. Sin saber que después le generaría fuertes deseos de protegerla, de cuidarla y de estar en todo momento que la necesitara.

Wilbur busca el consejo de una amiga, quien le dice que no puede fascinarse con el caso, y que tiene que comprender que ella no es la madre de Sibyl, ni de ninguno de sus personajes. Ella escucha con atención a su amiga, sin embargo decide explorar el caso bajo sus propios criterios.

Es en este caso, cuando comprendo la frase del Dr. Fromm cuando decía: “hay que aprender bien la técnica para luego olvidarla”, ya que la Dra. Wilbur a pesar de tener en claro el objetivo del tratamiento nunca sigue una técnica ortodoxa. Cosa que no critico del todo, porque a pesar de que su método no es convencional, obtiene resultados benéficos para la paciente.

Pero sin perder mirada de la contratransferencia; al final la Dra. Wilbur termina involucrándose afectivamente con Sibyl… pero, es que ¿esto se puede cuestionar? en realidad ¿no nos involucramos afectivamente con todos nuestros pacientes? Este es un tema de suma importancia, porque entramos en el terreno de la ética, de lo permitido y lo no permitido en el análisis. En este sentido, creo que, lo que pudiera parecer inadecuado, como por ejemplo, el modificar el encuadre, ver a la paciente durante horas, tener una actitud permisiva, de acercamiento físico, de darle de comer, etc. Son todas actitudes de una madre presente, afectiva, constante, nutricia, que brinda afecto, cuidados y que demuestra que a pesar de que se dejen de ver por algunos días, llegará a la sesión y la paciente sabrá que ahí está presente esa figura, de la que recibe gratificación. Como ese pecho ideal e inalcanzable. Es precisamente con todo esto, con lo que la analista logra que la paciente establezca un vínculo con una persona que no lastima, que sabe escuchar, que trata de comprender y que está presente.

Ante este resultado, como es que podemos criticar un trabajo que si bien es poco ortodoxo, tuvo en su momento con esa paciente muy buenos resultados. Señalo aquí, con esa paciente, porque tampoco podemos generalizar y pensar que esto funcione de la misma forma con todos los pacientes que tienen este tipo de trastorno.

En ocasiones nosotros los analistas, desde el mismo Freud, tratamos de encajar o encuadrar a los pacientes en las diferentes teorías. Pero me pregunto qué tanto funciona esto. Me parece que todas las teorías psicoanalíticas, son parte importante sí, son bases de nuestro trabajo, pero el conocimiento o manejo que se tenga de cada una de las teorías y la técnica, no es lo que en realidad nos hace psicoanalistas. Considero que eso se pone a prueba todos los días, con todos los pacientes y por supuesto no podemos generalizar las teorías y pensar que ahí está la respuesta al malestar de los pacientes. Nos da indicadores, nos podrá la teoría guiar en el camino, pero el instrumento más importante en nuestra práctica, somos nosotros mismos. Somos un instrumento que tenemos que pulir, que tenemos que cuidar y al que tenemos que confrontar con nuestros propios demonios internos. Es decir conocernos y nunca dejar a un lado lo que cada paciente nos hace sentir y cuestionarnos ese sentimiento en todo momento, para encausarlo a favor del análisis del paciente.

Es así como desde esta perspectiva, se deja ver, que la Dra. Wilbur siempre está pendiente de lo que pasa con ella, escucha atentamente y volviendo al punto anterior, se involucra, es cierto. Pero no deja de estar presente, de ver en pro del bienestar de Sibyl. Es ahí donde yo veo la diferencia, entre la disposición de estar y acompañar al paciente, y el involucramiento afectivo que en lugar de ayudar al paciente, se le encause por caminos y senderos del mundo objetal interno del propio analista, cometiendo iatrogenias que al final terminen afectando a la persona más de lo que era su motivo de consulta.

Es por eso que; considero que la Dra. Wilbur, hace un manejo de su contratransferencia digno de reconocer. Con su actitud ante el tratamiento, en particular me deja un mensaje muy importante; lo que nos hace diferentes en el trabajo analítico, de cualquier charla con un buen amigo; es que el analista conoce o se encuentra en el proceso de conocer su mundo interno, que no le es nada de lo humano desconocido, que el analista reconoce haber estado cerca de la propia locura, de la neurosis propia, muy cerca de actos perversos, pero también muy cerca de lo que Fromm llama biofilia, el amor a la vida y el interés genuino por los otros. Es decir el ser analista es más que una profesión, se convierte en un estilo de vida.

Poco se sabe de la vida personal de la analista en esta historia, lo que sí se deja ver es que es una mujer con amplios intereses, mismos que le permiten ser empática con su paciente. El conocimiento que tiene de música, pintura, la sensibilidad para poder ver a la paciente como una persona.

Es por eso que no me atrevo a criticar a la analista, porque ella hace que la teoría tenga sentido por la práctica y no por la teoría misma. Hace innovaciones al tratamiento con esa paciente, no sabemos de su trabajo con otros pacientes, pero seguramente su forma de trabajar es individual en cada caso.

Esa manera sensible y creativa es la que, nos cuestiona a cerca de la técnica. Forzosamente ¿nos tenemos que apegar a una teoría, que nos lleve paso a paso a resolver un caso? No lo creo así. Creo que nos debemos valer de todas las aportaciones analíticas de teóricos del psicoanálisis, que nos ayuden a ver y escuchar con claridad, pero la solución de un caso, cualquiera que se nos presente en el ámbito analítico, depende de la relación y el vínculo que se establezca con cada una de esas personas. El avance terapéutico pues, no es el resultado de una buena teoría; sino de, el establecimiento de la alianza terapéutica y el tipo vínculo que se establezca. De estar siempre presentes y conscientes de los fenómenos transferenciales y por supuesto desde mi punto de vista, los más importantes: los contratransferenciales.

Hasta aquí termino con este trabajo que más que una crítica al trabajo de la Dra. Wilbur, es una reflexión a cerca de nuestro papel como analistas, de cuestionar, que tan abiertos estamos ante nuevas posturas, y qué tan dispuestos estamos a innovar en el psicoanálisis. Sin clavarnos en la idea de que ya todo está escrito; no niego con esto que las bases están escritas, pero los fenómenos actuales y las nuevas formas de enfermedad que están surgiendo por los cambios sociales, necesitan de analistas preparados, creativos y sobre todo con un interés genuino por el otro y por la investigación.

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