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domingo, 15 de enero de 2012

Una mirada a la teoría de M. Klein


Es habitual en el ámbito clínico, recibir a individuos cuyo motivo de consulta se encuentra relacionado con problemas para establecer o mantener una relación amorosa. Esto me lleva a plantear algunas interrogantes: ¿qué pasa en la psique de estas personas, en relación a sus objetos internos? ¿Cómo se relacionaron con ellos? ¿Qué pasó con su primera relación de amor? Pero principalmente ¿qué se puede hacer para que logren cambiar a sus objetos internos y poder relacionarse con mayor efectividad con los objetos externos?

Cada vez que exploro este campo, en donde pareciera que los recuerdos se han difuminado en las personas, lo que queda es sólo la historia de sus relaciones, pero lo más importante, los sentimientos que nos proyectan a través de la transferencia y que nos hablan de lo que ellos conscientemente no recuerdan. Así en la historia y relación con los pacientes me he encontrado con sentimientos de dependencia, demanda, necesidad de poseer al otro, de dominarlo, angustia de separación, celos, miedo, etc. Es por eso que en este trabajo me daré a la tarea de responder a algunos cuestionamientos, a través de un caso clínico paradigmático. Bajo la teoría de Melanie Klein; quien después de Sigmund Freud y Ronald Fairbairn, entre otros, se convirtió en una de las precursoras de la teoría de las relaciones objetales.

Ante la pregunta de ¿qué pasa en relación a los objetos internos de las personas que establecen relaciones de pareja insatisfechas? Es muy difícil que un paciente hable en primera instancia con profundidad a cerca de cómo recuerda la relación con sus figuras paternas. Los únicos datos que dan son cómo se están relacionando actualmente y datos de la adolescencia o recuerdos de la infancia, en muchas ocasiones ni siquiera recuerdan esa etapa, a veces nos hablan sólo de lo que les han contado. Sin embargo, conforme se avanza con el paciente se puede llegar a tocar la relación con esos objetos internos de una manera profunda. Para ejemplificar estas palabras, a continuación, voy a relatar lo que un paciente me decía: “sabes, hay algo que creo que es importante y que había pensado estos días; primero recordarás que a mis padres les costó mucho trabajo tenerme, porque mi madre no quedaba embarazada, hasta después de cinco años que se casaron, mi madre logró embarazarse, así que siempre me ha dicho que fui un niño muy deseado. Pero hay un dato que había olvidado y que también me lo relató ella, y es que en el momento en que iba a nacer, cuando mi madre llegó al hospital, ya se le había roto la fuente, pero estando en la sala de espera, la enfermera le dijo a mi mamá que no podía dar a luz ahí y que esperara a llegar a la sala ginecológica, en ese momento en el que yo estaba a punto de nacer ya casi coronando, mi mamá dice que me regresé y que después ya no tenía contracciones y al final le tuvieron que hacer cesárea… esto lo asocio con un sueño que no te había contado pero que era muy repetitivo cuando era niño, soñaba que caía en un vacío muy grande en donde todo era oscuro y sentía que algo me jalaba, no sé por qué, pero siento que esos dos eventos están ligados” sic.

Cuando el paciente me hace este relato me hace pensar en primer lugar si el deseo de tenerlo era tan genuino de parte de la madre, ya que sabemos que en el fondo las mujeres que no pueden embarazarse a pesar de que físicamente están en condiciones favorables para hacerlo, existe el rechazo a quedar embarazadas, y en especial con este caso me hace mucho sentido, debido a que después en el momento del parto, cuando el bebé está a punto de nacer, lo que hace es regresar al bebé como si no quisiera que naciera. Obviamente estas son hipótesis que hago, sustentada en la historia del paciente con esta madre. Al inicio el paciente decía que cuando era adolescente pensaba que su madre era su mejor amiga… pero conforme se fue avanzando en el tratamiento, se encontraron cosas que daban indicios que la relación con la madre no era tan afectuosa como él creía. Al punto de reconocer que cada que tenía que pasar unos días en casa de ella, le aparecía un tipo de dermatitis.

Además un aspecto muy importante, es que en su desarrollo psicológico, él decide por el sendero esquizoide, su fijación es en la etapa oral de desarrollo y no logra llegar a la etapa depresiva. Utiliza entonces la escisión para crearse un mundo alternativo, con objetos de la realidad externa, construye un mundo en donde él sí es aceptado y querido, pero ese mundo no es humano. Su mundo se crea de personajes en donde él es el más poderoso. En el mundo de objetos reales, su comportamiento es bastante funcional a nivel de su desarrollo intelectual, pero emocionalmente no reconocía la capacidad de tener un sentimiento de amor por el otro, de hecho era algo que él tenía prohibido en su mundo alternativo. Elige también en su desarrollo sexual ser homosexual, aquí vemos también que el tema del narcisismo es muy importante, no es capaz de amar más que a las personas iguales a él.

Como podemos ver que este es un caso que muestra cómo la teoría de Klein recobra sentido y ayuda a ver con más claridad el mundo interno del paciente.

Con toda la información que se tiene, entonces podemos ver que definitivamente la madre de este paciente fue no fue generadora de afecto, al parecer, en la relación con la madre predominó la relación con el pecho frustrante, frío y perseguidor.

Tornando así la mirada hacia la primera relación con el objeto (parcial) pecho materno, de la que M. Klein en su artículo de “algunas conclusiones teóricas de la vida emocional del bebé” (1952) nos explica la manera en la que el bebé se relaciona con el pecho: la relación con el pecho bueno (gratificador) y con el pecho malo (frustrante y perseguidor). Nos explica Klein: “la relación es primeramente con un objeto parcial, porque las pulsiones oral libidinales y oral destructivas están dirigidas desde el principio de la vida hacia el pecho de la madre en particular… puede concebirse que en periodos de hambre y tensión, existe un equilibrio óptimo entre las pulsiones libidinales y agresivas. Este equilibrio se altera cada vez que debido a privaciones de origen interno o externo, las pulsiones agresivas son reforzadas. Esta alteración del equilibrio, es causada por una emoción: la voracidad. La cual es primeramente y sobre todo de naturaleza oral. Cualquier aumento de la voracidad fortalece las pulsiones agresivas”.

Ante estas afirmaciones de la autora podemos pensar en que la forma de relación que ha encontrado este paciente es a través de la voracidad, antes a que se iniciara el tratamiento analítico, él sólo había tenido una relación significativa. En esa relación el paciente se dio cuenta que estaba sintiendo amor por el otro, lo cual lo aterró, al grado tal que presento una crisis de ansiedad, que además lo estaba llevando al sendero depresivo, de reconocer de que en el fondo él no era lo que había pensado en su mundo alternativo, sino que en realidad era un ser humano.

Ante esta conclusión el paciente se comenzó a mostrar “demasiado demandante” (sic) con su pareja, lo celaba, constantemente le reclamaba porque sentía que no pasaban el tiempo suficiente juntos, etc. hasta que llegó el momento en que su pareja lo terminó porque la presión que ejercía sobre él era incontrolable. En ese momento el paciente cae en depresión, podríamos decir que era la primera relación de objeto real que estaba viviendo, con una persona que le estaba brindando atención, cuidados y cariño. Al final lo que hace el paciente es agredirlo con su voracidad, sin embargo ese objeto no logra permanecer a pesar de la voracidad y decide abandonarlo. Aquí el paciente vive nuevamente la sensación de abandono, lo que le genera un sentimiento de culpa por haber sido el causante de que la relación hubiera terminado. Esto me lleva a lo que M. Klein plantea sobre la culpa y los deseos de reparación.

En el paciente solo predomina la culpa y la depresión y la autodestrucción, ya que comienza a tener relaciones fortuitas, carentes de afecto y en una de ellas se infecta de VIH. Al final regresa al sendero de lo esquizoide, del deseo de querer destruir al objeto, que como ya está internalizado, se ataca a sí mismo para hacerle daño. Así es como llega a consulta, aparentemente con un motivo muy nimio y racionalizado que de fondo explicaba el miedo profundo de acercarse cada vez más al camino que se había trazado desde su infancia, que era hacia lo muerto.

Con esto recuerdo el concepto de Freud de la compulsión a la repetición que en “pulsiones y destinos de pulsión”, nos dice que estas personas buscan constantemente el objeto con el que se relacionaron desde la lactancia, explica que lo reprimido intenta retornar al presente, en forma de sueños, síntomas, actuar: [...] lo que ha permanecido incomprendido retorna; como alma en pena, no descansa hasta encontrar solución y liberación.

Regresando a Klein podemos ver que el sentimiento de amor está relacionado con el pecho bueno gratificador y que a su vez le ayudan a contrarrestar la ansiedad persecutoria, los sentimientos de pérdida y persecución; podemos entender entonces que el amor es un sentimiento que se genera de la presencia del pecho que nutre, que brinda seguridad, que está presente. Cosa que en el caso del paciente, no existió, parece que lo que vivió el paciente fue la presencia de una “madre muerta” (André Green, 1980).

En este sentido, cómo intervenir con este paciente para que logre encontrar la búsqueda de ese pecho gratificante, cuando el objeto que ha internalizado es frustrante. En el trabajo de Klein de “envidia y gratitud” cita a Freud cuando expresa que: “la labor del analista, es de construcción, si se prefiere, de reconstrucción, se asemeja en gran parte a la del arqueólogo que excava una casa o un edificio destruidos y soterrados. Ambos procesos son en realidad idénticos, salvo que el analista opera en condiciones más favorables y tiene a su disposición más material auxiliar, dado que sus esfuerzos no se concentran en un objeto destruido, sino en algo todavía vivo, y quizá lo favorezca así mismo otra razón que ya consideremos… hemos dicho que el analista trabaja en condiciones más favorables que el arqueólogo, porque dispone también de un material que no tiene símil alguno en las excavaciones, como, por ejemplo, la repetición de reacciones que datan de la infancia y todo lo que en relación con tales repeticiones emerge a través de la transferencia.. Todo lo esencial se ha conservado; aún aquellas cosas que parecen completamente olvidadas, subsisten de alguna manera y en alguna parte, hallándose sólo soterradas e inaccesibles al individuo”.

En este sentido, puedo relatar que la transferencia que el paciente hace desde el inicio es una transferencia invasiva y de rechazo, es decir una transferencia negativa con el pecho frustrante y malo. Debido a que en su expectativa de analista él deseaba estar con un analista varón y de más edad, después reconoce que se siente muy cómodo en la relación y considera que fue una buena decisión el haber permanecido en análisis a pesar del género y edad de su analista. Inicia el proceso de una transferencia idealizada, el paciente se comienza a sentir confiado, en los sueños que manifiesta es evidente el progreso hacia lo transicional. A través de la relación analítica poco a poco encuentra un espacio en el que se puede sentir confiado y libre de expresar lo que siente, sin ser rechazado y/o abandonado.

Es así cómo a través del análisis de la transferencia que podemos encontrar información acerca de la manera en que viven en él sus objetos internos, es a través de el proceso analítico entonces en donde podrán encontrar la posibilidad de reconstruir sus objetos y encontrar dentro de sí mismos ese objeto gratificador, por medio de una identificación proyectiva con el analista, que puede ejercer la función de pecho bueno, gratificador, tolerante a las agresiones y también frustrante, que marca límites y que por medio de ellos da seguridad.

La respuesta parece notarse sencilla, pero en realidad para llegar a este resultado, requiere de una labor de largo tiempo y de adentrarse en lo más profundo del inconsciente del paciente, como ese arqueólogo que busca con curiosidad, con paciencia, con constancia y con mucha atención a lo que se presenta, con la capacidad de limpiar poco a poco lo que encuentra y entender sus orígenes.

Hace poco en un congreso la psicoanalista Deidre Johnson decía: “para poder amar, hay que perdonar al otro por lo que no es, y por lo que uno quisiera que fuera”. Con esto trataba de explicar que siempre ante la búsqueda de ese objeto perdido, en el enamoramiento lo que pasa es que al inicio se depositan en el objeto todas las características del padre o la madre, y que cuando se da cuenta de que no es ni la madre ni el padre, se llega a odiar al objeto y para poder amarlo tiene que existir el perdón. Hablaba de que nuestra labor como analistas es trabajar con los objetos internos del paciente para que en la medida que los modifique internamente, logre hacer cambios significativos en la forma en que establece sus relaciones amorosas.

Esto me lleva a pensar lo que Klein plantea a cerca de los procesos de escisión en relación con el objeto; ya que entramos en el campo de la ambivalencia entre el amor y el odio por el objeto. Debido a que para trabajar con los objetos internos, es necesario trabajar con las defensas del paciente, en las que la escisión, la idealización y la negación juegan un papel importante en las relaciones.

Cuando Klein expresa que: “el yo es incapaz de escindir al objeto –interno y externo- sin que se lleve a cabo una escisión correspondiente dentro del yo mismo. Por lo tanto, las fantasías y sentimientos respecto al estado del objeto interno, influyen vitalmente en la estructura del yo… en estados de gratificación prosigue, los sentimientos de amor se dirigen hacia el pecho gratificador, mientras que en estados de frustración el odio y la ansiedad persecutorias se ligan al pecho frustrador. La idealización es el corolario del temor persecutorio, pero surge también del poder de deseos instintivos que aspiran a una gratificación ilimitada y crean por tanto, el cuadro de un pecho inagotable y siempre generoso, un pecho ideal”.

Es así como a través de la historia y el trabajo analítico que se ha hecho con este paciente es una muestra de la escisión del yo, en donde el paciente a través de la creación de ese mundo alternativo buscaba la gratificación del pecho inagotable y siempre generoso, cuando la realidad se le presentaba todo el tiempo frustrante, sólo encontró ese camino. Ahora en lo que ese está trabajando es en que, a través del análisis se siga construyendo ese espacio que el analista como representante del pecho bueno, que también frustra, pero siempre está presente, logre permanecer en el espacio de lo transicional que le permita encontrar una forma diferente de relación. Que logre encontrar a ese objeto perdido: el pecho bueno generador de amor.

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