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domingo, 2 de septiembre de 2012

Repercusiones psicológicas del Incesto



Algunos autores, como Sigmund Freud, dedicaron parte de su investigación al tabú del incesto. No obstante se encuentran algunas excepciones históricas a la prohibición universal del incesto: Tenemos los casos de las monarquías del Antiguo Egipto (véase, por ejemplo, la biografía de Cleopatra).
Sin embargo existen ciertas culturas y sociedades en las que las relaciones incestuosas son una práctica social común y aceptada. Este es el caso del Tíbet, donde varios hermanos pueden compartir la misma esposa. Sin embargo la mayoría de las legislaciones del mundo consideran (por alguna razón o tabú) el incesto como delito, aunque sea practicado con "consentimiento mutuo" entre mayores de edad. Las sanciones prescritas en este caso oscilan desde el castigo severo hasta el repudio social sin mayores consecuencias para el individuo.
Se puede inferir que uno de los motivos de la prohibición del incesto en las culturas es que los seres humanos que nacen como fruto de una relación incestuosa corren un mayor riesgo de desarrollar problemas físicos relacionados con la tenencia de cargas genéticas paralelas. Así también, otro de los aspectos destacados acerca del origen del tabú del incesto es el relacionado con la alteración de las relaciones sociales o de la armonía social intrafamiliar. Respecto a este punto se entiende que el incesto supone la confusión de los roles sociales e incluso la alteración de las relaciones jerárquicas dentro del grupo (por ejemplo, la ocupación del rol de padre y marido al mismo tiempo).
Adentrándonos en nuestro campo de la psicología, Freud en Tótem Tabú, hace un análisis muy interesante sobre los aborígenes australianos, quienes son considerados como una raza aparte sin relación alguna ni rasgo común con ninguna otra tribu de otras islas o continentes más cercanos. En este artículo de Freud nos describe que sus costumbres no incluyen la construcción de viviendas sólidas, no cultivan la tierra e ignoran el arte de la alfarería. Se alimentan de carne de animales salvajes y de raíces que encuentran a su paso. Viven en grupos pero no tienen ningún jefe y los problemas son resueltos en Asambleas de hombres adultos.
Es difícil atribuirles algún culto que responda a la adoración de algún ser trascendente.
Teniendo en cuenta estas características de su cultura se puede esperar que con respecto a la sexualidad no observen ningún tipo de restricción ni tabú.
Sin embargo, es curioso que en estas tribus imponen una rigurosa prohibición a las relaciones sexuales incestuosas.
Las tribus australianas se dividen en grupos y cada uno de ellos lleva el nombre de un “tótem” que puede ser un animal, una planta o un fenómeno atmosférico, como la lluvia, el cual se relaciona con el grupo.
Este “totem” no es un ícono sino que se encuentra en la realidad y represente el antepasado de ese grupo, encargado de protegerlos de cualquier daño; y todos los individuos que tienen el mismo “tótem” tienen la obligación de respetar su vida, abstenerse de comer su carne o aprovecharse de él en alguna forma. De esta forma la subordinación al “tótem” es sagrada y castigada si no se cumple.
En casi todos los grupos que comparten el mismo “tótem”, sus miembros no deben tener relaciones sexuales ni casarse entre sí. Siendo la violación a esta ley de exogamia vengada por la tribu como si se tratara de un peligro que amenazara a esa comunidad y penalizada con la muerte de ambos amantes.
No obstante, si ambos logran evadir por un tiempo prudencial la persecución, la sanción puede ser dejada de lado. Esta prohibición se extiende a los amores ocasionales que también son considerados merecedores de la pena de muerte.
Si un hombre se casa con una mujer cuyo clan tiene otro tótem, los hijos heredarán el tótem de la mujer, por lo tanto un hijo varón no podrá tener relaciones con su madre ni con su hermana, prohibiendo también al hombre cualquier unión con miembros del mismo grupo, que pueden llegar a tener varias mujeres de otros clanes.
Las hermanas no pueden acercarse ni hablar con sus hermanos y las madres de hijos varones después de la edad de la pubertad tampoco, incluso si deben servirle una comida la ponen a sus pies sin dirigirle la mirada.
La prohibición más extendida y rigurosa es la relación sexual entre yerno y suegra que puede provocar la destrucción de dos familias.
La prohibición del incesto, todavía vigente, induce al individuo a sustraerse de la atracción que le produce su madre (proceso natural del complejo edípico) y obliga al hijo a liberarse de una condición infantil y de un complejo neurótico.
Las tribus primitivas debían preservar su integridad y asegurarse la cooperación de todos sus miembros y el tabú del incesto elimina las relaciones que pueden ocasionar actos violentos y rivalidades que en definitiva pueden desintegrar el grupo.
Actualmente, el tabú del incesto existe en todas las sociedades y existen leyes que lo respaldan, aunque su cumplimiento sea menos riguroso que en las sociedades tribales, ya que en los casos que se registran violaciones el mayor porcentaje se produce dentro de una misma familia.

Un dato curioso es que en la ley mexicana en el Artículo 272 dice lo siguiente: Se impondrá la pena de uno a seis años de prisión a los ascendientes que tengan relaciones sexuales con sus descendientes. La pena aplicable a estos últimos será de seis meses a tres años de prisión. Se aplicará esta misma sanción en caso de incesto entre hermanos.

Esto es el resultado de una sociedad que tiene una doble moral, de una sociedad asustadiza de lo que pasa en todo el mundo, pero cuando se trata de la propia familia mexicana todo debe mantenerse en secreto, se deben cuidar la apariencias ante los demás, es por eso que el objetivo del siguiente trabajo es explicar en primer lugar la dinámica que se da dentro de una familia en la que se vive el incesto, para poder así comprender el papel que desempeña cada uno de los integrantes, ya que aunque se pensara que por lo regular los protagonistas son solo dos personas dentro de la familia, los demás aunque antagónicos tienen un papel participante.
El segundo punto en el que tratare de enfatizar  es en el análisis de los efectos que tienen en una persona el haber vivido como amante de  un miembro de la familia, ya sea el padre, la madre, el tío, el hermano etc. Por lo tanto antes de continuar quisiera mencionar la definición del diccionario de psicoanálisis de E. Roudinesco y P. Michel quienes lo describen de la siguiente manera:

“Se llama incesto a una relación sexual sin coacción ni violación entre consanguíneos o padres adultos (que hayan alcanzado la mayoría d edad legal), en el grado puntualizado por la ley propia de cada sociedad: en general, entre madre e hijo, padre e hija, entre hermano y hermana. Por extensión, la prohibición puede extenderse a las relaciones sexuales entre tío y sobrina, tía y sobrino, padrastro e hija, madrastra e hijo, madre y yerno, padre y nuera”.
Desde este concepto se puede reconocer que para que el Incesto como tal se lleve a cabo, ambas partes tienen que estar de acuerdo, no existe una obligación o amenaza en ninguno de los que lo practica. Esta es la diferencia que podemos encontrar en cuanto al abuso sexual infantil, ya que de forma genérica, se considera “abuso sexual infantil” (o pederastia[]) a toda conducta en la que un menor es utilizado sin su consentimiento como objeto sexual por parte de otra persona con la que mantiene una relación de desigualdad, ya sea en cuanto a la edad, la madurez o el poder.[ ]Se trata de un problema universal que está presente, de una u otra forma, en todas las culturas y sociedades y que constituye un complejo fenómeno resultante de una combinación de factores individuales, familiares y sociales. (...) Supone una interferencia en el desarrollo evolutivo del niño y puede dejar unas secuelas que no siempre remiten con el paso del tiempo.

Entendido de de esta forma, el abuso sexual se puede dar dentro de las familias, pero también fuera de ellas, sin necesidad que exista algún lazo de consanguinidad. Ya que el abusador, puede ser desde un vecino, un amigo de la familia, un maestro, etc.

Lo anterior citado deja ver con mayor claridad la diferencia entre ambos casos, sin embargo en muchos de los casos para que el incesto se lleve a cabo, existe en primera instancia una seducción por parte de uno de los miembros de la familia hacia un menor                que tiene a cuidado, trata de llevarlo por un laberinto oscuro prometiéndole una salida llena de sorpresas, y cuando ya está dentro de ese laberinto se da cuenta de que se encuentra demasiado perdido para encontrar la salida, por lo que prefiere quedarse ahí, porque tal vez es la única forma de amor conocida.

Dentro de las familias incestuosas se desarrolla un cierto patrón de conducta común, que a lo largo de mi corta experiencia con pacientes, tiene un común denominador que es el “silencio”, en estas familias siempre hay algo que ocultar un “secreto” que no se debe revelar, aparentemente son familias en las que no existe nada fuera de lo común, ante todos son funcionales y a veces hasta familias “ejemplares”, porque lo que sucede ni siquiera entre los mismos miembros se habla, y si se llega a hablar del tema resulta aberrante, tanto que prefiere ocultarse hasta de ellos mismos. Viven en la negación total, y hasta podría decir que viven una vida escindida. En donde de día se actúan los roles como corresponden y por la noche en la oscuridad, los papeles de hijo (a), cambian al de esposo o esposa.

 Hablemos de una familia en donde los protagonistas son el padre y la hija, en nuestra  cultura podemos identificar rápidamente cuando la mujer se queda callada, aparentando que no sabe nada de lo que pasa, por miedo a que el esposo deje de mantenerlos, se siente tan indefensa, tan poca cosa, que  se cree incapaz de poder trabajar, y ser ella misma proveedor de las necesidades de la familia. Esta es la  más sencilla explicación que le podemos dar, sin embargo yo me pregunto, qué es lo que pasa con las familias en que ambos padres trabajan y en donde la mujer es autosuficiente y a pesar de ello acepta inconscientemente esta situación? Es una pregunta difícil de contestar, porque no solamente aquí se presenta el factor económico, sino también otros factores como el factor social, el cultural y por supuesto el papel que juega la psicopatología de estas familias.  En donde desde mi punto de vista podemos identificar dos factores determinantes: 1) es la carencia de límites y 2) la represión ocasionada por la rigidez en las normas familiares que llevan la mayoría de las veces a la ambivalencia y a la incongruencia. Ya que comienzan a confundirse las funciones en la mente del niño o adolescente, no comprende el rol que desempeña, y acepta sexualmente al padre o a la madre, como un cumplimiento del deseo edípico. De lo contrario explicando el segundo punto podemos llegar a la conclusión que ante la rigidez y control que se vive en algunas familias, se fomenta el deseo entre los miembros, como los hermanos de la familia de la película del castillo de la pureza de Arturo Ripstein, en donde la locura del padre provoca que los dos adolescentes con el deseo a flor de piel llegaran a cometer incesto. Pero como no hacerlo, si no tenían ningún otro objeto sobre el cual volcar su libido.

Análogamente a lo que pasa en la tragedia Griega de Edipo, en realidad él ignoraba que Yocasta era su madre, y al enterarse de la realidad le causa terror de sí mismo. Es exactamente lo mismo que sucede dentro de ese tipo de familias, o por lo menos con el afectado, viven el incesto como si fuera algo común, lo entienden como algo permitido que además es placentero, ya que en ocasiones lo entienden como la única oportunidad que tienen de ser amados, más aún cuando viven violencia intrafamiliar por cualquiera de los padres.  En el caso de los hijos o hermanos que viven en incesto, al darse cuenta de que la realidad en la que se encuentran no es aceptada, sino lo contrario, es repudiada y castigada por las leyes, se enfrentan al  mismo terror que Edipo, y muchas veces para no sufrir las consecuencias inevitables que llevan al derramamiento de sangre se quedan callados.
El incesto es algo real, que existe en un número impresionante de familias, y ya no es de admirar en la consulta cuando se atiende a una persona que nos confiesa con tan delicada precaución su máximo secreto, en donde podemos sentir su dolor lleno de culpa, por haber aceptado a cualquier miembro de la familia como amante. Sin embargo en el análisis de estos casos podemos ver cómo toda la familia se encuentra involucrada, unos más que otros. Puede que el padre haga algo tan evidente como convertir a todas sus hijas en su harem particular, y la madre se convierte en el espectador de ese drama y en el papel de abnegación acepta sin miramientos la autoridad del “macho” que es quien pone las reglas y es dueño de todas esas vidas mostrando una supremacía que afecta a todos.

Cuando una niña llega a la adolescencia aceptando el papel que se le ha sido asignado, las repercusiones son graves, el “self se ve fisurado”, se ve dañado al grado de necesitar constantemente del reconocimiento y la aceptación de los demás, se muestra dispuesto a todo con tal de obtener de lo que se encuentra hambriento. En ocasiones hasta la imagen corporal se ve afectada. Además de desarrollar un yo debilitado, con pobres recursos para la defensa ante el peligro.

Para quiero citar un caso de una joven de 23 años, su madre acude con ella y refiere que busca una cita, se le asigna y el día de la primera sesión asiste la madre de la chica, mencionando que en realidad la consulta que desea es para saber que puede hacer con su hija, ya que tiene mucho miedo a que sea lesbiana, al comenzar con la entrevista la señora termina diciendo que su hija ha tenido relaciones sexuales con su padre desde los diez años, y que cuando ella se enteró se enojó mucho, pero no podía hacer nada porque “quien los iba a mantener”, pero en realidad esta mujer de lo que  tenía miedo era que la preferencia sexual de su hija cambiara ya que al hacerlo dejaría de ser la amante del padre y en su fantasía dejaría de proveerles económicamente lo necesario para poder vivir. Al ver a la chica, físicamente parecía una adolescente de quince años, como si su cuerpo hubiese protestado de esa forma, quedándose estancado en el cuerpo de una niña, con la finalidad de no provocar más el deseo del padre.

Este es un ejemplo como muchos que se pueden citar, pero no pretendo que esto se convierta solo en un análisis de casos, lo utilicé para ejemplificar cómo las repercusiones del incesto, no son solamente psicológicas, también son físicas y sociales.  
En tótem y Tabú Freud describe lo anterior con claridad de la siguiente forma:
El psicoanálisis nos ha demostrado que el primer objeto sobre el que recae la elección sexual del joven es de naturaleza incestuosa condenable, puesto que tal objeto está representado por la madre o por la hermana, y nos ha revelado también el camino que sigue el sujeto, a medida que avanza en la vida, para sustraerse a la atracción del incesto.

Ahora bien: en el neurótico hallamos regularmente restos considerables de infantilismo psíquico, sea por no haber logrado libertarse de las condiciones infantiles de la psicosexualidad, sea por haber vuelto a ellas (detención del desarrollo o regresión). Tal es la razón de que las fijaciones incestuosas de la libido desempeñen de nuevo o continúen desempeñando el papel principal de su vida psíquica inconsciente. De este modo, llegamos a ver en la actitud incestuosa con respecto a los padres el complejo central de la neurosis…

Cuando la actitud incestuosa se vive y no sólo se fantasea podría rebasar los límites de la neurosis y entrar en el campo de la psicosis, porque como mencionaba anteriormente, la situación del incesto dentro de la familia se vive como una realidad diferente a los demás, como una realidad que necesita ocultarse mediante la negación de su existencia.  Por lo que la persona implicada en ello sufre un desequilibrio mental que la puede llevar a la desestructuración de la personalidad. Provocando trastornos de la personalidad como el limítrofe o el narcisista. O bien como lo menciona Joyce Mcdougall en su libro “Teatros de la Mente” el sujeto llega a ser el inventor de una sexualidad diferente, dirigiendo a su libido hacia cualquier objeto o sujeto que le hagan desviar la atención del deseo incestuoso. “El hijo incestuoso, intenta ocupar el lugar del padre árabe. Se disputan el espacio materno, en su infancia real, el padre amenaza al hijo con su gran falo, que al mismo tiempo representa el objeto con el que ha de castrarle… el hijo a través la invención de una sexualidad diferente (perversa), logra vencer  a su perseguidor interno, se libera de él y de su propio analista, al mismo tiempo se libera de la madre que castra y abandona…”

Desde esta misma línea, el paciente que ha vivido el incesto, tiene dificultades para poder relacionarse con las figuras del sexo opuesto, llegando a castigarlas del placer por medio de disfunciones sexuales, como la eyaculación precoz, la impotencia, la frigidez, el vaginismo, entre otros.
Esto en castigo hacia el objeto primario por el que fue usado sexualmente en la infancia. Sin embargo no solo es castigo hacia el objeto, sino hacía sí mismos, ya que al sentirse participantes de ese acto, se desarrolla en estas personas un sentimiento de culpa que los lleva a la autoflagelación que los lleva a cometer actos masoquistas.

Todo lo anterior es poco de lo mucho que se puede hablar sobre este tema, que genera tanta controversia y que pareciera tan oculto pero a la vez tan presente en la sociedad, porque no solo se desencadena por factores psicológicos, sino también por factores sociales que tienen que ver con la pobreza y la carencia de educación. Generado muchas veces por el hacinamiento de morada, en familias de bajos recursos que no tienen más que un cuarto para poder vivir y que además por la pobre educación sexual las parejas tienen un gran número de hijos a los que es casi imposible manejar.

Por lo que puedo concluir que las repercusiones psicológicas del incesto afectan no solo a los involucrados, sino al grupo con el que se relacionan, en especial a las parejas hasta llegar a los hijos, cuando se llega a formar una familia.

Jenny Hernandez

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