¿El ser ante la nada?
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Martín Heidegger en el psicoanálisis
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Elizabeth Jenny Hernández Ramírez
Mtra. Psicoanálisis.
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Agosto,
2012
“La angustia es la disposición fundamental que nos coloca ante la nada”
Heidegger, M.
Este
trabajo es un acercamiento a la teoría que elabora Heidegger a cerca de la
“angustia ante la nada” y la teoría de la “angustia” desde el punto de vista
del psicoanálisis Freudiano.
Heidegger
enfoca su investigación en el estudio de un solo ser, a diferencia de
Husserl, no se interesaba por los demás entes, ya que para este filósofo solo
son cosas útiles, instrumentos de los que el ser hace uso.
A
este ser lo denominó “Dasein” del
que se interesó no solo como un ser estático sino como un ser en el tiempo, que
a la vez, es el tiempo.
Temporalidad
por lo tanto, es la trascendencia inmanente; y la historia es infinito el
trascenderse del ser en su infinito
determinarse, y es el trascenderse del Dasein
en momentos sucesivos.
La
región ontológica que preocupa a
Heidegger es la de la existencia humana. Así el único ser que puede plantearse la pregunta del ser mismo es el Dasein. De esta manera realiza un
análisis del ser-ahí (ser en el
mundo) y como parte del tiempo y del mundo un ser que está destinado a morir.
Pero, ¿a qué se refiere Heidegger cuando habla de
la angustia del ser? en primer lugar
hace una diferencia entre la angustia y el miedo, para él, el miedo se ofrece
siempre que haya un objeto que nos asusta, en cambio la angustia es
indiferenciada, y cuando nos angustiamos entonces, nos angustiamos ante la
nada.
Ante
esta angustia el hombre, trata de hacer cosas que distraigan la atención de
sí mismo, que distraigan su atención
ante lo inminente que es el ser parte del mundo y por lo tanto ser parte de la
muerte. La mente del hombre se dispersa
en la preocupación por las cosas y en las solicitudes de la vida inauténtica y
trivial. Se “evade” de la conciencia de su verdadero ser, de la
nada que lo acosa, lo asedia y lo constituye.
El
hombre tiene miedo de conocer toda la verdad de sí mismo y por ello trata de
olvidarse «saliendo fuera», en las cosas y en la vida diaria. Retirarse del sí.
El Dasein busca el rescate del mundo
liberándose de la preocupación por esto o aquello.
Las cosas no atraen: la totalidad del ser está
presente, pero en un abismo de indiferencia, en que los seres y los
acontecimientos se hallan confundidos: sin méritos y sin atractivos. Enfrentándose
a su única realidad a la realidad de la angustia ante la nada.
Pero
¿qué significa “la nada” para Heidegger? En realidad es complicada la
explicación, pero se presenta, ante el saber, que el ser está en el mundo, ocupando solamente un lugar en el tiempo,
pero en realidad no es nada, ni debe esperar nada, porque desde el principio de
la vida y hasta el final está destinado a la muerte.
En
este sentido podría asemejarse un poco a lo que Freud afirmaba sobre la
angustia. Haciendo un extracto de su teoría sobre la angustia, podemos afirmar
que para Freud la angustia es propia del Yo, existen también tres clases de
angustia, la real (que para Heidegger es el miedo), la neurótica y la de la
conciencia moral, que son referidas a las
tres dependencias psíquicas el yo, el ello y el superyo, respectivamente. La
función de la angustia entonces pasa como “señal anunciadora de una situación
peligrosa” y que provoca la represión (es decir el no actuar).
Para Heidegger podemos ver que el peligro podría consistir el
enfrentarse a la muerte y la represión se representaría en la caída, es decir, en ocuparse de las cosas mundanas sin hacer
caso a la nada, a la idea de muerte.
Freud en cambio afirma: “todas las condiciones de angustia, repiten en
el fondo la situación de la primitiva angustia
del nacimiento, el cual significaba también una separación de la madre. El peligro de desamparo psíquico concuerda con el
estadio de la falta de madurez del yo; el peligro de la perdida de objeto (o perdida de amor) concuerda con la falta de
autosuficiencia de los primeros años infantiles; el peligro de la castración concuerda con la fase fálica;
y por último, el miedo al superyo concuerda
con la época de latencia".
Freud se
pregunta reiteradamente ¿qué es realmente lo peligroso? y responde con su
hipótesis del factor traumático:
"Lo temido, el objeto de la angustia, es cada vez la aparición de un instante traumático que no puede ser
tratado según las normas del principio del placer" (con este instante
traumático Freud se refiere, a los instantes en los que el niño siente la
pérdida del objeto de amor y de deseo, es decir, el objeto-madre [fort-da]).
Regresando
a la pregunta anterior, de ¿qué es para Heidegger la nada? podría afirmar que
desde el punto de vista psicoanalítico, “la nada” representa al “desamparo” del
ser ante el mundo, ante sí mismo. Así los entes que se presentan ante los ojos
no son más que otros seres que son parte del tiempo y ocupan un espacio en el
mundo.
Este
sentimiento de desamparo podría
presentarse por saberse con “la libertad de elección” que desde Sartre podemos
entender como la capacidad para elegir las cosas del mundo. Pero entonces, podríamos
decir que, así como lo afirma Heidegger ¿el ser se angustia ante la nada? O
bien, ¿se angustia ante la posibilidad de todo?, parece que se angustia ante lo
consabido, que es la “muerte” como parte de la vida misma.
Si para
él desde que nacemos la idea de muerte está presente, confirma el factor
traumático de desamparo en el mundo que implica una pérdida constante del
objeto, descrito por Freud. “al nacer se
inicia realmente el proceso de muerte”.
"Lo
esencial en el nacimiento como en toda situación de peligro, es que provoca en
la vida anímica un estado de gran
excitación, que es sentido como displacer y que el sujeto no puede dominar con
su descarga".
Pero paradójicamente,
el hombre conquista su propio ser en la angustia, donde halla de nuevo su autenticidad.
Así como el deseo es el correspondiente emocional de la caída, la angustia es
el sentimiento de la redención.
La angustia rescata al
hombre del mundo, es la recuperación de la existencia, de la libertad original
o del sentido originario.
Para huir de la
angustia reveladora de la nada, se cae en la mundanidad; y para rescatarse de
la dispersión, se entra en la conciencia del sí mismo.
Con la angustia el dasein volatiliza las cosas, capta el
sentido infinito de sus posibilidades, la esencia de su existencia. La angustia
inmoviliza la palabra, da un sentido incomparable de totalidad. El universo
retrocede ante ella y se revela inestable, suspendido. Convierte al mundo de los instrumentos en “útiles”.
En la angustia, las
cosas del mundo pierden, de pronto, su importancia: el hombre no se preocupa ya
de ellas. Todas las preguntas que antes le preocupaban (¿por qué esta cosa y no
otra?, ¿por qué tengo que perseguir un fin antes que otro?, ¿por qué no hay
algo y no nada?) ya no le interesan.
¿Se puede decir que el ser no se encuentra ante la nada, sino
que es en sí la nada? La angustia revela
al ser y revela su nada como autenticidad de su existencia.
Es entonces a través de
la nada que el ser puede tener un
encuentro consigo mismo. Lo rescata de
la trivialidad de la vida mundana, le hace hallar su propio destino, el propio,
el de todos y el de la existencia. Este vértigo del vacío, este hundirse del
ser en la nada es la angustia liberadora y que da la autenticidad. No es pues
que la angustia desaparezca lo que existe; lo que existe es como antes. Pero,
en la angustia, lo que existe ya no interesa. Las cosas existentes siguen
siendo las mismas, pero para el ser se hunden en la insignificancia. Es decir
todas las cosas son como antes.
La angustia revela la
originaria libertad del ser y el sentido originario de la temporalidad. Para
Heidegger, la temporalidad es esencial para el ser: como ya se había
mencionado: el ser es el tiempo. Pero
el tiempo originario es distinto del
tiempo mundanizado de la vida trivial, que es la sucesión de pasado, presente y
futuro, tres momentos, cada uno independiente del otro. El tiempo originario, en cambio, es la compenetración de pasado,
presente y futuro: el Dasein anticipa en el “presente” sus propias
posibilidades ulteriores y por eso, en cierto modo se convierte en el futuro y
en el pasado.
El tiempo es infinito
en el sentido de que nunca tendrá fin, pero en sí mismo es finitud. El futuro,
presente en todo presente, después de que acompaña a cada ahora, indica que el
presente es incompleto, inconsistente: revela la esencia de la existencia y del
tiempo, que es la de no bastarse a sí mismo, la de ser trascendencia y finitud.
La remisión, propia de
la historia, es el valor de la historia: la historia, como devenir, es sucesión
de acontecimientos.
Cuando, con la
angustia, volvemos, desde las cosas, a entrar en nosotros mismos, ya no tenemos
el sentido del tiempo que nos remite al infinito, sino el sentido del tiempo originario, en el que captamos la
autenticidad de la existencia. Como temporalidad, nuestra existencia,
dispersada por la “cura” (el cuidado), pasa de una cosa a otra, se concentra en
el presente, cargado del pasado y del futuro anticipado por sus intereses
actuales, es decir es una situación que va hacia un “proyecto”; como tiempo
originario, se concentra en el futuro, se proyecta hacia adelante y descubre su
inconsistencia, su ser para la nada y para la muerte.
El pasado también está
presente en el futuro: la muerte ratifica el nacimiento, la condena inicial de
la situación. En el tiempo originario el hombre define su destino (en otras
palabras, como Freud lo decía: “infancia es destino”).
La voz de la conciencia
le dice que lo acepte: el hombre que la escucha hace del destino su voluntad.
La voluntad, frente al destino, no puede sino aceptarlo o sufrirlo. Cada Dasein está colocado en un horizonte de
“poder ser”, en un destino cerrado: la vida es el desarrollarse de una
Necesidad.
Esta postura converge
con uno de los más importantes descubrimientos de Freud: el “inconsciente”, y
lo describe como “la instancia psíquica construida por los contenidos
reprimidos, a los que ha sido rehusado el acceso al sistema
preconsciente-consciente por la acción de la represión”. (laplanche y Pontalis,
1986). A través de la descripción de esta instancia, llega a la conclusión de
que el comportamiento del ser humano y su toma de decisiones están ya
determinados por procesos inconscientes. Desarrollando el concepto de “determinismo psíquico”, que parte de la idea de que todo fenómeno psíquico tiene una
causa y, por lo mismo, también la libre elección o decisión humana, en las que
la causa es la fuerza del motivo más potente, o bien la situación interna
psicológica determinada por todos los condicionamientos procedentes de la
herencia, la biología,
la educación,
el temperamento y el carácter de la persona que decide o el inconsciente.
Freud inicia su concepción teórica suponiendo que no hay ninguna
discontinuidad en la vida mental; afirma que nada sucedía al azar; ni aun en el menor de
los procesos mentales. Hay una causa para cada pensamiento.
Para el psicoanálisis, lo que se oculta está determinado
por causas múltiples y su tarea consiste en conocerlas, el acercamiento a eso
desconocido que es de “material incosciente” genera angustia y a su vez, se
vuelve inconciliable para el Yo, por lo tanto, entra en acción el mecanismo de
represión a nivel secundario (Pcs-cs) y
a nivel primario (en los sueños) interviene el mecanismo de censura.
Finalmente pareciera que para ambos autores la angustia
aparece ante la presencia de lo desconocido para la consciencia, porque si bien
Heidegger afirma que la idea de muerte es la única verdad a la que se puede
acceder y que no existe otra certeza en el mundo de los fenómenos, implícitamente
podemos pensar que la muerte entonces, es aquella vieja amiga a la que se
reprime en las profundidades del inconsciente.
La conocemos, pero al mismo tiempo cuando nos damos cuenta de su presencia inminente,
tratamos de engañar a nuestros sentidos, pero la angustia que aparentemente es
ante la nada, da cuenta de que existe, y no como un fenómeno separado del ser o
del Yo, sino como parte del fluir de la vida misma.
Al final el Dasein o para Freud el Yo, es vida, es muerte… como lo menciona Cioran en Adiós a la
Filosofía y otros textos (1949) “todo converge hacia nosotros, pues todo parte
de nosotros”.
Bibliografía:
|
Un espacio que invita a la reflexión y análisis multidisciplinario de diferentes fenómenos psicológicos, sociales y artísticos.
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viernes, 26 de octubre de 2012
Martín Heidegger en el Psicoanálisis
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