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viernes, 26 de octubre de 2012

Martín Heidegger en el Psicoanálisis




¿El ser ante la nada?
Martín Heidegger en el psicoanálisis

Elizabeth Jenny Hernández Ramírez
Mtra. Psicoanálisis.
Agosto, 2012






La angustia es la disposición fundamental que nos coloca ante la nada”
Heidegger, M.

Este trabajo es un acercamiento a la teoría que elabora Heidegger a cerca de la “angustia ante la nada” y la teoría de la “angustia” desde el punto de vista del psicoanálisis Freudiano.
Heidegger enfoca su investigación en el estudio de un solo ser,  a diferencia de Husserl, no se interesaba por los demás entes, ya que para este filósofo solo son cosas útiles, instrumentos de los que el ser  hace uso.
A este ser lo denominó “Dasein”  del que se interesó no solo como un ser estático sino como un ser en el tiempo, que a la vez, es el tiempo.
Temporalidad por lo tanto, es la trascendencia inmanente; y la historia es infinito el trascenderse del ser en su infinito determinarse, y es el trascenderse del Dasein en momentos sucesivos.
La región ontológica  que preocupa a Heidegger es la de la existencia humana. Así el único ser que puede plantearse la pregunta del ser mismo es el Dasein. De esta manera realiza un análisis del ser-ahí (ser en el mundo) y como parte del tiempo y del mundo un ser que está destinado a morir.
Pero,  ¿a qué se refiere Heidegger cuando habla de la angustia del ser? en primer lugar hace una diferencia entre la angustia y el miedo, para él, el miedo se ofrece siempre que haya un objeto que nos asusta, en cambio la angustia es indiferenciada, y cuando nos angustiamos entonces, nos angustiamos ante la nada.
Ante esta angustia el hombre, trata de hacer cosas que distraigan la atención de sí  mismo, que distraigan su atención ante lo inminente que es el ser parte del mundo y por lo tanto ser parte de la muerte.  La mente del hombre se dispersa en la preocupación por las cosas y en las solicitudes de la vida inauténtica y trivial.  Se  “evade”  de la conciencia de su verdadero ser, de la nada que lo acosa, lo asedia y lo constituye.
El hombre tiene miedo de conocer toda la verdad de sí mismo y por ello trata de olvidarse «saliendo fuera», en las cosas y en la vida diaria. Retirarse del . El Dasein busca el rescate del mundo liberándose de la preocupación por esto o aquello.
 Las cosas no atraen: la totalidad del ser está presente, pero en un abismo de indiferencia, en que los seres y los acontecimientos se hallan confundidos: sin méritos y sin atractivos. Enfrentándose a su única realidad a la realidad de la angustia ante la nada.
Pero ¿qué significa “la nada” para Heidegger? En realidad es complicada la explicación, pero se presenta, ante el saber, que el ser está en el mundo, ocupando solamente un lugar en el tiempo, pero en realidad no es nada, ni debe esperar nada, porque desde el principio de la vida y hasta el final está destinado a la muerte.
En este sentido podría asemejarse un poco a lo que Freud afirmaba sobre la angustia. Haciendo un extracto de su teoría sobre la angustia, podemos afirmar que para Freud la angustia es propia del Yo, existen también tres clases de angustia, la real (que para Heidegger es el miedo), la neurótica y la de la conciencia moral, que son referidas a las tres dependencias psíquicas el yo, el ello y el superyo, respectivamente. La función de la angustia entonces pasa como “señal anunciadora de una situación peligrosa” y que provoca la represión (es decir el no actuar).
Para Heidegger podemos ver que el peligro podría consistir el enfrentarse a la muerte y la represión se representaría en la caída, es decir, en ocuparse de las cosas mundanas sin hacer caso a la nada, a la idea de muerte.
Freud en cambio afirma: “todas las condiciones de angustia, repiten en el fondo la situación de la primitiva angustia del nacimiento, el cual significaba también una separación de la madre. El peligro de desamparo psíquico concuerda con el estadio de la falta de madurez del yo; el peligro de la perdida de objeto (o perdida de amor) concuerda con la falta de autosuficiencia de los primeros años infantiles; el peligro de la castración concuerda con la fase fálica; y por último, el miedo al superyo concuerda con la época de latencia".
Freud se pregunta reiteradamente ¿qué es realmente lo peligroso? y responde con su hipótesis del factor traumático: "Lo temido, el objeto de la angustia, es cada vez la aparición de un instante traumático que no puede ser tratado según las normas del principio del placer" (con este instante traumático Freud se refiere, a los instantes en los que el niño siente la pérdida del objeto de amor y de deseo, es decir, el objeto-madre [fort-da]).
Regresando a la pregunta anterior, de ¿qué es para Heidegger la nada? podría afirmar que desde el punto de vista psicoanalítico, “la nada” representa al “desamparo” del ser ante el mundo, ante sí mismo. Así los entes que se presentan ante los ojos no son más que otros seres que son parte del tiempo y ocupan un espacio en el mundo.
Este sentimiento de desamparo podría presentarse por saberse con “la libertad de elección” que desde Sartre podemos entender como la capacidad para elegir las cosas del mundo. Pero entonces, podríamos decir que, así como lo afirma Heidegger ¿el ser se angustia ante la nada? O bien, ¿se angustia ante la posibilidad de todo?, parece que se angustia ante lo consabido, que es la “muerte” como parte de la vida misma.
Si para él desde que nacemos la idea de muerte está presente, confirma el factor traumático de desamparo en el mundo que implica una pérdida constante del objeto, descrito por Freud.  “al nacer se inicia realmente el proceso de muerte”.
"Lo esencial en el nacimiento como en toda situación de peligro, es que provoca en la vida anímica un estado de gran excitación, que es sentido como displacer y que el sujeto no puede dominar con su descarga".
Pero paradójicamente, el hombre conquista su propio ser en la angustia, donde halla de nuevo su autenticidad. Así como el deseo es el correspondiente emocional de la caída, la angustia es el sentimiento de la redención.
La angustia rescata al hombre del mundo, es la recuperación de la existencia, de la libertad original o del sentido originario.
Para huir de la angustia reveladora de la nada, se cae en la mundanidad; y para rescatarse de la dispersión, se entra en la conciencia del sí mismo.
Con la angustia el dasein volatiliza las cosas, capta el sentido infinito de sus posibilidades, la esencia de su existencia. La angustia inmoviliza la palabra, da un sentido incomparable de totalidad. El universo retrocede ante ella y se revela inestable, suspendido.  Convierte al mundo de los instrumentos en “útiles”.
En la angustia, las cosas del mundo pierden, de pronto, su importancia: el hombre no se preocupa ya de ellas. Todas las preguntas que antes le preocupaban (¿por qué esta cosa y no otra?, ¿por qué tengo que perseguir un fin antes que otro?, ¿por qué no hay algo y  no nada?) ya no le interesan.
¿Se puede decir que el ser no se encuentra ante la nada, sino que es en sí  la nada? La angustia revela al ser y revela su nada como autenticidad de su existencia.
Es entonces a través de la nada que el ser puede tener un encuentro consigo  mismo. Lo rescata de la trivialidad de la vida mundana, le hace hallar su propio destino, el propio, el de todos y el de la existencia. Este vértigo del vacío, este hundirse del ser en la nada es la angustia liberadora y que da la autenticidad. No es pues que la angustia desaparezca lo que existe; lo que existe es como antes. Pero, en la angustia, lo que existe ya no interesa. Las cosas existentes siguen siendo las mismas, pero para el ser se hunden en la insignificancia. Es decir todas las cosas son como antes.
La angustia revela la originaria libertad del ser y el sentido originario de la temporalidad. Para Heidegger, la temporalidad es esencial para el ser: como ya se había mencionado: el ser es el tiempo. Pero el tiempo originario es distinto del tiempo mundanizado de la vida trivial, que es la sucesión de pasado, presente y futuro, tres momentos, cada uno independiente del otro. El tiempo originario, en cambio, es la compenetración de pasado, presente y futuro: el Dasein anticipa en el “presente” sus propias posibilidades ulteriores y por eso, en cierto modo se convierte en el futuro y en el pasado.
El tiempo es infinito en el sentido de que nunca tendrá fin, pero en sí mismo es finitud. El futuro, presente en todo presente, después de que acompaña a cada ahora, indica que el presente es incompleto, inconsistente: revela la esencia de la existencia y del tiempo, que es la de no bastarse a sí mismo, la de ser trascendencia y finitud.
La remisión, propia de la historia, es el valor de la historia: la historia, como devenir, es sucesión de acontecimientos.
Cuando, con la angustia, volvemos, desde las cosas, a entrar en nosotros mismos, ya no tenemos el sentido del tiempo que nos remite al infinito, sino el sentido del tiempo originario, en el que captamos la autenticidad de la existencia. Como temporalidad, nuestra existencia, dispersada por la “cura” (el cuidado), pasa de una cosa a otra, se concentra en el presente, cargado del pasado y del futuro anticipado por sus intereses actuales, es decir es una situación que va hacia un “proyecto”; como tiempo originario, se concentra en el futuro, se proyecta hacia adelante y descubre su inconsistencia, su ser para la nada y para la muerte.
El pasado también está presente en el futuro: la muerte ratifica el nacimiento, la condena inicial de la situación. En el tiempo originario el hombre define su destino (en otras palabras, como Freud lo decía: “infancia es destino”).
La voz de la conciencia le dice que lo acepte: el hombre que la escucha hace del destino su voluntad. La voluntad, frente al destino, no puede sino aceptarlo o sufrirlo. Cada Dasein está colocado en un horizonte de “poder ser”, en un destino cerrado: la vida es el desarrollarse de una Necesidad.
Esta postura converge con uno de los más importantes descubrimientos de Freud: el “inconsciente”, y lo describe como “la instancia psíquica construida por los contenidos reprimidos, a los que ha sido rehusado el acceso al sistema preconsciente-consciente por la acción de la represión”. (laplanche y Pontalis, 1986). A través de la descripción de esta instancia, llega a la conclusión de que el comportamiento del ser humano y su toma de decisiones están ya determinados por procesos inconscientes. Desarrollando el concepto de “determinismo psíquico”, que parte de la idea de que todo fenómeno psíquico tiene una causa y, por lo mismo, también la libre elección o decisión humana, en las que la causa es la fuerza del motivo más potente, o bien la situación interna psicológica determinada por todos los condicionamientos procedentes de la herencia, la biología, la educación, el temperamento y el carácter de la persona que decide o el inconsciente.
Freud inicia su concepción teórica suponiendo que no hay ninguna discontinuidad en la vida mental; afirma que nada sucedía al azar; ni aun en el menor de los procesos mentales. Hay una causa para cada pensamiento.
Para el psicoanálisis, lo que se oculta está determinado por causas múltiples y su tarea consiste en conocerlas, el acercamiento a eso desconocido que es de “material incosciente” genera angustia y a su vez, se vuelve inconciliable para el Yo, por lo tanto, entra en acción el mecanismo de represión a nivel secundario (Pcs-cs)  y a nivel primario (en los sueños) interviene el mecanismo de censura.
Finalmente pareciera que para ambos autores la angustia aparece ante la presencia de lo desconocido para la consciencia, porque si bien Heidegger afirma que la idea de muerte es la única verdad a la que se puede acceder y que no existe otra certeza en el mundo de los fenómenos, implícitamente podemos pensar que la muerte entonces, es aquella vieja amiga a la que se reprime en las profundidades del inconsciente.  La conocemos, pero al mismo tiempo cuando  nos damos cuenta de su presencia inminente, tratamos de engañar a nuestros sentidos, pero la angustia que aparentemente es ante la nada, da cuenta de que existe, y no como un fenómeno separado del ser o del Yo, sino como parte del fluir de la vida misma.
Al final el Dasein o para Freud el Yo, es vida, es  muerte… como lo menciona Cioran en Adiós a la Filosofía y otros textos (1949) “todo converge hacia nosotros, pues todo parte de nosotros”.




















Bibliografía:
  • Cioran, M.E. (1949) “Adiós a la filosofía y otros textos”. Madrid: Alianza Editorial.
  • Freud, Sigmund. (1899). “Primeras publicaciones psicoanalíticas”  Argentina: Amorrortu editores.
  • ______________ . (1925). “Inhibición, síntoma y angustia”. Argentina: Amorrortu editores.
  • Heidegger, Martin. (1927) “El ser y el tiempo”. México: Fondo de cultura económica.
  • Laplanche J. y Pontalis J.B. (1983) “Diccionario de psicoanálisis”. Barcelona: Editorial LABOR.
  • Xirau, Ramón. (1964) “Introducción a la Historia de la filosofía”.  México: Imprenta Universitaria de México (UNAM). 

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