Translate

viernes, 26 de octubre de 2012

Martín Heidegger en el Psicoanálisis




¿El ser ante la nada?
Martín Heidegger en el psicoanálisis

Elizabeth Jenny Hernández Ramírez
Mtra. Psicoanálisis.
Agosto, 2012






La angustia es la disposición fundamental que nos coloca ante la nada”
Heidegger, M.

Este trabajo es un acercamiento a la teoría que elabora Heidegger a cerca de la “angustia ante la nada” y la teoría de la “angustia” desde el punto de vista del psicoanálisis Freudiano.
Heidegger enfoca su investigación en el estudio de un solo ser,  a diferencia de Husserl, no se interesaba por los demás entes, ya que para este filósofo solo son cosas útiles, instrumentos de los que el ser  hace uso.
A este ser lo denominó “Dasein”  del que se interesó no solo como un ser estático sino como un ser en el tiempo, que a la vez, es el tiempo.
Temporalidad por lo tanto, es la trascendencia inmanente; y la historia es infinito el trascenderse del ser en su infinito determinarse, y es el trascenderse del Dasein en momentos sucesivos.
La región ontológica  que preocupa a Heidegger es la de la existencia humana. Así el único ser que puede plantearse la pregunta del ser mismo es el Dasein. De esta manera realiza un análisis del ser-ahí (ser en el mundo) y como parte del tiempo y del mundo un ser que está destinado a morir.
Pero,  ¿a qué se refiere Heidegger cuando habla de la angustia del ser? en primer lugar hace una diferencia entre la angustia y el miedo, para él, el miedo se ofrece siempre que haya un objeto que nos asusta, en cambio la angustia es indiferenciada, y cuando nos angustiamos entonces, nos angustiamos ante la nada.
Ante esta angustia el hombre, trata de hacer cosas que distraigan la atención de sí  mismo, que distraigan su atención ante lo inminente que es el ser parte del mundo y por lo tanto ser parte de la muerte.  La mente del hombre se dispersa en la preocupación por las cosas y en las solicitudes de la vida inauténtica y trivial.  Se  “evade”  de la conciencia de su verdadero ser, de la nada que lo acosa, lo asedia y lo constituye.
El hombre tiene miedo de conocer toda la verdad de sí mismo y por ello trata de olvidarse «saliendo fuera», en las cosas y en la vida diaria. Retirarse del . El Dasein busca el rescate del mundo liberándose de la preocupación por esto o aquello.
 Las cosas no atraen: la totalidad del ser está presente, pero en un abismo de indiferencia, en que los seres y los acontecimientos se hallan confundidos: sin méritos y sin atractivos. Enfrentándose a su única realidad a la realidad de la angustia ante la nada.
Pero ¿qué significa “la nada” para Heidegger? En realidad es complicada la explicación, pero se presenta, ante el saber, que el ser está en el mundo, ocupando solamente un lugar en el tiempo, pero en realidad no es nada, ni debe esperar nada, porque desde el principio de la vida y hasta el final está destinado a la muerte.
En este sentido podría asemejarse un poco a lo que Freud afirmaba sobre la angustia. Haciendo un extracto de su teoría sobre la angustia, podemos afirmar que para Freud la angustia es propia del Yo, existen también tres clases de angustia, la real (que para Heidegger es el miedo), la neurótica y la de la conciencia moral, que son referidas a las tres dependencias psíquicas el yo, el ello y el superyo, respectivamente. La función de la angustia entonces pasa como “señal anunciadora de una situación peligrosa” y que provoca la represión (es decir el no actuar).
Para Heidegger podemos ver que el peligro podría consistir el enfrentarse a la muerte y la represión se representaría en la caída, es decir, en ocuparse de las cosas mundanas sin hacer caso a la nada, a la idea de muerte.
Freud en cambio afirma: “todas las condiciones de angustia, repiten en el fondo la situación de la primitiva angustia del nacimiento, el cual significaba también una separación de la madre. El peligro de desamparo psíquico concuerda con el estadio de la falta de madurez del yo; el peligro de la perdida de objeto (o perdida de amor) concuerda con la falta de autosuficiencia de los primeros años infantiles; el peligro de la castración concuerda con la fase fálica; y por último, el miedo al superyo concuerda con la época de latencia".
Freud se pregunta reiteradamente ¿qué es realmente lo peligroso? y responde con su hipótesis del factor traumático: "Lo temido, el objeto de la angustia, es cada vez la aparición de un instante traumático que no puede ser tratado según las normas del principio del placer" (con este instante traumático Freud se refiere, a los instantes en los que el niño siente la pérdida del objeto de amor y de deseo, es decir, el objeto-madre [fort-da]).
Regresando a la pregunta anterior, de ¿qué es para Heidegger la nada? podría afirmar que desde el punto de vista psicoanalítico, “la nada” representa al “desamparo” del ser ante el mundo, ante sí mismo. Así los entes que se presentan ante los ojos no son más que otros seres que son parte del tiempo y ocupan un espacio en el mundo.
Este sentimiento de desamparo podría presentarse por saberse con “la libertad de elección” que desde Sartre podemos entender como la capacidad para elegir las cosas del mundo. Pero entonces, podríamos decir que, así como lo afirma Heidegger ¿el ser se angustia ante la nada? O bien, ¿se angustia ante la posibilidad de todo?, parece que se angustia ante lo consabido, que es la “muerte” como parte de la vida misma.
Si para él desde que nacemos la idea de muerte está presente, confirma el factor traumático de desamparo en el mundo que implica una pérdida constante del objeto, descrito por Freud.  “al nacer se inicia realmente el proceso de muerte”.
"Lo esencial en el nacimiento como en toda situación de peligro, es que provoca en la vida anímica un estado de gran excitación, que es sentido como displacer y que el sujeto no puede dominar con su descarga".
Pero paradójicamente, el hombre conquista su propio ser en la angustia, donde halla de nuevo su autenticidad. Así como el deseo es el correspondiente emocional de la caída, la angustia es el sentimiento de la redención.
La angustia rescata al hombre del mundo, es la recuperación de la existencia, de la libertad original o del sentido originario.
Para huir de la angustia reveladora de la nada, se cae en la mundanidad; y para rescatarse de la dispersión, se entra en la conciencia del sí mismo.
Con la angustia el dasein volatiliza las cosas, capta el sentido infinito de sus posibilidades, la esencia de su existencia. La angustia inmoviliza la palabra, da un sentido incomparable de totalidad. El universo retrocede ante ella y se revela inestable, suspendido.  Convierte al mundo de los instrumentos en “útiles”.
En la angustia, las cosas del mundo pierden, de pronto, su importancia: el hombre no se preocupa ya de ellas. Todas las preguntas que antes le preocupaban (¿por qué esta cosa y no otra?, ¿por qué tengo que perseguir un fin antes que otro?, ¿por qué no hay algo y  no nada?) ya no le interesan.
¿Se puede decir que el ser no se encuentra ante la nada, sino que es en sí  la nada? La angustia revela al ser y revela su nada como autenticidad de su existencia.
Es entonces a través de la nada que el ser puede tener un encuentro consigo  mismo. Lo rescata de la trivialidad de la vida mundana, le hace hallar su propio destino, el propio, el de todos y el de la existencia. Este vértigo del vacío, este hundirse del ser en la nada es la angustia liberadora y que da la autenticidad. No es pues que la angustia desaparezca lo que existe; lo que existe es como antes. Pero, en la angustia, lo que existe ya no interesa. Las cosas existentes siguen siendo las mismas, pero para el ser se hunden en la insignificancia. Es decir todas las cosas son como antes.
La angustia revela la originaria libertad del ser y el sentido originario de la temporalidad. Para Heidegger, la temporalidad es esencial para el ser: como ya se había mencionado: el ser es el tiempo. Pero el tiempo originario es distinto del tiempo mundanizado de la vida trivial, que es la sucesión de pasado, presente y futuro, tres momentos, cada uno independiente del otro. El tiempo originario, en cambio, es la compenetración de pasado, presente y futuro: el Dasein anticipa en el “presente” sus propias posibilidades ulteriores y por eso, en cierto modo se convierte en el futuro y en el pasado.
El tiempo es infinito en el sentido de que nunca tendrá fin, pero en sí mismo es finitud. El futuro, presente en todo presente, después de que acompaña a cada ahora, indica que el presente es incompleto, inconsistente: revela la esencia de la existencia y del tiempo, que es la de no bastarse a sí mismo, la de ser trascendencia y finitud.
La remisión, propia de la historia, es el valor de la historia: la historia, como devenir, es sucesión de acontecimientos.
Cuando, con la angustia, volvemos, desde las cosas, a entrar en nosotros mismos, ya no tenemos el sentido del tiempo que nos remite al infinito, sino el sentido del tiempo originario, en el que captamos la autenticidad de la existencia. Como temporalidad, nuestra existencia, dispersada por la “cura” (el cuidado), pasa de una cosa a otra, se concentra en el presente, cargado del pasado y del futuro anticipado por sus intereses actuales, es decir es una situación que va hacia un “proyecto”; como tiempo originario, se concentra en el futuro, se proyecta hacia adelante y descubre su inconsistencia, su ser para la nada y para la muerte.
El pasado también está presente en el futuro: la muerte ratifica el nacimiento, la condena inicial de la situación. En el tiempo originario el hombre define su destino (en otras palabras, como Freud lo decía: “infancia es destino”).
La voz de la conciencia le dice que lo acepte: el hombre que la escucha hace del destino su voluntad. La voluntad, frente al destino, no puede sino aceptarlo o sufrirlo. Cada Dasein está colocado en un horizonte de “poder ser”, en un destino cerrado: la vida es el desarrollarse de una Necesidad.
Esta postura converge con uno de los más importantes descubrimientos de Freud: el “inconsciente”, y lo describe como “la instancia psíquica construida por los contenidos reprimidos, a los que ha sido rehusado el acceso al sistema preconsciente-consciente por la acción de la represión”. (laplanche y Pontalis, 1986). A través de la descripción de esta instancia, llega a la conclusión de que el comportamiento del ser humano y su toma de decisiones están ya determinados por procesos inconscientes. Desarrollando el concepto de “determinismo psíquico”, que parte de la idea de que todo fenómeno psíquico tiene una causa y, por lo mismo, también la libre elección o decisión humana, en las que la causa es la fuerza del motivo más potente, o bien la situación interna psicológica determinada por todos los condicionamientos procedentes de la herencia, la biología, la educación, el temperamento y el carácter de la persona que decide o el inconsciente.
Freud inicia su concepción teórica suponiendo que no hay ninguna discontinuidad en la vida mental; afirma que nada sucedía al azar; ni aun en el menor de los procesos mentales. Hay una causa para cada pensamiento.
Para el psicoanálisis, lo que se oculta está determinado por causas múltiples y su tarea consiste en conocerlas, el acercamiento a eso desconocido que es de “material incosciente” genera angustia y a su vez, se vuelve inconciliable para el Yo, por lo tanto, entra en acción el mecanismo de represión a nivel secundario (Pcs-cs)  y a nivel primario (en los sueños) interviene el mecanismo de censura.
Finalmente pareciera que para ambos autores la angustia aparece ante la presencia de lo desconocido para la consciencia, porque si bien Heidegger afirma que la idea de muerte es la única verdad a la que se puede acceder y que no existe otra certeza en el mundo de los fenómenos, implícitamente podemos pensar que la muerte entonces, es aquella vieja amiga a la que se reprime en las profundidades del inconsciente.  La conocemos, pero al mismo tiempo cuando  nos damos cuenta de su presencia inminente, tratamos de engañar a nuestros sentidos, pero la angustia que aparentemente es ante la nada, da cuenta de que existe, y no como un fenómeno separado del ser o del Yo, sino como parte del fluir de la vida misma.
Al final el Dasein o para Freud el Yo, es vida, es  muerte… como lo menciona Cioran en Adiós a la Filosofía y otros textos (1949) “todo converge hacia nosotros, pues todo parte de nosotros”.




















Bibliografía:
  • Cioran, M.E. (1949) “Adiós a la filosofía y otros textos”. Madrid: Alianza Editorial.
  • Freud, Sigmund. (1899). “Primeras publicaciones psicoanalíticas”  Argentina: Amorrortu editores.
  • ______________ . (1925). “Inhibición, síntoma y angustia”. Argentina: Amorrortu editores.
  • Heidegger, Martin. (1927) “El ser y el tiempo”. México: Fondo de cultura económica.
  • Laplanche J. y Pontalis J.B. (1983) “Diccionario de psicoanálisis”. Barcelona: Editorial LABOR.
  • Xirau, Ramón. (1964) “Introducción a la Historia de la filosofía”.  México: Imprenta Universitaria de México (UNAM). 

domingo, 2 de septiembre de 2012

Repercusiones psicológicas del Incesto



Algunos autores, como Sigmund Freud, dedicaron parte de su investigación al tabú del incesto. No obstante se encuentran algunas excepciones históricas a la prohibición universal del incesto: Tenemos los casos de las monarquías del Antiguo Egipto (véase, por ejemplo, la biografía de Cleopatra).
Sin embargo existen ciertas culturas y sociedades en las que las relaciones incestuosas son una práctica social común y aceptada. Este es el caso del Tíbet, donde varios hermanos pueden compartir la misma esposa. Sin embargo la mayoría de las legislaciones del mundo consideran (por alguna razón o tabú) el incesto como delito, aunque sea practicado con "consentimiento mutuo" entre mayores de edad. Las sanciones prescritas en este caso oscilan desde el castigo severo hasta el repudio social sin mayores consecuencias para el individuo.
Se puede inferir que uno de los motivos de la prohibición del incesto en las culturas es que los seres humanos que nacen como fruto de una relación incestuosa corren un mayor riesgo de desarrollar problemas físicos relacionados con la tenencia de cargas genéticas paralelas. Así también, otro de los aspectos destacados acerca del origen del tabú del incesto es el relacionado con la alteración de las relaciones sociales o de la armonía social intrafamiliar. Respecto a este punto se entiende que el incesto supone la confusión de los roles sociales e incluso la alteración de las relaciones jerárquicas dentro del grupo (por ejemplo, la ocupación del rol de padre y marido al mismo tiempo).
Adentrándonos en nuestro campo de la psicología, Freud en Tótem Tabú, hace un análisis muy interesante sobre los aborígenes australianos, quienes son considerados como una raza aparte sin relación alguna ni rasgo común con ninguna otra tribu de otras islas o continentes más cercanos. En este artículo de Freud nos describe que sus costumbres no incluyen la construcción de viviendas sólidas, no cultivan la tierra e ignoran el arte de la alfarería. Se alimentan de carne de animales salvajes y de raíces que encuentran a su paso. Viven en grupos pero no tienen ningún jefe y los problemas son resueltos en Asambleas de hombres adultos.
Es difícil atribuirles algún culto que responda a la adoración de algún ser trascendente.
Teniendo en cuenta estas características de su cultura se puede esperar que con respecto a la sexualidad no observen ningún tipo de restricción ni tabú.
Sin embargo, es curioso que en estas tribus imponen una rigurosa prohibición a las relaciones sexuales incestuosas.
Las tribus australianas se dividen en grupos y cada uno de ellos lleva el nombre de un “tótem” que puede ser un animal, una planta o un fenómeno atmosférico, como la lluvia, el cual se relaciona con el grupo.
Este “totem” no es un ícono sino que se encuentra en la realidad y represente el antepasado de ese grupo, encargado de protegerlos de cualquier daño; y todos los individuos que tienen el mismo “tótem” tienen la obligación de respetar su vida, abstenerse de comer su carne o aprovecharse de él en alguna forma. De esta forma la subordinación al “tótem” es sagrada y castigada si no se cumple.
En casi todos los grupos que comparten el mismo “tótem”, sus miembros no deben tener relaciones sexuales ni casarse entre sí. Siendo la violación a esta ley de exogamia vengada por la tribu como si se tratara de un peligro que amenazara a esa comunidad y penalizada con la muerte de ambos amantes.
No obstante, si ambos logran evadir por un tiempo prudencial la persecución, la sanción puede ser dejada de lado. Esta prohibición se extiende a los amores ocasionales que también son considerados merecedores de la pena de muerte.
Si un hombre se casa con una mujer cuyo clan tiene otro tótem, los hijos heredarán el tótem de la mujer, por lo tanto un hijo varón no podrá tener relaciones con su madre ni con su hermana, prohibiendo también al hombre cualquier unión con miembros del mismo grupo, que pueden llegar a tener varias mujeres de otros clanes.
Las hermanas no pueden acercarse ni hablar con sus hermanos y las madres de hijos varones después de la edad de la pubertad tampoco, incluso si deben servirle una comida la ponen a sus pies sin dirigirle la mirada.
La prohibición más extendida y rigurosa es la relación sexual entre yerno y suegra que puede provocar la destrucción de dos familias.
La prohibición del incesto, todavía vigente, induce al individuo a sustraerse de la atracción que le produce su madre (proceso natural del complejo edípico) y obliga al hijo a liberarse de una condición infantil y de un complejo neurótico.
Las tribus primitivas debían preservar su integridad y asegurarse la cooperación de todos sus miembros y el tabú del incesto elimina las relaciones que pueden ocasionar actos violentos y rivalidades que en definitiva pueden desintegrar el grupo.
Actualmente, el tabú del incesto existe en todas las sociedades y existen leyes que lo respaldan, aunque su cumplimiento sea menos riguroso que en las sociedades tribales, ya que en los casos que se registran violaciones el mayor porcentaje se produce dentro de una misma familia.

Un dato curioso es que en la ley mexicana en el Artículo 272 dice lo siguiente: Se impondrá la pena de uno a seis años de prisión a los ascendientes que tengan relaciones sexuales con sus descendientes. La pena aplicable a estos últimos será de seis meses a tres años de prisión. Se aplicará esta misma sanción en caso de incesto entre hermanos.

Esto es el resultado de una sociedad que tiene una doble moral, de una sociedad asustadiza de lo que pasa en todo el mundo, pero cuando se trata de la propia familia mexicana todo debe mantenerse en secreto, se deben cuidar la apariencias ante los demás, es por eso que el objetivo del siguiente trabajo es explicar en primer lugar la dinámica que se da dentro de una familia en la que se vive el incesto, para poder así comprender el papel que desempeña cada uno de los integrantes, ya que aunque se pensara que por lo regular los protagonistas son solo dos personas dentro de la familia, los demás aunque antagónicos tienen un papel participante.
El segundo punto en el que tratare de enfatizar  es en el análisis de los efectos que tienen en una persona el haber vivido como amante de  un miembro de la familia, ya sea el padre, la madre, el tío, el hermano etc. Por lo tanto antes de continuar quisiera mencionar la definición del diccionario de psicoanálisis de E. Roudinesco y P. Michel quienes lo describen de la siguiente manera:

“Se llama incesto a una relación sexual sin coacción ni violación entre consanguíneos o padres adultos (que hayan alcanzado la mayoría d edad legal), en el grado puntualizado por la ley propia de cada sociedad: en general, entre madre e hijo, padre e hija, entre hermano y hermana. Por extensión, la prohibición puede extenderse a las relaciones sexuales entre tío y sobrina, tía y sobrino, padrastro e hija, madrastra e hijo, madre y yerno, padre y nuera”.
Desde este concepto se puede reconocer que para que el Incesto como tal se lleve a cabo, ambas partes tienen que estar de acuerdo, no existe una obligación o amenaza en ninguno de los que lo practica. Esta es la diferencia que podemos encontrar en cuanto al abuso sexual infantil, ya que de forma genérica, se considera “abuso sexual infantil” (o pederastia[]) a toda conducta en la que un menor es utilizado sin su consentimiento como objeto sexual por parte de otra persona con la que mantiene una relación de desigualdad, ya sea en cuanto a la edad, la madurez o el poder.[ ]Se trata de un problema universal que está presente, de una u otra forma, en todas las culturas y sociedades y que constituye un complejo fenómeno resultante de una combinación de factores individuales, familiares y sociales. (...) Supone una interferencia en el desarrollo evolutivo del niño y puede dejar unas secuelas que no siempre remiten con el paso del tiempo.

Entendido de de esta forma, el abuso sexual se puede dar dentro de las familias, pero también fuera de ellas, sin necesidad que exista algún lazo de consanguinidad. Ya que el abusador, puede ser desde un vecino, un amigo de la familia, un maestro, etc.

Lo anterior citado deja ver con mayor claridad la diferencia entre ambos casos, sin embargo en muchos de los casos para que el incesto se lleve a cabo, existe en primera instancia una seducción por parte de uno de los miembros de la familia hacia un menor                que tiene a cuidado, trata de llevarlo por un laberinto oscuro prometiéndole una salida llena de sorpresas, y cuando ya está dentro de ese laberinto se da cuenta de que se encuentra demasiado perdido para encontrar la salida, por lo que prefiere quedarse ahí, porque tal vez es la única forma de amor conocida.

Dentro de las familias incestuosas se desarrolla un cierto patrón de conducta común, que a lo largo de mi corta experiencia con pacientes, tiene un común denominador que es el “silencio”, en estas familias siempre hay algo que ocultar un “secreto” que no se debe revelar, aparentemente son familias en las que no existe nada fuera de lo común, ante todos son funcionales y a veces hasta familias “ejemplares”, porque lo que sucede ni siquiera entre los mismos miembros se habla, y si se llega a hablar del tema resulta aberrante, tanto que prefiere ocultarse hasta de ellos mismos. Viven en la negación total, y hasta podría decir que viven una vida escindida. En donde de día se actúan los roles como corresponden y por la noche en la oscuridad, los papeles de hijo (a), cambian al de esposo o esposa.

 Hablemos de una familia en donde los protagonistas son el padre y la hija, en nuestra  cultura podemos identificar rápidamente cuando la mujer se queda callada, aparentando que no sabe nada de lo que pasa, por miedo a que el esposo deje de mantenerlos, se siente tan indefensa, tan poca cosa, que  se cree incapaz de poder trabajar, y ser ella misma proveedor de las necesidades de la familia. Esta es la  más sencilla explicación que le podemos dar, sin embargo yo me pregunto, qué es lo que pasa con las familias en que ambos padres trabajan y en donde la mujer es autosuficiente y a pesar de ello acepta inconscientemente esta situación? Es una pregunta difícil de contestar, porque no solamente aquí se presenta el factor económico, sino también otros factores como el factor social, el cultural y por supuesto el papel que juega la psicopatología de estas familias.  En donde desde mi punto de vista podemos identificar dos factores determinantes: 1) es la carencia de límites y 2) la represión ocasionada por la rigidez en las normas familiares que llevan la mayoría de las veces a la ambivalencia y a la incongruencia. Ya que comienzan a confundirse las funciones en la mente del niño o adolescente, no comprende el rol que desempeña, y acepta sexualmente al padre o a la madre, como un cumplimiento del deseo edípico. De lo contrario explicando el segundo punto podemos llegar a la conclusión que ante la rigidez y control que se vive en algunas familias, se fomenta el deseo entre los miembros, como los hermanos de la familia de la película del castillo de la pureza de Arturo Ripstein, en donde la locura del padre provoca que los dos adolescentes con el deseo a flor de piel llegaran a cometer incesto. Pero como no hacerlo, si no tenían ningún otro objeto sobre el cual volcar su libido.

Análogamente a lo que pasa en la tragedia Griega de Edipo, en realidad él ignoraba que Yocasta era su madre, y al enterarse de la realidad le causa terror de sí mismo. Es exactamente lo mismo que sucede dentro de ese tipo de familias, o por lo menos con el afectado, viven el incesto como si fuera algo común, lo entienden como algo permitido que además es placentero, ya que en ocasiones lo entienden como la única oportunidad que tienen de ser amados, más aún cuando viven violencia intrafamiliar por cualquiera de los padres.  En el caso de los hijos o hermanos que viven en incesto, al darse cuenta de que la realidad en la que se encuentran no es aceptada, sino lo contrario, es repudiada y castigada por las leyes, se enfrentan al  mismo terror que Edipo, y muchas veces para no sufrir las consecuencias inevitables que llevan al derramamiento de sangre se quedan callados.
El incesto es algo real, que existe en un número impresionante de familias, y ya no es de admirar en la consulta cuando se atiende a una persona que nos confiesa con tan delicada precaución su máximo secreto, en donde podemos sentir su dolor lleno de culpa, por haber aceptado a cualquier miembro de la familia como amante. Sin embargo en el análisis de estos casos podemos ver cómo toda la familia se encuentra involucrada, unos más que otros. Puede que el padre haga algo tan evidente como convertir a todas sus hijas en su harem particular, y la madre se convierte en el espectador de ese drama y en el papel de abnegación acepta sin miramientos la autoridad del “macho” que es quien pone las reglas y es dueño de todas esas vidas mostrando una supremacía que afecta a todos.

Cuando una niña llega a la adolescencia aceptando el papel que se le ha sido asignado, las repercusiones son graves, el “self se ve fisurado”, se ve dañado al grado de necesitar constantemente del reconocimiento y la aceptación de los demás, se muestra dispuesto a todo con tal de obtener de lo que se encuentra hambriento. En ocasiones hasta la imagen corporal se ve afectada. Además de desarrollar un yo debilitado, con pobres recursos para la defensa ante el peligro.

Para quiero citar un caso de una joven de 23 años, su madre acude con ella y refiere que busca una cita, se le asigna y el día de la primera sesión asiste la madre de la chica, mencionando que en realidad la consulta que desea es para saber que puede hacer con su hija, ya que tiene mucho miedo a que sea lesbiana, al comenzar con la entrevista la señora termina diciendo que su hija ha tenido relaciones sexuales con su padre desde los diez años, y que cuando ella se enteró se enojó mucho, pero no podía hacer nada porque “quien los iba a mantener”, pero en realidad esta mujer de lo que  tenía miedo era que la preferencia sexual de su hija cambiara ya que al hacerlo dejaría de ser la amante del padre y en su fantasía dejaría de proveerles económicamente lo necesario para poder vivir. Al ver a la chica, físicamente parecía una adolescente de quince años, como si su cuerpo hubiese protestado de esa forma, quedándose estancado en el cuerpo de una niña, con la finalidad de no provocar más el deseo del padre.

Este es un ejemplo como muchos que se pueden citar, pero no pretendo que esto se convierta solo en un análisis de casos, lo utilicé para ejemplificar cómo las repercusiones del incesto, no son solamente psicológicas, también son físicas y sociales.  
En tótem y Tabú Freud describe lo anterior con claridad de la siguiente forma:
El psicoanálisis nos ha demostrado que el primer objeto sobre el que recae la elección sexual del joven es de naturaleza incestuosa condenable, puesto que tal objeto está representado por la madre o por la hermana, y nos ha revelado también el camino que sigue el sujeto, a medida que avanza en la vida, para sustraerse a la atracción del incesto.

Ahora bien: en el neurótico hallamos regularmente restos considerables de infantilismo psíquico, sea por no haber logrado libertarse de las condiciones infantiles de la psicosexualidad, sea por haber vuelto a ellas (detención del desarrollo o regresión). Tal es la razón de que las fijaciones incestuosas de la libido desempeñen de nuevo o continúen desempeñando el papel principal de su vida psíquica inconsciente. De este modo, llegamos a ver en la actitud incestuosa con respecto a los padres el complejo central de la neurosis…

Cuando la actitud incestuosa se vive y no sólo se fantasea podría rebasar los límites de la neurosis y entrar en el campo de la psicosis, porque como mencionaba anteriormente, la situación del incesto dentro de la familia se vive como una realidad diferente a los demás, como una realidad que necesita ocultarse mediante la negación de su existencia.  Por lo que la persona implicada en ello sufre un desequilibrio mental que la puede llevar a la desestructuración de la personalidad. Provocando trastornos de la personalidad como el limítrofe o el narcisista. O bien como lo menciona Joyce Mcdougall en su libro “Teatros de la Mente” el sujeto llega a ser el inventor de una sexualidad diferente, dirigiendo a su libido hacia cualquier objeto o sujeto que le hagan desviar la atención del deseo incestuoso. “El hijo incestuoso, intenta ocupar el lugar del padre árabe. Se disputan el espacio materno, en su infancia real, el padre amenaza al hijo con su gran falo, que al mismo tiempo representa el objeto con el que ha de castrarle… el hijo a través la invención de una sexualidad diferente (perversa), logra vencer  a su perseguidor interno, se libera de él y de su propio analista, al mismo tiempo se libera de la madre que castra y abandona…”

Desde esta misma línea, el paciente que ha vivido el incesto, tiene dificultades para poder relacionarse con las figuras del sexo opuesto, llegando a castigarlas del placer por medio de disfunciones sexuales, como la eyaculación precoz, la impotencia, la frigidez, el vaginismo, entre otros.
Esto en castigo hacia el objeto primario por el que fue usado sexualmente en la infancia. Sin embargo no solo es castigo hacia el objeto, sino hacía sí mismos, ya que al sentirse participantes de ese acto, se desarrolla en estas personas un sentimiento de culpa que los lleva a la autoflagelación que los lleva a cometer actos masoquistas.

Todo lo anterior es poco de lo mucho que se puede hablar sobre este tema, que genera tanta controversia y que pareciera tan oculto pero a la vez tan presente en la sociedad, porque no solo se desencadena por factores psicológicos, sino también por factores sociales que tienen que ver con la pobreza y la carencia de educación. Generado muchas veces por el hacinamiento de morada, en familias de bajos recursos que no tienen más que un cuarto para poder vivir y que además por la pobre educación sexual las parejas tienen un gran número de hijos a los que es casi imposible manejar.

Por lo que puedo concluir que las repercusiones psicológicas del incesto afectan no solo a los involucrados, sino al grupo con el que se relacionan, en especial a las parejas hasta llegar a los hijos, cuando se llega a formar una familia.

Jenny Hernandez

domingo, 15 de enero de 2012

Analisis de Sibil un caso paradigmático


Este trabajo que me daré a la tarea de desarrollar, abordaré aspectos específicos del tratamiento analítico que lleva a cabo la Dra. Wilbur. Me enfocaré a la dinámica de la transferencia, contratransferencia, y el manejo que hace de cada uno de estos aspectos en el proceso; sin dejar de lado antes, la descripción de Sibyl, que con claridad la autora deja ver desde el inicio, que su padecimiento es un trastorno de identidad disociativo, antes llamado trastorno de personalidad múltiple.

Sibyl, una chica “solitaria”, taciturna, confundida por perder la noción del tiempo y espacio, víctima de sí misma, atrapada en sus múltiples personalidades, encierra partes de ella misma en cofres cerrados para su consciencia, es presa de un desconocimiento profundo de su propio ser, atrapada en lo sabido no pensado.

Decidió olvidar el sufrimiento; bloqueando los recuerdos de aquella infancia con una madre enferma y sádica.

La historia con su madre es cruel, lastimera, que la desgarra de tal forma, que convierte su yo en fracciones de sí misma, en pequeñas versiones de su propio ser genuino (C. Bollas, 1989). Lo único que identifica son lagunas mentales.

En esas condiciones es como llega al consultorio de la Dra. Wilbur, una psiquiatra que comienza a desmenuzar y descubrir poco a poco el mundo simbólico de Sibyl. Los personajes, las habilidades, funciones de cada uno de ellos y lo simbólico de sus acciones.

“Quiero darle algo a alguien” es la demanda de Sibyl, ante la Dra. Wilbur, al expresar su deseo de enseñanza. ¿Será que en realidad quiere darse a sí misma los trocitos de su ser que le hacen falta? Eso es algo que se va desarrollando a lo largo del proceso.

En el momento de la evaluación neurológica, a Wilbur no le queda completamente claro su padecimiento. En la escena del hotel cuando Sibyl rompe el vidrio, la doctora se muestra desconcertada. Aun no descubre que Sibyl lo hacía como si fuera la única manera de contacto con una “base segura” (J. Bolwy, 1998).

Entre tantos misterios y recovecos, lo único que podía entender la doctora, es que Sibyl era una chica que sufría, con un gran dolor de no saber quién es, el dolor que le causaba no saberse hábil y capaz de tocar el piano, de pintar, de la imposibilidad de mantener contacto con otras personas, por el dolor que le provocaba ser tocada, un dolor que representa el miedo fóbico de ser tocada afectivamente.

Caso difícil el que se le ha presentado a la Dra. Wilbur; porque Sibyl es del tipo de paciente que no se presenta todos los días en un consultorio, pero tampoco es que esté tan alejado de lo que se conoce en las neurosis, ya que, cada paciente llega al consultorio con su propia realidad, y nos va mostrando partes de él mismo, poco a poco, hasta que por fin la neurosis de transferencia se establece. Sin embargo no podemos negar que, Sibyl era un caso que confrontó a la analista a entrar en el campo de lo desconocido y decidió acompañar a Sibyl en el camino de la integración. La Dra. Wilbur tenía la opción de no tomar el caso pero decidió seguir.

Pero pensando ahora en qué fue lo que la estimuló a seguir, considero que en ese aspecto el papel de la contratransferencia es determinante; esto lo analizaré más adelante.

Para adentrarme ahora en lo que es la transferencia de Sibyl, podemos ver que al inicio, aunque Sibyl no asistió al hospital por su padecimiento psicológico, y sólo asistió para que le atendieran la mano cortada. Al encontrarse con la Dra. Wilbur, encuentra en ella la posibilidad de entender qué es lo que pasa en su mundo interno cuando se desconecta de la realidad, qué pasa con esas lagunas que para ella son como quedarse dormida y cuando despierta lo que predomina, es una imagen de sí misma pobre e insegura. Su falta de estructura hace que la transferencia que establece desde el principio del tratamiento, es una transferencia invasiva, deposita su seguridad en la analista, desde el momento en que Vicky llama a la Dra. Wilbur para que salve a Sibyl de aventarse de la habitación de hotel. En ese momento simbólicamente es la prueba que hace Sibyl a la analista para comprobar si es capaz de rescatarla. Al percibir la respuesta de la analista durante todo el proceso Sibyl descubre poco a poco que tiene un espacio en donde puede expresar cada una de sus personalidades sin temor a ser rechazada.

Sin embargo, también existen momentos de resistencia, en donde uno de los más importantes, es cuando Sibyl le dice a la Dra. Wilbur que todo lo que ha expresado en el tratamiento es una farsa, resistencia que se presenta por el viaje de su analista; se hace presente entonces el sentimiento de ser abandonada por el único objeto (madre- analista) que hasta el momento, le había proporcionado la oportunidad de reconocer un espacio potencial que le permitiera la integración y llegar al espacio transicional, que le permitieran integrar a los objetos parciales. Ese es uno de los momentos cruciales del tratamiento, porque es ahí en donde la analista se mantiene firme, a pesar de la agresión, ella sigue presente y amorosa. Esa postura es la que derrumba las resistencias de Sibyl a avanzar y darse la oportunidad de la integración de todas sus partes, reconciliándose con ella misma y con las potencialidades que no reconocía.

Retomando ahora el papel de la analista a nivel de la contratransferencia, desde el momento de la evaluación, puedo decir que se percibe en la analista, cierta curiosidad en el caso, su deseo de saber qué hay detrás de esa imagen de una chica introvertida y seria. Parece que para la Dra. Wilbur, Sibyl significaba un caso a explorar. Sin saber que después le generaría fuertes deseos de protegerla, de cuidarla y de estar en todo momento que la necesitara.

Wilbur busca el consejo de una amiga, quien le dice que no puede fascinarse con el caso, y que tiene que comprender que ella no es la madre de Sibyl, ni de ninguno de sus personajes. Ella escucha con atención a su amiga, sin embargo decide explorar el caso bajo sus propios criterios.

Es en este caso, cuando comprendo la frase del Dr. Fromm cuando decía: “hay que aprender bien la técnica para luego olvidarla”, ya que la Dra. Wilbur a pesar de tener en claro el objetivo del tratamiento nunca sigue una técnica ortodoxa. Cosa que no critico del todo, porque a pesar de que su método no es convencional, obtiene resultados benéficos para la paciente.

Pero sin perder mirada de la contratransferencia; al final la Dra. Wilbur termina involucrándose afectivamente con Sibyl… pero, es que ¿esto se puede cuestionar? en realidad ¿no nos involucramos afectivamente con todos nuestros pacientes? Este es un tema de suma importancia, porque entramos en el terreno de la ética, de lo permitido y lo no permitido en el análisis. En este sentido, creo que, lo que pudiera parecer inadecuado, como por ejemplo, el modificar el encuadre, ver a la paciente durante horas, tener una actitud permisiva, de acercamiento físico, de darle de comer, etc. Son todas actitudes de una madre presente, afectiva, constante, nutricia, que brinda afecto, cuidados y que demuestra que a pesar de que se dejen de ver por algunos días, llegará a la sesión y la paciente sabrá que ahí está presente esa figura, de la que recibe gratificación. Como ese pecho ideal e inalcanzable. Es precisamente con todo esto, con lo que la analista logra que la paciente establezca un vínculo con una persona que no lastima, que sabe escuchar, que trata de comprender y que está presente.

Ante este resultado, como es que podemos criticar un trabajo que si bien es poco ortodoxo, tuvo en su momento con esa paciente muy buenos resultados. Señalo aquí, con esa paciente, porque tampoco podemos generalizar y pensar que esto funcione de la misma forma con todos los pacientes que tienen este tipo de trastorno.

En ocasiones nosotros los analistas, desde el mismo Freud, tratamos de encajar o encuadrar a los pacientes en las diferentes teorías. Pero me pregunto qué tanto funciona esto. Me parece que todas las teorías psicoanalíticas, son parte importante sí, son bases de nuestro trabajo, pero el conocimiento o manejo que se tenga de cada una de las teorías y la técnica, no es lo que en realidad nos hace psicoanalistas. Considero que eso se pone a prueba todos los días, con todos los pacientes y por supuesto no podemos generalizar las teorías y pensar que ahí está la respuesta al malestar de los pacientes. Nos da indicadores, nos podrá la teoría guiar en el camino, pero el instrumento más importante en nuestra práctica, somos nosotros mismos. Somos un instrumento que tenemos que pulir, que tenemos que cuidar y al que tenemos que confrontar con nuestros propios demonios internos. Es decir conocernos y nunca dejar a un lado lo que cada paciente nos hace sentir y cuestionarnos ese sentimiento en todo momento, para encausarlo a favor del análisis del paciente.

Es así como desde esta perspectiva, se deja ver, que la Dra. Wilbur siempre está pendiente de lo que pasa con ella, escucha atentamente y volviendo al punto anterior, se involucra, es cierto. Pero no deja de estar presente, de ver en pro del bienestar de Sibyl. Es ahí donde yo veo la diferencia, entre la disposición de estar y acompañar al paciente, y el involucramiento afectivo que en lugar de ayudar al paciente, se le encause por caminos y senderos del mundo objetal interno del propio analista, cometiendo iatrogenias que al final terminen afectando a la persona más de lo que era su motivo de consulta.

Es por eso que; considero que la Dra. Wilbur, hace un manejo de su contratransferencia digno de reconocer. Con su actitud ante el tratamiento, en particular me deja un mensaje muy importante; lo que nos hace diferentes en el trabajo analítico, de cualquier charla con un buen amigo; es que el analista conoce o se encuentra en el proceso de conocer su mundo interno, que no le es nada de lo humano desconocido, que el analista reconoce haber estado cerca de la propia locura, de la neurosis propia, muy cerca de actos perversos, pero también muy cerca de lo que Fromm llama biofilia, el amor a la vida y el interés genuino por los otros. Es decir el ser analista es más que una profesión, se convierte en un estilo de vida.

Poco se sabe de la vida personal de la analista en esta historia, lo que sí se deja ver es que es una mujer con amplios intereses, mismos que le permiten ser empática con su paciente. El conocimiento que tiene de música, pintura, la sensibilidad para poder ver a la paciente como una persona.

Es por eso que no me atrevo a criticar a la analista, porque ella hace que la teoría tenga sentido por la práctica y no por la teoría misma. Hace innovaciones al tratamiento con esa paciente, no sabemos de su trabajo con otros pacientes, pero seguramente su forma de trabajar es individual en cada caso.

Esa manera sensible y creativa es la que, nos cuestiona a cerca de la técnica. Forzosamente ¿nos tenemos que apegar a una teoría, que nos lleve paso a paso a resolver un caso? No lo creo así. Creo que nos debemos valer de todas las aportaciones analíticas de teóricos del psicoanálisis, que nos ayuden a ver y escuchar con claridad, pero la solución de un caso, cualquiera que se nos presente en el ámbito analítico, depende de la relación y el vínculo que se establezca con cada una de esas personas. El avance terapéutico pues, no es el resultado de una buena teoría; sino de, el establecimiento de la alianza terapéutica y el tipo vínculo que se establezca. De estar siempre presentes y conscientes de los fenómenos transferenciales y por supuesto desde mi punto de vista, los más importantes: los contratransferenciales.

Hasta aquí termino con este trabajo que más que una crítica al trabajo de la Dra. Wilbur, es una reflexión a cerca de nuestro papel como analistas, de cuestionar, que tan abiertos estamos ante nuevas posturas, y qué tan dispuestos estamos a innovar en el psicoanálisis. Sin clavarnos en la idea de que ya todo está escrito; no niego con esto que las bases están escritas, pero los fenómenos actuales y las nuevas formas de enfermedad que están surgiendo por los cambios sociales, necesitan de analistas preparados, creativos y sobre todo con un interés genuino por el otro y por la investigación.

Una mirada a la teoría de M. Klein


Es habitual en el ámbito clínico, recibir a individuos cuyo motivo de consulta se encuentra relacionado con problemas para establecer o mantener una relación amorosa. Esto me lleva a plantear algunas interrogantes: ¿qué pasa en la psique de estas personas, en relación a sus objetos internos? ¿Cómo se relacionaron con ellos? ¿Qué pasó con su primera relación de amor? Pero principalmente ¿qué se puede hacer para que logren cambiar a sus objetos internos y poder relacionarse con mayor efectividad con los objetos externos?

Cada vez que exploro este campo, en donde pareciera que los recuerdos se han difuminado en las personas, lo que queda es sólo la historia de sus relaciones, pero lo más importante, los sentimientos que nos proyectan a través de la transferencia y que nos hablan de lo que ellos conscientemente no recuerdan. Así en la historia y relación con los pacientes me he encontrado con sentimientos de dependencia, demanda, necesidad de poseer al otro, de dominarlo, angustia de separación, celos, miedo, etc. Es por eso que en este trabajo me daré a la tarea de responder a algunos cuestionamientos, a través de un caso clínico paradigmático. Bajo la teoría de Melanie Klein; quien después de Sigmund Freud y Ronald Fairbairn, entre otros, se convirtió en una de las precursoras de la teoría de las relaciones objetales.

Ante la pregunta de ¿qué pasa en relación a los objetos internos de las personas que establecen relaciones de pareja insatisfechas? Es muy difícil que un paciente hable en primera instancia con profundidad a cerca de cómo recuerda la relación con sus figuras paternas. Los únicos datos que dan son cómo se están relacionando actualmente y datos de la adolescencia o recuerdos de la infancia, en muchas ocasiones ni siquiera recuerdan esa etapa, a veces nos hablan sólo de lo que les han contado. Sin embargo, conforme se avanza con el paciente se puede llegar a tocar la relación con esos objetos internos de una manera profunda. Para ejemplificar estas palabras, a continuación, voy a relatar lo que un paciente me decía: “sabes, hay algo que creo que es importante y que había pensado estos días; primero recordarás que a mis padres les costó mucho trabajo tenerme, porque mi madre no quedaba embarazada, hasta después de cinco años que se casaron, mi madre logró embarazarse, así que siempre me ha dicho que fui un niño muy deseado. Pero hay un dato que había olvidado y que también me lo relató ella, y es que en el momento en que iba a nacer, cuando mi madre llegó al hospital, ya se le había roto la fuente, pero estando en la sala de espera, la enfermera le dijo a mi mamá que no podía dar a luz ahí y que esperara a llegar a la sala ginecológica, en ese momento en el que yo estaba a punto de nacer ya casi coronando, mi mamá dice que me regresé y que después ya no tenía contracciones y al final le tuvieron que hacer cesárea… esto lo asocio con un sueño que no te había contado pero que era muy repetitivo cuando era niño, soñaba que caía en un vacío muy grande en donde todo era oscuro y sentía que algo me jalaba, no sé por qué, pero siento que esos dos eventos están ligados” sic.

Cuando el paciente me hace este relato me hace pensar en primer lugar si el deseo de tenerlo era tan genuino de parte de la madre, ya que sabemos que en el fondo las mujeres que no pueden embarazarse a pesar de que físicamente están en condiciones favorables para hacerlo, existe el rechazo a quedar embarazadas, y en especial con este caso me hace mucho sentido, debido a que después en el momento del parto, cuando el bebé está a punto de nacer, lo que hace es regresar al bebé como si no quisiera que naciera. Obviamente estas son hipótesis que hago, sustentada en la historia del paciente con esta madre. Al inicio el paciente decía que cuando era adolescente pensaba que su madre era su mejor amiga… pero conforme se fue avanzando en el tratamiento, se encontraron cosas que daban indicios que la relación con la madre no era tan afectuosa como él creía. Al punto de reconocer que cada que tenía que pasar unos días en casa de ella, le aparecía un tipo de dermatitis.

Además un aspecto muy importante, es que en su desarrollo psicológico, él decide por el sendero esquizoide, su fijación es en la etapa oral de desarrollo y no logra llegar a la etapa depresiva. Utiliza entonces la escisión para crearse un mundo alternativo, con objetos de la realidad externa, construye un mundo en donde él sí es aceptado y querido, pero ese mundo no es humano. Su mundo se crea de personajes en donde él es el más poderoso. En el mundo de objetos reales, su comportamiento es bastante funcional a nivel de su desarrollo intelectual, pero emocionalmente no reconocía la capacidad de tener un sentimiento de amor por el otro, de hecho era algo que él tenía prohibido en su mundo alternativo. Elige también en su desarrollo sexual ser homosexual, aquí vemos también que el tema del narcisismo es muy importante, no es capaz de amar más que a las personas iguales a él.

Como podemos ver que este es un caso que muestra cómo la teoría de Klein recobra sentido y ayuda a ver con más claridad el mundo interno del paciente.

Con toda la información que se tiene, entonces podemos ver que definitivamente la madre de este paciente fue no fue generadora de afecto, al parecer, en la relación con la madre predominó la relación con el pecho frustrante, frío y perseguidor.

Tornando así la mirada hacia la primera relación con el objeto (parcial) pecho materno, de la que M. Klein en su artículo de “algunas conclusiones teóricas de la vida emocional del bebé” (1952) nos explica la manera en la que el bebé se relaciona con el pecho: la relación con el pecho bueno (gratificador) y con el pecho malo (frustrante y perseguidor). Nos explica Klein: “la relación es primeramente con un objeto parcial, porque las pulsiones oral libidinales y oral destructivas están dirigidas desde el principio de la vida hacia el pecho de la madre en particular… puede concebirse que en periodos de hambre y tensión, existe un equilibrio óptimo entre las pulsiones libidinales y agresivas. Este equilibrio se altera cada vez que debido a privaciones de origen interno o externo, las pulsiones agresivas son reforzadas. Esta alteración del equilibrio, es causada por una emoción: la voracidad. La cual es primeramente y sobre todo de naturaleza oral. Cualquier aumento de la voracidad fortalece las pulsiones agresivas”.

Ante estas afirmaciones de la autora podemos pensar en que la forma de relación que ha encontrado este paciente es a través de la voracidad, antes a que se iniciara el tratamiento analítico, él sólo había tenido una relación significativa. En esa relación el paciente se dio cuenta que estaba sintiendo amor por el otro, lo cual lo aterró, al grado tal que presento una crisis de ansiedad, que además lo estaba llevando al sendero depresivo, de reconocer de que en el fondo él no era lo que había pensado en su mundo alternativo, sino que en realidad era un ser humano.

Ante esta conclusión el paciente se comenzó a mostrar “demasiado demandante” (sic) con su pareja, lo celaba, constantemente le reclamaba porque sentía que no pasaban el tiempo suficiente juntos, etc. hasta que llegó el momento en que su pareja lo terminó porque la presión que ejercía sobre él era incontrolable. En ese momento el paciente cae en depresión, podríamos decir que era la primera relación de objeto real que estaba viviendo, con una persona que le estaba brindando atención, cuidados y cariño. Al final lo que hace el paciente es agredirlo con su voracidad, sin embargo ese objeto no logra permanecer a pesar de la voracidad y decide abandonarlo. Aquí el paciente vive nuevamente la sensación de abandono, lo que le genera un sentimiento de culpa por haber sido el causante de que la relación hubiera terminado. Esto me lleva a lo que M. Klein plantea sobre la culpa y los deseos de reparación.

En el paciente solo predomina la culpa y la depresión y la autodestrucción, ya que comienza a tener relaciones fortuitas, carentes de afecto y en una de ellas se infecta de VIH. Al final regresa al sendero de lo esquizoide, del deseo de querer destruir al objeto, que como ya está internalizado, se ataca a sí mismo para hacerle daño. Así es como llega a consulta, aparentemente con un motivo muy nimio y racionalizado que de fondo explicaba el miedo profundo de acercarse cada vez más al camino que se había trazado desde su infancia, que era hacia lo muerto.

Con esto recuerdo el concepto de Freud de la compulsión a la repetición que en “pulsiones y destinos de pulsión”, nos dice que estas personas buscan constantemente el objeto con el que se relacionaron desde la lactancia, explica que lo reprimido intenta retornar al presente, en forma de sueños, síntomas, actuar: [...] lo que ha permanecido incomprendido retorna; como alma en pena, no descansa hasta encontrar solución y liberación.

Regresando a Klein podemos ver que el sentimiento de amor está relacionado con el pecho bueno gratificador y que a su vez le ayudan a contrarrestar la ansiedad persecutoria, los sentimientos de pérdida y persecución; podemos entender entonces que el amor es un sentimiento que se genera de la presencia del pecho que nutre, que brinda seguridad, que está presente. Cosa que en el caso del paciente, no existió, parece que lo que vivió el paciente fue la presencia de una “madre muerta” (André Green, 1980).

En este sentido, cómo intervenir con este paciente para que logre encontrar la búsqueda de ese pecho gratificante, cuando el objeto que ha internalizado es frustrante. En el trabajo de Klein de “envidia y gratitud” cita a Freud cuando expresa que: “la labor del analista, es de construcción, si se prefiere, de reconstrucción, se asemeja en gran parte a la del arqueólogo que excava una casa o un edificio destruidos y soterrados. Ambos procesos son en realidad idénticos, salvo que el analista opera en condiciones más favorables y tiene a su disposición más material auxiliar, dado que sus esfuerzos no se concentran en un objeto destruido, sino en algo todavía vivo, y quizá lo favorezca así mismo otra razón que ya consideremos… hemos dicho que el analista trabaja en condiciones más favorables que el arqueólogo, porque dispone también de un material que no tiene símil alguno en las excavaciones, como, por ejemplo, la repetición de reacciones que datan de la infancia y todo lo que en relación con tales repeticiones emerge a través de la transferencia.. Todo lo esencial se ha conservado; aún aquellas cosas que parecen completamente olvidadas, subsisten de alguna manera y en alguna parte, hallándose sólo soterradas e inaccesibles al individuo”.

En este sentido, puedo relatar que la transferencia que el paciente hace desde el inicio es una transferencia invasiva y de rechazo, es decir una transferencia negativa con el pecho frustrante y malo. Debido a que en su expectativa de analista él deseaba estar con un analista varón y de más edad, después reconoce que se siente muy cómodo en la relación y considera que fue una buena decisión el haber permanecido en análisis a pesar del género y edad de su analista. Inicia el proceso de una transferencia idealizada, el paciente se comienza a sentir confiado, en los sueños que manifiesta es evidente el progreso hacia lo transicional. A través de la relación analítica poco a poco encuentra un espacio en el que se puede sentir confiado y libre de expresar lo que siente, sin ser rechazado y/o abandonado.

Es así cómo a través del análisis de la transferencia que podemos encontrar información acerca de la manera en que viven en él sus objetos internos, es a través de el proceso analítico entonces en donde podrán encontrar la posibilidad de reconstruir sus objetos y encontrar dentro de sí mismos ese objeto gratificador, por medio de una identificación proyectiva con el analista, que puede ejercer la función de pecho bueno, gratificador, tolerante a las agresiones y también frustrante, que marca límites y que por medio de ellos da seguridad.

La respuesta parece notarse sencilla, pero en realidad para llegar a este resultado, requiere de una labor de largo tiempo y de adentrarse en lo más profundo del inconsciente del paciente, como ese arqueólogo que busca con curiosidad, con paciencia, con constancia y con mucha atención a lo que se presenta, con la capacidad de limpiar poco a poco lo que encuentra y entender sus orígenes.

Hace poco en un congreso la psicoanalista Deidre Johnson decía: “para poder amar, hay que perdonar al otro por lo que no es, y por lo que uno quisiera que fuera”. Con esto trataba de explicar que siempre ante la búsqueda de ese objeto perdido, en el enamoramiento lo que pasa es que al inicio se depositan en el objeto todas las características del padre o la madre, y que cuando se da cuenta de que no es ni la madre ni el padre, se llega a odiar al objeto y para poder amarlo tiene que existir el perdón. Hablaba de que nuestra labor como analistas es trabajar con los objetos internos del paciente para que en la medida que los modifique internamente, logre hacer cambios significativos en la forma en que establece sus relaciones amorosas.

Esto me lleva a pensar lo que Klein plantea a cerca de los procesos de escisión en relación con el objeto; ya que entramos en el campo de la ambivalencia entre el amor y el odio por el objeto. Debido a que para trabajar con los objetos internos, es necesario trabajar con las defensas del paciente, en las que la escisión, la idealización y la negación juegan un papel importante en las relaciones.

Cuando Klein expresa que: “el yo es incapaz de escindir al objeto –interno y externo- sin que se lleve a cabo una escisión correspondiente dentro del yo mismo. Por lo tanto, las fantasías y sentimientos respecto al estado del objeto interno, influyen vitalmente en la estructura del yo… en estados de gratificación prosigue, los sentimientos de amor se dirigen hacia el pecho gratificador, mientras que en estados de frustración el odio y la ansiedad persecutorias se ligan al pecho frustrador. La idealización es el corolario del temor persecutorio, pero surge también del poder de deseos instintivos que aspiran a una gratificación ilimitada y crean por tanto, el cuadro de un pecho inagotable y siempre generoso, un pecho ideal”.

Es así como a través de la historia y el trabajo analítico que se ha hecho con este paciente es una muestra de la escisión del yo, en donde el paciente a través de la creación de ese mundo alternativo buscaba la gratificación del pecho inagotable y siempre generoso, cuando la realidad se le presentaba todo el tiempo frustrante, sólo encontró ese camino. Ahora en lo que ese está trabajando es en que, a través del análisis se siga construyendo ese espacio que el analista como representante del pecho bueno, que también frustra, pero siempre está presente, logre permanecer en el espacio de lo transicional que le permita encontrar una forma diferente de relación. Que logre encontrar a ese objeto perdido: el pecho bueno generador de amor.