Algunos autores, como Sigmund Freud,
dedicaron parte de su investigación al tabú del incesto. No obstante se
encuentran algunas excepciones históricas a la prohibición universal del
incesto: Tenemos los casos de las monarquías del Antiguo Egipto (véase, por ejemplo, la
biografía de Cleopatra).
Sin embargo existen ciertas culturas y sociedades en
las que las relaciones incestuosas son una práctica social común y aceptada.
Este es el caso del Tíbet, donde varios
hermanos pueden compartir la misma esposa. Sin embargo la mayoría de las
legislaciones del mundo consideran (por alguna razón o tabú) el incesto como delito, aunque sea practicado con "consentimiento
mutuo" entre mayores de edad. Las sanciones prescritas en este caso
oscilan desde el castigo severo hasta el repudio social sin mayores consecuencias
para el individuo.
Se puede inferir que uno de los motivos de la
prohibición del incesto en las culturas es que los seres humanos que nacen como
fruto de una relación incestuosa corren un mayor riesgo de desarrollar
problemas físicos relacionados con la tenencia de cargas genéticas paralelas. Así
también, otro de los aspectos destacados acerca del origen del tabú del incesto
es el relacionado con la alteración de las relaciones sociales
o de la armonía social intrafamiliar. Respecto a este punto se entiende que el
incesto supone la confusión de los roles sociales e incluso la alteración
de las relaciones jerárquicas dentro del grupo (por ejemplo, la ocupación
del rol de padre y marido al mismo tiempo).
Adentrándonos en nuestro campo de la
psicología, Freud en Tótem Tabú, hace un análisis muy interesante sobre los
aborígenes australianos, quienes son considerados como una raza aparte sin
relación alguna ni rasgo común con ninguna otra tribu de otras islas o continentes
más cercanos. En este artículo de Freud nos describe que sus costumbres no
incluyen la construcción de viviendas sólidas, no cultivan la tierra e ignoran
el arte de la alfarería. Se alimentan de carne de animales
salvajes y de raíces que encuentran a su paso. Viven en grupos pero no
tienen ningún jefe y los problemas son resueltos en Asambleas de hombres
adultos.
Es difícil atribuirles algún culto que
responda a la adoración de algún ser trascendente.
Teniendo en cuenta estas características de
su cultura se puede esperar que con respecto a la sexualidad no observen ningún
tipo de restricción ni tabú.
Sin embargo, es curioso que en estas tribus imponen una rigurosa prohibición a las relaciones
sexuales incestuosas.
Las tribus australianas se dividen en
grupos y cada uno de ellos lleva el nombre de un “tótem” que puede ser un
animal, una planta o un fenómeno atmosférico, como la lluvia, el cual se
relaciona con el grupo.
Este “totem” no es un ícono sino que se
encuentra en la realidad y represente el antepasado de ese grupo, encargado de
protegerlos de cualquier daño; y todos los individuos que tienen el mismo
“tótem” tienen la obligación de respetar
su vida, abstenerse de comer su carne o aprovecharse de él en alguna forma.
De esta forma la subordinación al “tótem” es sagrada y castigada si no se
cumple.
En casi todos los grupos que comparten el
mismo “tótem”, sus miembros no deben tener relaciones sexuales ni casarse entre
sí. Siendo la violación a esta ley de exogamia vengada por la tribu como si se tratara
de un peligro que amenazara a esa comunidad y penalizada con la muerte de ambos
amantes.
No obstante, si ambos logran evadir por un
tiempo prudencial la persecución, la sanción puede ser dejada de lado. Esta
prohibición se extiende a los amores ocasionales que también son considerados
merecedores de la pena
de muerte.
Si un hombre se casa con una mujer cuyo
clan tiene otro tótem, los hijos heredarán el tótem de la mujer, por lo tanto
un hijo varón no podrá tener relaciones con su madre ni con su hermana,
prohibiendo también al hombre cualquier unión con miembros del mismo grupo, que
pueden llegar a tener varias mujeres de otros clanes.
Las hermanas no pueden acercarse ni hablar
con sus hermanos y las madres de hijos varones después de la edad de la pubertad
tampoco, incluso si deben servirle una comida la ponen a sus pies sin dirigirle
la mirada.
La prohibición más extendida y rigurosa es
la relación sexual entre yerno y suegra que puede provocar la destrucción de
dos familias.
La prohibición del incesto, todavía
vigente, induce al individuo a sustraerse de la atracción que le produce su
madre (proceso natural del complejo edípico) y obliga al hijo a liberarse de
una condición infantil y de un complejo neurótico.
Las tribus primitivas debían preservar su
integridad y asegurarse la cooperación de todos sus miembros y el tabú del
incesto elimina las relaciones que pueden ocasionar actos violentos y
rivalidades que en definitiva pueden desintegrar el grupo.
Actualmente,
el tabú del incesto existe en todas las sociedades y existen leyes que lo
respaldan, aunque su cumplimiento sea menos riguroso que en las sociedades
tribales, ya que en los casos que se registran violaciones el mayor porcentaje
se produce dentro de una misma familia.
Un
dato curioso es que en la ley mexicana en el Artículo 272 dice lo siguiente: Se
impondrá la pena de uno a seis años de prisión a los ascendientes que tengan
relaciones sexuales con sus descendientes. La pena aplicable a estos últimos
será de seis meses a tres años de prisión. Se aplicará esta misma sanción en
caso de incesto entre hermanos.
Esto es el resultado de una
sociedad que tiene una doble moral, de una sociedad asustadiza de lo que pasa
en todo el mundo, pero cuando se trata de la propia familia mexicana todo debe mantenerse
en secreto, se deben cuidar la
apariencias ante los demás, es por eso que el objetivo del
siguiente trabajo es explicar en primer lugar la dinámica que se da dentro de
una familia en la que se vive el incesto, para poder así comprender el papel que
desempeña cada uno de los integrantes, ya que aunque se pensara que por lo
regular los protagonistas son solo dos personas dentro de la familia, los demás
aunque antagónicos tienen un papel participante.
El
segundo punto en el que tratare de enfatizar es en el análisis de los efectos que tienen en
una persona el haber vivido como amante de
un miembro de la familia, ya sea el padre, la madre, el tío, el hermano
etc. Por lo tanto antes de continuar quisiera mencionar la definición del
diccionario de psicoanálisis de E. Roudinesco y P. Michel quienes lo describen
de la siguiente manera:
“Se llama incesto
a una relación sexual sin coacción ni violación entre consanguíneos o padres
adultos (que hayan alcanzado la mayoría d edad legal), en el grado puntualizado
por la ley propia de cada sociedad: en general, entre madre e hijo, padre e
hija, entre hermano y hermana. Por extensión, la prohibición puede extenderse a
las relaciones sexuales entre tío y sobrina, tía y sobrino, padrastro e hija,
madrastra e hijo, madre y yerno, padre y nuera”.
Desde
este concepto se puede reconocer que para que el Incesto como tal se lleve a
cabo, ambas partes tienen que estar de acuerdo, no existe una obligación o
amenaza en ninguno de los que lo practica. Esta es la diferencia que podemos
encontrar en cuanto al abuso sexual infantil, ya que de forma genérica, se
considera “abuso sexual infantil” (o pederastia[]) a toda conducta en la que un menor es utilizado
sin su consentimiento como objeto sexual por parte de otra persona con la que
mantiene una relación de desigualdad, ya sea en cuanto a la edad, la madurez o
el poder.[ ]Se trata de un problema universal que
está presente, de una u otra forma, en todas las culturas y sociedades y que
constituye un complejo fenómeno resultante de una combinación de factores
individuales, familiares y sociales. (...) Supone una interferencia en el desarrollo
evolutivo del niño y puede dejar unas secuelas que no siempre remiten con el
paso del tiempo.
Entendido
de de esta forma, el abuso sexual se puede dar dentro de las familias, pero
también fuera de ellas, sin necesidad que exista algún lazo de consanguinidad.
Ya que el abusador, puede ser desde un vecino, un amigo de la familia, un
maestro, etc.
Lo
anterior citado deja ver con mayor claridad la diferencia entre ambos casos,
sin embargo en muchos de los casos para que el incesto se lleve a cabo, existe
en primera instancia una seducción por parte de uno de los miembros de la
familia hacia un menor que
tiene a cuidado, trata de llevarlo por un laberinto oscuro prometiéndole una
salida llena de sorpresas, y cuando ya está dentro de ese laberinto se da
cuenta de que se encuentra demasiado perdido para encontrar la salida, por lo
que prefiere quedarse ahí, porque tal vez es la única forma de amor conocida.
Dentro
de las familias incestuosas se desarrolla un cierto patrón de conducta común,
que a lo largo de mi corta experiencia con pacientes, tiene un común
denominador que es el “silencio”, en estas familias siempre hay algo que
ocultar un “secreto” que no se debe revelar, aparentemente son familias en las
que no existe nada fuera de lo común, ante todos son funcionales y a veces
hasta familias “ejemplares”, porque lo que sucede ni siquiera entre los mismos
miembros se habla, y si se llega a hablar del tema resulta aberrante, tanto que
prefiere ocultarse hasta de ellos mismos. Viven en la negación total, y hasta
podría decir que viven una vida escindida. En donde de día se actúan los roles
como corresponden y por la noche en la oscuridad, los papeles de hijo (a),
cambian al de esposo o esposa.
Hablemos de una familia en donde los
protagonistas son el padre y la hija, en nuestra cultura podemos identificar rápidamente
cuando la mujer se queda callada, aparentando que no sabe nada de lo que pasa,
por miedo a que el esposo deje de mantenerlos, se siente tan indefensa, tan
poca cosa, que se cree incapaz de poder
trabajar, y ser ella misma proveedor de las necesidades de la familia. Esta es
la más sencilla explicación que le
podemos dar, sin embargo yo me pregunto, qué es lo que pasa con las familias en
que ambos padres trabajan y en donde la mujer es autosuficiente y a pesar de
ello acepta inconscientemente esta situación? Es una pregunta difícil de
contestar, porque no solamente aquí se presenta el factor económico, sino
también otros factores como el factor social, el cultural y por supuesto el
papel que juega la psicopatología de estas familias. En donde desde mi punto de vista podemos
identificar dos factores determinantes: 1) es la carencia de límites y 2) la
represión ocasionada por la rigidez en las normas familiares que llevan la
mayoría de las veces a la ambivalencia y a la incongruencia. Ya que comienzan a
confundirse las funciones en la mente del niño o adolescente, no comprende el
rol que desempeña, y acepta sexualmente al padre o a la madre, como un
cumplimiento del deseo edípico. De lo contrario explicando el segundo punto
podemos llegar a la conclusión que ante la rigidez y control que se vive en
algunas familias, se fomenta el deseo entre los miembros, como los hermanos de
la familia de la película del castillo de la pureza de Arturo Ripstein, en
donde la locura del padre provoca que los dos adolescentes con el deseo a flor
de piel llegaran a cometer incesto. Pero como no hacerlo, si no tenían ningún
otro objeto sobre el cual volcar su libido.
Análogamente
a lo que pasa en la tragedia Griega de Edipo, en realidad él ignoraba que
Yocasta era su madre, y al enterarse de la realidad le causa terror de sí
mismo. Es exactamente lo mismo que sucede dentro de ese tipo de familias, o por
lo menos con el afectado, viven el incesto como si fuera algo común, lo
entienden como algo permitido que además es placentero, ya que en ocasiones lo
entienden como la única oportunidad que tienen de ser amados, más aún cuando
viven violencia intrafamiliar por cualquiera de los padres. En el caso de los hijos o hermanos que viven
en incesto, al darse cuenta de que la realidad en la que se encuentran no es
aceptada, sino lo contrario, es repudiada y castigada por las leyes, se
enfrentan al mismo terror que Edipo, y
muchas veces para no sufrir las consecuencias inevitables que llevan al
derramamiento de sangre se quedan callados.
El
incesto es algo real, que existe en un número impresionante de familias, y ya
no es de admirar en la consulta cuando se atiende a una persona que nos
confiesa con tan delicada precaución su máximo secreto, en donde podemos sentir
su dolor lleno de culpa, por haber aceptado a cualquier miembro de la familia
como amante. Sin embargo en el análisis de estos casos podemos ver cómo toda la
familia se encuentra involucrada, unos más que otros. Puede que el padre haga
algo tan evidente como convertir a todas sus hijas en su harem particular, y la
madre se convierte en el espectador de ese drama y en el papel de abnegación
acepta sin miramientos la autoridad del “macho” que es quien pone las reglas y
es dueño de todas esas vidas mostrando una supremacía que afecta a todos.
Cuando
una niña llega a la adolescencia aceptando el papel que se le ha sido asignado,
las repercusiones son graves, el “self se
ve fisurado”, se ve dañado al grado de necesitar constantemente del
reconocimiento y la aceptación de los demás, se muestra dispuesto a todo con
tal de obtener de lo que se encuentra hambriento. En ocasiones hasta la imagen
corporal se ve afectada. Además de desarrollar un yo debilitado, con pobres
recursos para la defensa ante el peligro.
Para
quiero citar un caso de una joven de 23 años, su madre acude con ella y refiere
que busca una cita, se le asigna y el día de la primera sesión asiste la madre
de la chica, mencionando que en realidad la consulta que desea es para saber
que puede hacer con su hija, ya que tiene mucho miedo a que sea lesbiana, al
comenzar con la entrevista la señora termina diciendo que su hija ha tenido
relaciones sexuales con su padre desde los diez años, y que cuando ella se enteró
se enojó mucho, pero no podía hacer nada porque “quien los iba a mantener”,
pero en realidad esta mujer de lo que
tenía miedo era que la preferencia sexual de su hija cambiara ya que al
hacerlo dejaría de ser la amante del padre y en su fantasía dejaría de
proveerles económicamente lo necesario para poder vivir. Al ver a la chica,
físicamente parecía una adolescente de quince años, como si su cuerpo hubiese
protestado de esa forma, quedándose estancado en el cuerpo de una niña, con la
finalidad de no provocar más el deseo del padre.
Este
es un ejemplo como muchos que se pueden citar, pero no pretendo que esto se
convierta solo en un análisis de casos, lo utilicé para ejemplificar cómo las
repercusiones del incesto, no son solamente psicológicas, también son físicas y
sociales.
En
tótem y Tabú Freud describe lo anterior con claridad de la siguiente forma:
El
psicoanálisis nos ha demostrado que el primer objeto sobre el que recae la
elección sexual del joven es de naturaleza incestuosa condenable, puesto que
tal objeto está representado por la madre o por la hermana, y nos ha revelado
también el camino que sigue el sujeto, a medida que avanza en la vida, para
sustraerse a la atracción del incesto.
Ahora
bien: en el neurótico hallamos
regularmente restos considerables de infantilismo psíquico, sea por no haber
logrado libertarse de las condiciones infantiles de la psicosexualidad, sea por
haber vuelto a ellas (detención del desarrollo o regresión). Tal es la
razón de que las fijaciones incestuosas de la libido desempeñen de nuevo o
continúen desempeñando el papel principal de su vida psíquica inconsciente. De
este modo, llegamos a ver en la actitud incestuosa con respecto a los padres el
complejo central de la neurosis…
Cuando
la actitud incestuosa se vive y no sólo se fantasea podría rebasar los límites
de la neurosis y entrar en el campo de la psicosis, porque como mencionaba
anteriormente, la situación del incesto dentro de la familia se vive como una
realidad diferente a los demás, como una realidad que necesita ocultarse
mediante la negación de su existencia.
Por lo que la persona implicada en ello sufre un desequilibrio mental
que la puede llevar a la desestructuración de la personalidad. Provocando
trastornos de la personalidad como el limítrofe o el narcisista. O bien como lo
menciona Joyce Mcdougall en su libro “Teatros de la Mente” el sujeto llega a
ser el inventor de una sexualidad diferente, dirigiendo a su libido hacia
cualquier objeto o sujeto que le hagan desviar la atención del deseo incestuoso.
“El hijo incestuoso, intenta ocupar el lugar del padre árabe. Se disputan el
espacio materno, en su infancia real, el padre amenaza al hijo con su gran
falo, que al mismo tiempo representa el objeto con el que ha de castrarle… el
hijo a través la invención de una sexualidad diferente (perversa), logra
vencer a su perseguidor interno, se
libera de él y de su propio analista, al mismo tiempo se libera de la madre que
castra y abandona…”
Desde
esta misma línea, el paciente que ha vivido el incesto, tiene dificultades para
poder relacionarse con las figuras del sexo opuesto, llegando a castigarlas del
placer por medio de disfunciones sexuales, como la eyaculación precoz, la
impotencia, la frigidez, el vaginismo, entre otros.
Esto
en castigo hacia el objeto primario por el que fue usado sexualmente en la
infancia. Sin embargo no solo es castigo hacia el objeto, sino hacía sí mismos,
ya que al sentirse participantes de ese acto, se desarrolla en estas personas
un sentimiento de culpa que los lleva a la autoflagelación que los lleva a
cometer actos masoquistas.
Todo
lo anterior es poco de lo mucho que se puede hablar sobre este tema, que genera
tanta controversia y que pareciera tan oculto pero a la vez tan presente en la
sociedad, porque no solo se desencadena por factores psicológicos, sino también
por factores sociales que tienen que ver con la pobreza y la carencia de
educación. Generado muchas veces por el hacinamiento de morada, en familias de
bajos recursos que no tienen más que un cuarto para poder vivir y que además
por la pobre educación sexual las parejas tienen un gran número de hijos a los
que es casi imposible manejar.
Por
lo que puedo concluir que las repercusiones psicológicas del incesto afectan no
solo a los involucrados, sino al grupo con el que se relacionan, en especial a
las parejas hasta llegar a los hijos, cuando se llega a formar una familia.
Jenny Hernandez