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miércoles, 16 de julio de 2014

Ninfomaniac
“Erotismo y muerte”



La imagen y el concepto de ser y de sentirse mujer es un tema que genera una gran controversia, sobre todo en una cultura en donde el prototipo de la mujer es sinónimo de bondad, delicadeza, entrega, de cuidado y es la representante de las emociones y sentimientos que son a veces callados y reprimidos en los hombres. Esta imagen de mujer “perfecta” del estereotipo que debe cumplir con todas las expectativas, de ser buena hija, buena madre, buena esposa, buena amiga, buena trabajadora, etc. queda hecha trizas con la propuesta que nos hace Larns von trier  en Ninfomaniac que presenta a una mujer como opuesto de lo que “se espera”, una mujer sin emociones y que rompe con todas las barreras y expectativas, se empodera con su sexualidad o tal vez la sexualidad se apodera de ella. Así es como cobra vida el personaje de Joe.

Es complejo definir las emociones, sentimientos, impulsos y deseos que se mueven dentro al ver este film, en el que Larns logra tocar a profundidad lo más recóndito del inconsciente y lo plasma de manera tal que envuelve el placer y el dolor como representación de una sola cosa, el cuerpo se cosifica y al mismo tiempo se vive pero no se siente y el deseo más escatológico se convierte en real.

Es una entremezcla de vida y de muerte de pulsiones e impulsos en donde las emociones queda difuminado en un campo del olvido interno. El amor no existe, solo en la relación con el padre que conecta a Joe con la vida a través del diálogo con los árboles. Es el bosque el que se convierte en su refugio, el único lugar de paz, un lugar privado y de bienestar. Lo demás es hueco y sin sentido. Joe es el signo del placer no satisfecho, de la búsqueda constante de lo que Freud llama el “objeto perdido” que se encuentra. Destinada a una vida de soledad y de un mundo oscuro en donde lo de menos es el dolor que infringe a su cuerpo y lo que se pone sobre la mesa es un vacío profundo en el que va de caída y del que no logra salir porque ese vacío profundo es el que le da sentido a su vida, un sentido que no encuentra en nada más.
Con el tiempo se convierte en madre, pero una madre sin apego en la que prevalece la necesidad sexual por sobre todo, se convierte también en una esposa que al encontrarse con el “amor” pierde la sensibilidad de su cuerpo y lo busca insaciablemente en otros hombres, porque parece que para Joe el amor y el placer es algo en lo que no encuentra convergencia. La unión la encuentra en el placer, el dolor y la cosificación del cuerpo. Comienza una vida dividida entre su hogar y lo sexual. En ese mundo escindido Jerôme un hombre de poco carácter que le provoca una necesidad de someter también juega un papel importante, en el que lejos de mostrarse consumido en el ego machista trata de ser consecuente con la vida que ella ha decidido. Hasta que no puede más con esa carga que la consume y se aleja diciendo adiós a ser madre, a formar un hogar y al sentimiento de amor con el que no se identifica.  

Dentro de sus intentos de consolidar su mundo, decide ingresar a terapia de grupo, en la que no se siente cómoda pero lucha en contra de ella misma, lucha en contra de su propia imagen cubriendo el espejo que refleja su esencia. Se amarra de pies y manos forra todo lo que le evoque la búsqueda de placer. Pero es demasiado para Joe, siente que lucha en contra de su propia naturaleza y entonces decide huir abiertamente de la terapia no acepta ser una  “adicta al sexo”, lo intenta pero en una de las sesiones en la que tiene que narrar su “problema” ve de pronto en el reflejo de un espejo a la niña que fue y que siempre ha sido y llega así el momento de la integración, de la unificación de un mundo dentro de sí misma en el que no participa nadie más que ella acompañada de quienes deciden entrar y salir. Se reconoce como una Ninfómana rechaza cualquier máscara que le sea impuesta y así como su interlocutor decidió vivir encerrado leyendo libros y escribiendo sin sentir atracción por nadie, así ella decide ejercer todo el poder sexual que lleva dentro y por ello castiga de manera colosal la renuncia al celibato de Seligman quien por fin siente deseo sexual, solo que Joe no esta dispuesta a  ser objeto de deseo y uso para él su primer “amigo” y el acto mismo del deseo de Seligman lo reprueba y lo castra antes de perder la coherencia que ella exige y quiere.
La mirada de Larns invita a un mundo sin máscaras y de reconocimiento de sí mismo de la naturaleza tanática y erótica que constantemente fluctúan, el reconocimiento de un mundo interno lleno de demonios y la muestra que hasta dentro del mundo más oscuro se puede encontrar cierta coherencia y unidad. En donde las etiquetas sexuales pierden relevancia y simplemente se entienden –utilizando el término de J. Mcdougall- como neosexualidades.